Los antihistamínicos son tremendos
Buenas:
Cuando el buen tiempo llega, además de intentar disfrutar del sol y del calor, gracias a los días más largos, las prendas más ligeras y la posibilidad de salir a calle sin desear volver al calor del hogar a los tres minutos es que, eventualmente, algunos de nosotros empezará a sentir ese extraño cosquilleo en la nariz o, peor, ese pequeño escozor en los ojos que te anuncia que las plantas que están emitiendo su polen para que los insectos las polinicen o polinicen a otras, son las que a ti te dan problemas, así que tienes cuatro semanitas donde, todos los días, todos y cada uno de ellos, vas a tener recordar tomarte la pastillita de marras y, ahí, es donde empieza nuestra historia hoy.
Turrón antialergénico
La cosa va tal que así: cuando era niño, hace muchos, muchos años, una buena tarde, estando en una dehesa enorme con unos amigos, mis ojos empezaron a sentir un poco de picor y, como todo niño que no entiende lo que pasa y que siente picor hace exactamente lo que su instinto le pide.
Empecé a tocarme los ojos, intentando aliviar ese picor que, curiosamente, cuando más lo tocaba, más crecía.
La cosa acaba con mis ojos completamente hinchados, yo ciego y un par de amiguetes llevándome a casa donde, unas horas más tarde, la cosa se alivió y volvió a la normalidad.
Esa fue la primera vez que sentí "la alergia"...
Unas semanas más tarde, recuerdo estar en un hospital donde me hicieron cortecitos en los brazos y me pusieron unas marcas con unas gotas de algo: las famosas "pruebas de la alergia" donde intentan entender a qué reaccionas y a qué no, sobre todo cuando aparecen de repente.
Según me explicaron en su momento, las alergias medioambientales como la mía son una reacción inmunológica a un mundo ultralimpio: nuestras defensas están para, precisamente, defendernos y, cuando no tienen nada que hacer, porque nuestro mundo se ha encargado de cualquier problema, digamos que "se aburren", reaccionando de pronto contra cosas que, hasta ese momento, eran completamente inofensivas, como el polen de las gramíneas o del olivo, como es mi caso.
En la ciudad de Madrid descubriría barrios donde, curiosamente, había calles por donde no podía pasar durante los meses de Mayo y Junio: números específicos además.
En su día, tuvieron que diseñar una vacuna específica para mi alergia y, todos los años, durante varias semanas, tenía que ir a mi centro de salud para que me inyectaran el invento, mientras me quedaba un ratito esperando a ver si tenía alguna reacción.
Y entonces, llegó Francia y, ese año, me dijeron que me tomara un descanso de la vacuna, porque, se supone, que en la zona donde iba a vivir (en el Macizo Central) no iba a tener los problemas que vivía en España.
Y efectivamente...
Así fue: fue un año inigualable donde, además, la alergia no apareció en mi vida, así que lo disfruté como un enano hasta que, eso sí, un año más tarde, tuve que volver a España y ahí, la historia volvió.
La primera que tuve es que, trabajando y estudiando, no podía ir a mi turno de vacunación original, así que empecé a ir al de la tarde donde, un jovencísimo doctor, se negó a ponerme las vacunas, por miedo a alguna reacción que me pudiera dejar en el sitio (literal).
Tuve que ir a mi turno original donde un doctor más experimentado, al escuchar la historia, me dijo que le dijera al jovencito que el doctor equis le decía que se calmara y que, si todo se hacía bien, no había por qué tener problemas.
Esa sería la última vez que me vacunaría: a partir de ese momento decidí vivir esos meses con todas las ventanas cerradas, incluyendo las del coche que tenía por aquel entonces, que no tenía aire acondicionado (luego ya llegaría "La bestia negra" y aquello cambiaría, pero imagínate un caluroso Junio en Madrid con un coche sin aire acondicionado y con las ventanas cerradas).
Alemania...
En Alemania, mi entrevista casi empieza mal cuando descubro, al llegar al edificio de la empresa donde acabaría trabajando, con todo el tiempo del mundo, decido darme una vuelta alrededor de la zona donde, curiosamente, empecé a sentir el picor y ahí, con más cabeza que otras veces, decidí retroceder, ir a la oficina, anunciar que había llegado temprano y que, si no les importaba, que me dijeran donde había un baño cerca, porque el día había empezado muy muy muy temprano.
Y así, con esa excusa, limpiaría mi cara y mis ojos de polen: las cosas saldrían bien y, unas semanas más tarde, Paquito se mudaba a Alemania, a Darmstadt, una preciosa ciudad de estudiantes a unos cuarenta kilómetros de Frankfurt.
Un año y pico más tarde me mudaría a los Países Bajos y ahí, otra vez, volvería a descubrir que en Mayo y Junio, mi vida necesitaba protegerse del polen pero, esta vez, para mi sorpresa, descubriría que aquí sí podía hacer frente al enemigo con mucha más facilidad...
"Hooikoorts" y el Kruidvat
La palabra significa "enfermedad del heno" en neerlandés y es el tipo de alergia medioambiental más habitual (polen, principalmente): es una de las cosas que aprendí aquí hace unos años cuando, en la oficina, empecé a sentir el picor inherente a la presencia de polen (al parecer, una compañera vivía en una zona de Ámsterdam con las plantas o árboles que me afectaban: hasta ese momento, digamos que había conseguido evitarlo) y ahí es donde vino el aviso:
- Vete al Kruidvat y cómprate unos "hooikoorts"...
- ¿Y eso qué es?
- Pues pastillas para la alergia.
- ¿Y lo puedes comprar en la droguería? ¿No necesitas receta?
- No... Vete al Kruidvat y pregunta por los "hooikoorts".
Y allí que me fui...
Comprar medicamentos en el supermercado o en la droguería es una experiencia: el paracetamol de quinientos miligramos se vende aquí en cualquier supermercado (una caja de veinte o treinta pastillas cuesta sesenta céntimos de Euro) y los antihistamínicos, una caja con treinta pastillas, son doce Euros, lo cual es exactamente lo que pago todos los años para tener un mes de tratamiento, que es lo que dura la época donde las plantas que me afectan se ponen en overdrive.
¿Y todo esto por qué me lo cuentas?
Te lo cuento porque uno de los efectos secundarios es la somnolencia: una vez que empieza a hacerme efecto, me da un poco de pachorra y, entre eso y el calor, mantenerse despierto es un desafío peculiar que, en las últimas dos semanas, me cuesta horrores y hoy, cuando fui a salir a la calle para hacer la compra, al darme cuenta de que todavía no me había tomado la pastilla, al ratito de hacerlo, empecé a sentir esa sensación que te dice que cierres sesión a las cuatro de la tarde.
Y si a eso le añades que quieres escribir y hacer otras cosas, la verdad es que se hace muy cuesta arriba: ni te puedes imaginar los bostezos que estoy dando ahora mismo, pero son dignos de los rugidos del León de la Metro Goldwin Mayer :-))
Con todo esto, eso sí, cumplimos el cupo de las "mil y pico palabras", que es el desafío diario.
Parece mentira que, otro día más, lo haya cumplido: sigo sin creer que lo estoy logrando, incluso con la somnolencia de las pastillas de la alergia.
Gracias por pasar un ratito conmigo.
Un saludo.
Paquito
Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es
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