Un final de semana apoteósico

Buenas:

Nada como terminar la semana laboral haciendo análisis de datos y participando en un par de reuniones donde, de pronto, tu cabecita se ilumina y, por unos breves instantes, vuelves a tiempos más felices, donde uno, con la batuta que le daba el bolígrafo o lapicero de turno, conseguía hacer bailar a las audiencias que lo presenciaban y que, hoy en día, está más limitado a las "ocasiones especiales", donde a algún inconsciente le da por decir "Creo que Paquito debería estar aquí" para, a continuación, presenciar lo que, se suponía, iba a hacer una actividad de revisión técnica relativamente anodina.

Pero eso, hoy, no fue así, y de esto va nuestra historia...

Turrón 100% libre de aburrimiento

Desde el principio del día, haciendo mis "tareas habituales", que versan en una enorme parte en todo lo relativo a análisis de datos, noto que estoy peculiarmente inspirado, sin saber muy bien por qué.

Es más: en este estado tan raro en que el que de pronto parece que soy capaz de percibir más cosas de lo normal, decido meterme en un par de charcos yo solitos y, con mi iPhone como equipamiento de excursión, me dirijo hacia la división de desarrollo, donde los habituales debe de ser que sienten alguna perturbación en la Fuerza, porque al llegar, la frase así lo confirma:

- No sé por qué, pero sabía que vendrías - me dijo ella.
- Es viernes - respondí - y los viernes siempre me paseo por aquí.
- También es verdad.
- Lo que hay que averiguar ahora es qué estoy tramando.
- Y estoy seguro de que todo empezará con una de tus preguntas - sentenció.

Ha aprendido a conocerme: es observadora y pertenece a un lugar del mundo bañado por el Mediterráneo, así que hay una parte de nosotros que se conecta (somos compatibles por AirDrop: soy capaz de hablarle sin utilizar palabras), así que, cumpliendo con su sentencia, efectivamente, suelto mi pregunta:

- ¿Qué sabemos exactamente de "esto"?

"Esto" es uno de los proyectos en los que estoy metido ahora mismo y que, hace unas semanas me provocó un cabreo de esos que se pueden contemplar desde la Estación Espacial Internacional, de ahí que, esta vez, quiera evitar lo que me huelo que se me viene encima.

- Buena pregunta: estábamos hablando de eso porque, precisamente, queremos evitar los problemas de la última vez.
- La erupción fue curiosa, ¿Verdad?
- Sí: tienes una forma peculiar de hacer entender tu mensaje.
- Recuerda: tiene que ser visible desde la Estación Espacial Internacional.

Se ríe, concede el punto y, acto seguido, como por arte de magia, una reunión aparece en mi calendario para celebrarse por la tarde.

El turno de tarde es siempre el más divertido

Después de comer tengo una rápida conversación con alguien con quien no había hablado en bastante tiempo: le quiero dar las gracias por una serie de cosas que hizo por mí en su momento y, mientras intento hacer eso, comienzo a ver que su discurso pasa de genuino a verdadera "mierda de toro" en cuestión de segundos, donde la jerga corporativa de pronto inunda lo que, hasta ese momento, estaba siendo una conversación bastante emotiva.

Justo en ese instante desconecto: "es todo negocios, al fin y al cabo" pienso para mí mismo en inglés ("It's all business after all") y, a partir de ese instante, intento terminar la conversación de la mejor manera posible.

A veces olvido la naturaleza transaccional de esta gente: he tenido que cerrar una reunión con esta persona para simplemente agradecerle algo... Aquí, no hay nada que no sea por nada: si quedo contigo es para algo, si quiero hablar contigo, es para algo, no hay aleatoriedad, no hay "pensé en ti y decidí hablarte, porque sí"...

Nope: todo tiene un por qué, es eficiente, eso es verdad, pero reduce todo a transacciones (todo tiene un motivo, no hay vacío en las relaciones e interacciones entre personas).

Mientras pienso en eso, vuelvo a mi sitio y me abro un par de Excels para masticar unos datos que tengo pendientes durante un ratito hasta que las dos reuniones donde esperan mi participación especial sucedan y, cuando estoy con ello, la Confederación Helvética inspira a uno de sus hijos para contactarme.

- Paquito... Una cuestión: los datos de tal y cual que nos has mandado... ¿Podríamos mezclarnos con los datos de equis e i griega? Estaría muy bien poder contextualizarlos por tamaño, porque si comparo mis datos con Alemania o con España, veo tal, tal y Pascual.
- Po sí (literal).
- ¿Qué?
- Que sí, que tienes razón y que me acabas de dar una idea.

Esa idea llegará dentro de unas dos semanas, así que ahora tengo que diseñarla: va a estar divertido.

La primera llamada de la suerte

A la hora H llega mi primera llamada y, curiosamente, la discusión versa sobre lo que hablé por la mañana: como tenemos que mirar según qué cosas con el debido tiempo y diligencia para asegurarnos de que las cosas se hagan en tiempo y forma.

- Evitemos lo que sucedió la última vez - dijo el.
- Sí - añado yo - En la Estación Espacial Internacional están esperando la señal para ponerse las gafas antibrillo.

Quedamos en que, a partir del martes, empezamos el Kung-Fu y que, para hacerlo más rápido, cada cosa que se vaya mirando sea comunicada en tiempo real, en lugar de acumular las evidencias y publicarlas de a una.

Terminamos bien la primera, así que vamos a por la segunda

La segunda llamada...

Aquí la cosa, como el Premio de la Lotería de Navidad de España (el famoso "Gordo") se reparte muy bien y somos en total tres personas los que vamos construyendo el relato de las cosas que mirar, cómo mirarla y, sobre todo, que ahí es donde uno brilla, el cómo enrevesarlas para, mirando según qué funcionalidades, intentemos ver un par de cosas curiosas.

Porque lo fácil, cuando uno verifica algo, es seguir los pasos más lógicos...

Y la vida no siempre hace eso, es más: la vida es experta en encontrar todo tipo de formas en las que uno no pensó al diseñar algo.

Por eso me llaman a mí: para su fortuna o su desgracia, soy muy enrevesado y me gusta buscarle los tres pies al gato, de ahí que, enseguida, según nos están enseñando la cosa, lo primero que haga es sacarles del guión y pedirles que prueben a, be y cé de tal y cual forma, lo cual valida lo que ellos tienen que validar y, de paso, miramos otras cosas (ahí aprendemos un par de cosas que, supongo, no se pensaron en su momento por parte de las personas que tendrían que haberlo hecho: llevamos dos minutos de revisión de la cosa, quedan otros cuarenta y ocho).

La reunión termina con un montón de cosas expuestas: de paso, hemos también recordado como funcionaban un par de funcionalidades, una vez que no solemos usarlas y, con el mejor sentido del humor, antes de cerrar el ordenata, mando un par de reportes, creo un par de cosas, limpio un poco el correo y, fiel a mí mismo, cito al gran Pedro Picapiedra diciendo "Yaba-daba-doooooo!" a un volumen razonable, cosa que llama la atención de una persona que trabaja relativamente cerca y que, me parece, no está acostumbrada al show.

- Es tradición hacerlo los viernes.
- ¿Y qué significa?
- Es de "Los Picapiedra", una serie de dibujos animados de mi infancia.
- No la conozco.
- No te preocupes, eres muy joven.

Y así, pensando una vez más que, efectivamente, ahora el señor mayor de la oficina soy yo, que una vez yo fui ella cuando alguien como yo citaba algún personaje de alguna serie o película que no conocía, recojo mis cosas, me pongo mis gafas de sol y empiezo el fin de semana que me llevará, unas horas más tarde, a sentarme contigo, virtualmente en el tiempo y la distancia, escribiendo mis famosas "mil y pico palabras" para cumplir así con mi promesa que, poco a poco, va por el cuarto mes.

Mil y pico palabras, todos los días: sólo he fallado dos veces "y media" (el famoso "Quickie") y de cuando en cuando me tengo que convencer de que lo estoy consiguiendo.

"Querer es poder" :-))

Gracias por haber llegado hasta aquí.

Un saludo.

Paquito

Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

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