Tulip Manía - La primera burbuja económica de la historia

Muy buenas,

En el último artículo, hablábamos sobre como, probablemente, la siguiente crisis económica tendrá varios frentes sobre la que reventar (Bitcoin + Deuda Pública + Precios de Acciones).

En los comentarios, hablando con una bloguera que batalla por el País de Gales, empezamos a enumerar burbujas que, hace varios siglos, iniciaron la senda de lo que son las actuales y que dan paso a las crisis que conocemos hoy en día.

Al hablar de ello, me acordé de la primera de todas, que, para más INRI, sucedió por las tierras en las que hoy habito, los Países Bajos.

Así que, si quieres, si tienes un poquito de tiempo y te apetece, te insto a que hoy viajes en el tiempo conmigo y descubramos lo que la codicia, unida a la irracionalidad, dan como fruto que un país, o varios, sufran las consecuencias.

La Era Dorada Holandesa

Todo eran parabienes en aquellos días...

La "Era Dorada Holandesa" parte de la Guerra de los Ochenta Años y, más o menos, al final del siglo XVII (Diecisiete para los de la ESO, lo que viene siendo hasta 1699, más o menos, o para los que hayan estudiado en Alemania, lugar donde los números romanos no se estudian, según descubrí hace muchos años en Francia), justo después de la Guerra de los Treinta Años con la Paz de Westphalia (la cual, a su vez, es el punto en el que se determina el principio del Declive del Imperio Español).

En aquellos años, Holanda se empieza a perfilar como una potencia comercial de primer orden, estableciendo la primera compañía con acciones de la historia, la "Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales", o "VOC", por sus siglas en holandés, como es conocida por estas tierras.

Gracias a esa compañía, que en su momento fue una corporación que dejaría en pañales a las actuales (recordemos que Indonesia les pertenecía y que, a su vez, tenía un ejercito privado de varias decenas de miles de soldados), Holanda empieza a ser un centro de comercio donde mercancías de todo el mundo vienen a parar a sus puertos (los famosos ganchos en las azoteas de las casas en Ámsterdam, actualmente utilizados para mudanzas, vienen de la época de la carga y descarga de mercancías) y, entre esas cosas, una enorme provisión de plantas y flores de Asia que, al calor de esa enorme prosperidad, se convertirían en un fetiche de las clases más pudientes.

En esta época, además, se produce una enorme explosión artística, donde una creciente burguesía empieza a comisionar obras de arte, generalmente representando a los mecenas de dichas obras, representándoles a ellos, sus mujeres y una pequeña escena de sus casas con sus adornos, sobre todo adornos florales, que eran del gusto estético de dichos artistas.

Entre esas plantas, unos curiosos bulbos traídos de Turquía, los tulipanes que, fortuitamente expuestos a diferentes parásitos (pulgones esencialmente), empiezan a sufrir mutaciones, dando fruto a flores con diferentes patrones de color en sus pétalos.

Los holandeses son conocidos por una de las más famosas mutaciones de una planta (una hortaliza de origen iraní que fue introducida en Europa por los árabes a través de España, para ser más concretos) que es la zanahoria de color naranja (las zanahorias, hasta que los holandeses les dio por jugar con los esquejes, eran amarillas y rojizas), en honor a la casa de Oranje (Naranja, del francés) pero ésto, como no lo provocaron ellos, ni lo vieron venir...

Esas mutaciones, unido al gusto de la clase dirigente por los adornos florales, como decíamos antes, crean un efecto donde los bulbos que se esperaban con las mutaciones más vistosas o raras, se conviertan en objeto de codicia y deseo.

Y donde hay codicia y deseo, pronto aparece la especulación por parte de unos y de otros, dando fruto a uno de los primeros mercados de futuros del mundo.

¿Mercados de Futuros? ¿Mande?

"En el principio, todo esto era campo"...

Hablábamos antes de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales y de su configuración en términos de propiedad (la primera compañía con acciones de la historia).

Dado que era una compañía que funcionaba con barcos y sus misiones eran expediciones bastante peligrosas (es lo que tiene embarcarse rumbo a ninguna parte en el siglo XVII), dichas expediciones se comisionaban como inversiones a futuro (esto es: uno invertía un cierto dinero para hacer que tal o cual barco fuera a tal o cual sitio y, si volvía, y lo hacía cargadito de cosas valiosas, te podías llevar una pasta... PERO, si no volvía, pues perdías tu inversión y "gracias por haber jugado").

Con los tulipanes sucedía algo parecido: uno compraba derechos sobre bulbos de tulipán que, una vez florecidos, valdrían una pasta, pero todo se basa en una mera especulación, por cuanto se debía esperar a la floración del mismo para, finalmente, saber si el tulipán pertenecía o no a una de esas clases con la mutación extraña o codiciada (a veces, el tulipán salía con una mutación "de menos valor" o, en el mejor de los casos, salía con una mutación todavía más rara)...

Mientras que con las zanahorias, como decíamos antes, los holandeses consiguieron crear una variedad naranja, con los tulipanes, sin embargo, no tenían ni idea de cómo funcionaba el asunto (lo intentaron, pero no dieron con la fórmula y, lo de los pulgones, los realmente culpables, se descubriría mucho más tarde): sin ningún tipo de valor medicinal, sin ningún olor y con apenas una floración que sucede una vez al año durante un periodo pequeño de tiempo que se mide en días, la cosa empezó a irse de madre (nada tan sencillo y predecible como que haya un recurso escaso codiciado por las clases más pudientes para que, de la noche a la mañana, hasta el apuntador quiera saber de qué va eso).

O como decimos en España: "¿Dónde va Vicente? ¡Donde va la gente!"

¿Cómo fue la cosa de absurda?

Las burbujas son burbujas porque, en un periodo pequeño de tiempo, los precios de algo se multiplican de una manera salvaje: en apenas 30 años, unos bulbos robados de un jardín botánico que daban fruto a una planta bonita, pero prácticamente inútil, darían paso a un mercado de valores con precios simplemente astronómicos (se llegó a pagar, por un solo bulbo, el precio de lo que entonces se pagaba por una mansión: de esto quedan registros escritos).

Como hay gente que se empieza a dar cuenta de que esto puede acabar como el Rosario de la Aurora, el gobierno holandés le intenta meter mano al asunto pero, entre la peste bubónica y que, sobre todo, que el personal es codicioso, hay un momento en el cual (y este es el problema de los mercados de futuros sobre cosas absurdas) en los que el personal se debía y se pagaba dinero basado en esos papelitos donde se reconocía la posesión futura de tal o cual bulbo de tulipán...

Y ahí salta la liebre: hay un punto en el que esos papelitos "toman vida", por así decirlo, y el mercado se basa en el intercambio de deudas entre unos y otros (en ese momento ya da igual la producción o las mutaciones de los tulipanes: lo que el personal se intercambiaba era derechos de propiedad, de cobro o de pago, entre personas, originalmente vinculados a la posesión, compra o venta de los dichosos bulbos)...

¿Cómo acaba la cosa?

Toda burbuja tiene siempre un punto de inicio y, a su vez, tiene un punto y final: la historia de la Tulip Manía es interesante porque, dados los sofisticados métodos financieros desarrollados a su alrededor, hace casi 400 años, quedan registros escritos de cómo, cuándo, dónde y por qué se le pone el colorín-colorado al cuento.

Fue el Febrero de 1637 en Haarlem: como el personal ya pasaba de los tulipanes (es como con la especulación urbanística: hubo un punto en el que uno veía como una casa nunca era ocupada, pero cambiaba de manos una y otra vez), pero se dedicaba a intercambiar derechos de compra y venta que se habían ido creando a su alrededor, hay un momento en el que, a alguien, le da por ejecutar dichos derechos, esto es, dejar de mover papelitos y pedir que se le dé lo que se le debe.

En ese momento, cuando al reclamar la propiedad de ese derecho de cobro, no se satisface la demanda (el papelito dice que se me deben 10 tulipanes de tal o cual variedad, pero a la hora de la verdad, esos tulipanes no existen) y empieza el pánico: los precios empiezan a bajar a lo bestia, la demanda se paraliza y, a su vez, miles de derechos de cobro y pago se quedan en papel mojado, por cuanto el bien subyacente de dichos derechos, los tulipanes, dada la enorme caída de su valor, pasan a valer apenas una fracción de lo que el papel dice adeudar o representar en valor nominal.

Como curiosidad, al igual que con otras cosas, el Estado Holandés, viendo lo que se le venía, tuvo que crear leyes específicas para resarcir este tipo de deudas, haciendo que, cualquiera que hubiera comprado bulbos de tulipanes en un mercado de futuros, pudiera deshacer la deuda pagando un 10% del valor nominal en dicha transacción.

¿Alguien fue a la cárcel? No realmente: los jueces neerlandeses determinaron que este tipo de deudas pertenecían, por su naturaleza, a algo más próximo al juego que a otra cosa, de ahí que no se puedan ejecutar sus pagos como cualquier otro tipo de deuda.

Precisamente por eso, y al calor de todos los mercaderes que perdieron pasta a espuertas con este asunto, los floristas holandeses, consiguieron que el Estado cambiara las leyes para, desde el 24 de Febrero de 1637, todos los contratos de futuros firmados a partir del 30 de Noviembre de 1636, fueran considerados como opciones de compra y no derechos de propiedad, dejando así libres a los inversores que, una vez llegada la fecha del contrato futuro, puedan elegir si comprar o no el bien bajo el cual dicha deuda fue creada (hasta ese momento, cuando llegaba la fecha, tenías que comprar, sí o sí, el bulbo al precio estipulado).

Y mientras que la Tulip Manía fue algo relativamente pequeño en términos de afectados (al final, había que tener una cierta cantidad de dinero y conocimiento para meterte en el fregado), la explosión de esta burbuja puso en tela de juicio otros mercados que operaban con instrumentos similares (fueran o no objeto de una burbuja: por poner un ejemplo, cuando uno cuestiona la liquidez de un banco y ese banco finalmente quiebra, la ola no se queda ahí, sino que todo el mundo se pone a mirar con recelo al resto de bancos, sea o no necesario, sea justo o injusto, porque al igual que le pudo pasar al primero, le puede pasar a los demás).

Por eso, querida Arabella, la Tulip Manía "me pone como una moto": porque nos enseña que, hace 400 años, los humanos éramos igual de tontos que lo somos a día de hoy, por más smartphones, internet y coches eléctricos que hayamos inventado en el camino.

Y, también, obviamente, porque te enseña hasta que punto los humanos podemos perder la cabeza por la belleza de una simple flor: quizás esta es la parte poética del asunto.

Seguiremos informando...


Paquito
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Twitter: @paquito4ever

Comentarios

  1. ¡Me cago en la leche, Paquito...! Que si te dije que googlearas lo de la South Sea Company fue para no tener que contártela yo, copón! Ahora me vas a dejar quedar mal. Que, por un momento, casi me pico y me pongo a darle a la tecla, eh? Pero nah... poco me ha durado; la Vagancia enseguida se ha puesto de nuevo al volante. jajaja.

    Soy de lo peor. Sí. Estamos de acuerdo. ;-)

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    Respuestas
    1. Buenas:

      Aquí no se deja mal a nadie, mujer: la tulip manía viene muy al caso en tiempos como estos (lo del Bitcoin huele a tulipán a kilómetros, pero el tiempo lo dirá).

      En fin: que me recordaste la historia y, cuando a uno le da por guglear más de cuatro veces algo, la regla es que, por lo menos, algo hay que escribir al respecto (y así pasa, que tengo la sección de "borradores" en el Blog que parece la Biblioteca Nacional).

      No sé si eres de lo peor, así que no sé si puedo estar de acuerdo (escribes un blog: debes de ser buena gente :-).

      Un saludo y gracias por la visita y el comentario.

      Paquito.

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  2. Buenas noches,

    Tulipandistán, Españistán, Britanistán, Gabachistán... y así hasta el infinito y mas allá. La estupidez aliada con la codicia es un cóctel explosivo, y nadie está a salvo del contagio.

    Yo se lo decía a mis colegas hace 15 años en plena burbuja ladrillera... que nos íbamos a dar una hostia formato Bilbao, pero de Bilbao centro, que mucha gente se iba a despeñar gracias al las alegres hipotecas comiéndose el 2/3 de los sueldos de ambos cónyuges.

    Pero no hay peor ciego que aquel que no quiere ver.

    En fin... sic transit gloria mundi.

    Antxon.

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    Respuestas
    1. Buenas:

      El concepto de burbuja no es nuevo ni exclusivo de nadie: sólo responde a situaciones donde agentes oportunistas pueden hacer muchísimo dinero, creando un problemón cuando la realidad choca contra el muro.

      La hostia "formato Centro de Bilbao" (que, según me cuenta, llega hasta las afueras de Madrid) es una buena analogía.

      Lo peor es que, por lo menos en nuestro país, se tuvo la oportunidad de, si no evitar la burbuja, sí controlar los posibles daños (la primera legislatura de Zapatero lo tuvo a su alcance, sabiendo lo que ya todos sabíamos, incluyendo ellos mismos, pero no sólo no se hizo nada, sino que se siguió el curso... Como dijo Miguel Sebastián, ex-ministro de Industria, "Nadie quería ser el aguafiestas").

      Y eso es muy triste (nombro al primer ministro que lo tuvo en sus manos: de su predecesor ni hablo, el señor Aznar, dado que es el principal causante del movidón en nuestro país, con la ley del suelo del 98 que inició todo el problema).

      Una lástima... Una lástima...

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