Consecuencias del buen tiempo en Holanda

Buenas,

La leyenda dice que, en los Países Bajos, de cuando en cuando, un extraño y brillante artefacto de forma circular aparece en los cielos que disipa las perpetuas nubes, mientras muestra un perfecto color azul a su alrededor y una extraña sensación térmica que, para aquellos que llevan por aquí un tiempecito, les recuerda a otras latitudes...

Sí: ya estamos en Mayo y, poco a poco, empiezan a haber buenos días por estos extraños parajes de infinitos horizontes sin montañas, momento en el que las flores empiezan a crecer a lo bestia, como si de la Pampa argentina se tratara, los largos ropajes desaparecen y dan paso a ligeros vestidos en ellas, así como camisetas y pantalones cortos para ellos.

Todos los que por aquí viven, después del tiempecito pertinente que te certifica como "superviviente", además de los cambios climatológicos y naturales del entorno, hablamos siempre de como el Sol cambia el sentimiento y el comportamiento de la población en Holanda.

Así por tanto, durante estos días, uno ve como la vida germina, más allá de las plantas, con gente yendo y viniendo de un lado para el otro, saliendo a la calle, comportándose como los que, aquellos que hemos sido bendecidos con climas más benévolos, llamamos "un día cualquiera".

Ese "día cualquiera", para ti y para mí, es celebrado aquí como la última consecución en términos de calidad de vida: de pronto, recordándome a prácticas que vi en pueblecitos de España, se encuentra uno, en medio de la ciudad, o en las zonas residenciales del país, con gente sacando una pequeña mesa a la acera de la calle, un par de sillas, un par de copas de vino y "hala, a ver pasar la vida".

Lo más divertido es observar como, lo que uno considera desfasado o, directamente malo, en otro lugar es considerado como la definición absoluta de estatus o de capacidad para disfrutar de la vida.

Yo crecí en un lugar con largos y calurosos veranos: toda mi vida, durante esos veranos, se me repitió una y mil veces que tuviera cuidado con el sol, no fuera a ser que, jugando en la calle (para los Millennials, es como jugar a la XBOX Live con tus amigos, pero viéndose cara a cara), me diera una insolación o algo del estilo.

Así que, al contrario de lo que uno podría esperar, en estos días, en lugar del lagarto que calienta sus huesos sobre una piedra caliente, mi actitud vital es próxima a la del oso hibernando en el fondo de la cueva, con el fresquito que da la sombra y el prodigioso sistema de aislamiento térmico de las casas modernas holandesas, que permite una retención del calor casi milagrosa en el invierno y que, si uno lo hace bien, es capaz de mantener el frescor de la misma en verano.

El personal es más amable y sonríe más en estos días: algo tan sencillo como tener un día soleado se convierte en una espontánea celebración de nuestra propia existencia, con la gente saliendo, después de comer, fuera de las oficinas para darse un pequeño paseo, con más sonrisas de las habituales en el supermercado o allá donde te encuentres.

El olor a barbacoa empieza a inundar el aire que rodea los jardines de los vecindarios mientras los vecinos trabajan en los mismos, plantando flores o, simplemente, podando setos o limpiando hierbajos.

Antes hablaba de que, aquí, las plantas crecen como si estuviéramos en La Pampa argentina: la fertilidad de este lugar, que apenas hace 100 o 200 años era lecho marino, es prodigiosa. Mi ejemplo aquí es un rosal que plantamos hace 4 años y que, en estos momentos, no exagero un sólo ápice, mide casi tres metros y, si no lo podo, cubre al resto de plantas a su alrededor en un radio de dos metros (el año pasado, en una de las floraciones, conté casi 100 rosas, todo un espectáculo que, a su vez, cuestiona mis conocimientos de botánica y jardinería, porque no sé cómo meterle mano para domarlo (ya digo que es enorme).

A todo esto, a finales de Abril y en esta primera parte del mes de Mayo, hemos tenido varios días festivos, lo cual se ha convertido en largos fines de semana que, unidos a la situación climatológica, son el caldo de cultivo para que esa ansiada actividad humana que uno echa de menos tan a menudo aparezca.

Y eso, aunque uno no sea de ponerse al sol, le hace a uno sonreír y celebrar tan inusual acontecimiento.

Por eso, si vienes en esta época del año, descubrirás un país precioso, floreado y feliz: no cometas el error de muchos de los que vinieron y que, a partir de ese "fin de semana tan maravilloso" que pasaron, decidieron un día venirse, porque, como en Juego de Tronos, "el invierno está llegando" :-))

Eso es todo: disfrutemos del sol.


Paquito
Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es
Twitter: @paquito4ever

Comentarios

  1. Yo, llámame ceniza, con cada soleado día primaveral, cuento un día menos de sol en verano. Mi estadística personal lo confirma: cuando tenemos buena primavera, el verano es terrible...y viceversa

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