Pedir perdón en el país de la soberbia

Nota: este artículo se quedó en el tintero antes de que el dichoso coronavirus hiciera su irrupción en nuestras vidas, así que algunas partes están revisadas.

Buenas:

Es curioso ver cómo ahora, en perspectiva, ciertas cosas no sobreviven bien una pandemia, pero ya que estaba medio escrito y, con eso de la auto-cuarentena, queda tiempo para pensar, pues nada mejor que terminar posts que, a lo largo de los años, se han ido quedando atrás (“darle salida al género”, que lo llaman :-)).

El título tiene varios significados para mí hoy y viene a colación gracias a una noticia que me deja un extraño sabor agridulce.

El gobierno holandés, finalmente, ha pedido perdón por la colaboración y el rol que desempeñó durante la deportación de judíos de Holanda hacia los campos de concentración.

La noticia (en inglés), la puedes leer haciendo clic aquí.

La parte interesante del asunto se resume de la siguiente forma: desde la compañía nacional de ferrocarriles NS, que se benefició de contratos para facilitar la deportación de los judíos holandeses, hasta una parte significativa del gobierno que, más allá de resistencia testimonial, se puso de inmediato a las órdenes del invasor para ejecutar la terrible labor, aquí hubo gente que, por acción directa, tuvo algo que ver con los hechos que describen una de las mayores infamias de nuestra historia. 

En la guerra, se cometen barbaridades...

Eso es verdad, sobre todo cuando el invasor te pone la pistola en la mesa y te invita a discutir si las órdenes que está a punto de darte deben ser acatadas o no...

Esa parte es comprensible, pero no exime otro tipo de comportamientos donde no hubo ningún tipo de amenaza u obligación alguna: Holanda no está sola en esa sombra de la vergüenza, donde la mitad de Europa se puso de perfil, sobre todo con aquellos que eran diferentes (y se llevaron por delante a todo lo que pillaron: millones de judíos y de gitanos, que de estos últimos no se acuerda nadie).

Pero eso es sólo un detalle: un día la guerra acabó, se culpó al invasor y aquí paz y después gloria.

Pero no hubo paz...

Los pocos que consiguieron sobrevivir a la barbarie, al volver a sus lugares de origen, se encontraron con sus propiedades vendidas a terceros, deudas de impuestos no pagados (es lo que tiene estar en un campo de concentración: no te llega la carta de la contribución) y demás.

Pero, sobre todo, y aquí es donde el alma se me pone al rojo vivo, es que el mismo señor, el primer ministro holandés, que en la noticia entona el mea culpa, es el mismo tipo que, en 2012, decía que el gobierno holandés no tenía que pedir perdón por nada.

El caballero, sostenía en aquel entonces que no había la suficiente información acerca de las acciones del gobierno durante la guerra y que, por tanto, no había "apoyo suficiente" para ofrecer una disculpa oficial.

Unos añitos antes (en 1995), la entonces reina Beatrix, jefa del estado holandés, en una visita y discurso ante la cámara del parlamento de Israel, sostenía que los holandeses habían hecho "lo suficiente" con sus compatriotas durante la guerra. 

Mejor tarde que nunca, ¿No?

Hombre: si me lo pones así, claro está que tienes razón, porque al final, digo yo que es de sabios equivocarse y reconocerlo, pero esto no va muy bien con según qué mentalidades, sobre todo aquellas que, a partir de según qué rollos, hacen que esa disculpa suene a aceptar un error.

Y aquí, lo he dicho mil veces, al igual que en España el pecado capital es la envidia, el pecado que a veces uno encuentra de forma más prevalente, es el de la soberbia.

Te podría contar mil anécdotas que, al final, se quedan en la percepción y el entorno de una sola persona: lo que yo pueda vivir, al final, puede tener un sesgo por equis, i griega o zeta motivos, pero lo único que sé es que, la prevalencia de según qué actitudes, donde admitir que uno se ha podido equivocar es poco menos que pedirles que sacrifiquen a su primer hijo, rozan lo cómico.

Porque de eso va el rollo...

Decía lo del sabor agridulce: siguen quedando países en nuestro entorno donde la participación directa y voluntaria de parte de la población con el régimen nazi sigue en el cajón: en 2017, con motivo del Centenario de la Primera Guerra Mundial, fue muy interesante ver todas las revisiones históricas de los hechos de aquel conflicto (la distancia, quizás) y de cómo, efectivamente, esa visión era mucho más directa en la implicación de cada uno de los participantes.

La Segunda Guerra Mundial, en cambio, sigue aún teniendo a algunos de sus participantes caminando sobre la superficie de este planeta, lo cual, quiero creer, influye de alguna forma en el recuerdo y vivencias de lo que allí pasó sobre el imaginario colectivo.

Mi país no es diferente: hace 81 años sufrimos una guerra civil cruenta y, a pesar del tiempo, ciertas cosas siguen tocando según qué fibras en según qué gente, con independencia del bando en el que su familia estuvo.

Sólo la distancia de los hechos podrá ayudar a entender qué sucedió, con toda su crudeza: “la Historia la escriben los ganadores” es un acto maniqueo que sólo te cuenta lo que los vencedores quieren que sepas, obviando que, en todo conflicto armado hay luces y miserias (en particular, cuando algunas de esas miserias conectan directamente un cierto apoyo popular o institucional hacia el que es, de lejos, “el icono de los villano de villanos” de la historia del hombre, que es el régimen nazi.)

Nunca olvidéis lo que pasó

Llevamos unos años muy extraños, con resurgimientos de según qué ideologías o posturas más propias de otros tiempos confusos y extraños, donde sabemos cómo acaba la cosa: dicen que los pueblos que conocen su historia están condenados a repetirla y ésto no es baladí, por cuanto la educación no es sólo regurgitar cifras y letras en exámenes, sino precisamente desarrollar los mecanismos necesarios para entender y comprender la realidad (el eterno dilema, que la gente que trabaja en educación puede corroborar, sobre si la educación tiene como objetivo crear ciudadanos o crear trabajadores muy cualificados, pero con cero conocimiento de materias no directamente aplicables a las actividades que les darán de comer el día de mañana).

"La cultura", como elemento abstracto, tiene como fin no sólo enriquecer tu visión del mundo o ser capaz de ir de erudito citando a rimbombantes pensadores o líderes de tal o cual cosa, sino ofrecer elementos de juicio que te ayudarán en tu día a día, a determinar si algo es correcto o no, si algo tiene sentido o no lo tiene.

Y esta es la parte que tendemos a olvidar: la parte "no visible" de que un ingeniero estudie historia, o lea poesía, o vaya al teatro, contribuye a crear no sólo a una persona mejor, sino a un ciudadano que desarrolla cualidades como la perspectiva o la empatía, a través de todas las posibles ramas del conocimiento o del entretenimiento que están a su disposición.

Algo que nunca se me escapa es como Bill Gates, nadie sospechoso, siempre recomienda a la gente que, si uno por ejemplo es contable, que lea en su tiempo libre cualquiera cosa que no tenga relación por la contabilidad, precisamente porque, aprendiendo sobre otras cosas, tendrás la capacidad para entender mejor lo que sucede alrededor de tu vida profesional, que sí, que es la que te da de comer y eso es obviamente muy importante, pero que hay más cosas que pueden enriquecer tu intelecto.

Y de eso va el rollo hoy

El señor Rutte (volviendo al principio de este post), primer ministro holandés es el típico señor gris, que viene del mundo de los negocios, con unos niveles profesionales probablemente muy altos (no se lo discuto) pero con una visión del mundo utilitarista y vacía.

Este tipo de gente da mucho miedo en cuanto las cosas se tuercen hacia el gris: no saber lidiar con según qué problemas o situaciones, que requieren un cierto grado de complejidad mental, resulta en gente tomando decisiones que no computan toda una serie de factores.

Que en 2012 dijera que no se disponía de la suficiente información para que el gobierno holandés pidiera perdón por algunos de los vergonzosos hechos en los que su país participó durante la persecución y deportación de cientos de miles de personas hacia campos de exterminio, te dice mucho de un señor que, probablemente, no ha leído nada de historia y que, mucho peor, representa precisamente a un montón de gente que, como el, carece de los elementos de juicio suficientes como para leerle la cartilla, momento en el que dicha población se traga según qué postulados sin rechistar.

Éste, es el tipo de gente que se arropa bajo los hechos más populares que cualquier país intenta recordar de su pasado o de su presente, pero que ignora las partes más escabrosas, porque eso requiere una capacidad de juicio y crítica que, o no quieren ejercer o, peor, no saben cómo hacerlo.

¿Y cuáles son las consecuencias de algo así?

Muy fácil: un señor con gente que piensa como él deciden que, ante una pandemia, el personal que pueda se quede y trabaje desde casa, mientras sus hijos, eso sí, que vayan el colegio, con bares y restaurantes abiertos para que, esos mismos a los que se pide seguir trabajando en remoto para no contagiarse, puedan después tomarse una cervecita con los amigos, que esto del aislamiento como que cansa.

Éste, es el nivel, damas y caballeros (esta tarde, según estoy escribiendo esto, hay una reunión de los miembros del gobierno, una vez que las autoridades sanitarias les han pedido que, por favor, reconsideren este tipo de medidas, que el dinero está muy bien, pero que la vida de personas con salud frágil, quizás, vale algo).

Espero que este ejemplo te anime a leer más cosas o que, por lo menos, te anime a empujar a tus hijos hacia todo tipo de ramas del conocimiento y de la cultura.

No quieres que tus hijos acaben como el ejemplo que te he dado...

Un abrazo. 


Paquito
Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es
Twitter: @paquito4ever

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