Huevos de Pascua

Buenas:

Para las personas que no sepan mucho de informática, el título del post le sugerirá esa extraña tradición anglosajona de Semana Santa, donde los niños buscan huevos puestos por un conejo y que, en algunos países (como Holanda) se comercializan rellenos de chocolate.


Pero si, en cambio, eres alguien que tiene un cierto conocimiento del medio tecnológico, habrás pensando, quizás, en el verdadero significado de lo que quiero contar hoy.

Huevos de Pascua en Informática

Del inglés, un "Easter egg", o "huevo de Pascua" en castellano, en el mundo de la informática, es una función no documentada, generalmente oculta, donde, a través de una interacción no obvia (suelen estar escondidos, de ahí que se llamen de esa forma) uno a veces se encuentra desde los nombres de los creadores, o un jueguecito dentro de tu programa de contabilidad, hasta imágenes curiosas de la creación de la aplicación que estés utilizando.

Estos días, desafortunadamente, son cada vez menos comunes (las políticas de las empresas son muy severas con estas historias, ya sea por temas de copyrights, porque simplemente no es serio o, incluso, porque esa función extraña que eres capaz de encontrar, en su creación, ha podido crear algún agujero de seguridad en el producto de turno que lo contiene.)

¿Un ejemplo?

Hace poco descubrí uno maravilloso en Internet... Apúntalo, que te va a gustar:

Paso 1: ve a https://google.com
Paso 2: escribe en el buscador: “Wizard of Oz” y dale a buscar.
Paso 3: en la pantalla de resultados, a la derecha verás unos zapatos rojos.
Paso 4: haz clic sobre los zapatos rojos.

El primer Huevo de Pascua aparecerá.

Paso 5: los zapatos rojos (después del primer huevo de Pascua) habrán cambiado a lo que parece un tornado en blanco y negro.
Paso 6: haz clic sobre el Tornado en blanco y negro.

El segundo Huevo de Pascua hará su aparición.

¿A qué mola?

¿Por qué te cuento esto?

Hace unos años, en mi trabajo, empecé a sentirme rumbero.

Fueron una época curiosa: caí en desgracia y, de pronto, me vi haciendo un trabajo que me empezó a aburrir sobremanera.

Gracias a ese aburrimiento, algunos efectos positivos en mi vida hicieron su aparición: perdí peso, dejé de fumar, trabajaba de 9 a 5...

Pero mi trabajo no me gustaba: me aburría y, sobre todo, no me sentía bien.

Una de las pocas responsabilidades, más o menos interesantes, donde todavía utilizaba una parte de mi cerebro, es una serie de reportes de control sobre todo lo que el departamento estaba haciendo pero, poco a poco, según fui automatizando cosas y, al hacer que aquello funcionara como un reloj suizo, el tedio empezó a tomar cada vez una posición más predominante en lo que hacía.

Como un reloj suizo, como decía antes, cada día de la semana, a una hora específica, mandaba correos electrónicos con sumarios y datos de todo lo que estábamos haciendo.

Cada correo, como en muchísimas empresas, al final de lo que hubiera escrito, acababa con la típica firma corporativa, que incluye tu nombre, tu puesto, tu e-mail, teléfono de contacto, departamento, nombre de tu empresa y alguna imagen que la empresa quiere que se vea al final de lo que hayas escrito.

Un ejemplo de cómo aparece una firma corporativa en un correo electrónico:


La típica historia que no lee nadie cuando recibes decenas o cientos de correos diariamente.

Ahí, es donde el aburrimiento empezó a hacer mella: en un momento determinado, empecé a cambiar el nombre de mi puesto, poniendo frases divertidas, o a veces lamentos, como si de un mensaje en una botella se tratara.

Nadie se dio cuenta jamás, a pesar de que esos correos llevaban de media a unas 15 personas.

Entre los huevos de Pascua que dejé en ese departamento (la infraestructura), dejé también algunos “regalitos” (carpetas ocultas con archivos que contenían algo divertido, algo curioso, alguna media verdad o, simplemente, un correo electrónico, para ver si alguien llegaría a encontrarlo y sentía la curiosidad de contactar al creador).

Nadie me contactó jamás: con los años, todo aquello se eliminó y, así, mis divertidos secretos fueron tragados por un barrido digital.

La vida entonces cambió: un movimiento departamental, una nueva responsabilidad y un lugar donde encontré a gente muchísimo más inteligente que yo, que me enseñó de todo y donde, a cambio, les ofrecí lo que, modestia aparte, creo que hago “de puta madre”.

Y lo que hago “de puta madre” es poner orden cuando parece que nada se puede hacer al respecto.

Hasta hace un tiempo

Desde hace unos años, cada dos semanas, me reúno con gente de toda Europa para contarles cómo van las cosas, enseñarles lo que viene y, de paso, mostrarles actividades de nuestro día a día que, por mi posición, desconocen: por qué algo no funciona, problemas que otros usuarios han encontrado y que nos han hecho rascarnos la cabeza para encontrar una solución y, de paso, sentar las bases de cooperación y transparencia.

Ese grupo de gente, cuando nos conocimos por primera vez, en un caluroso Julio, se me lanzó a la yugular: acababa de entrar en un proyecto que no iba bien, el personal estaba levantado en armas y, después del “a ver, calma: soy nuevo... ¿Qué pasa?”, en apenas un par de semanas, todo cambió para mejor, llegando a crear una comunidad de usuarios modélica, de gente fantástica y divertida, que hace virguerías increíbles y que saben que, cuando tienen un problema, hay alguien al otro lado de la pantalla que les escuchará y les ayudará.

Una de las medida que decidí tomar, al respecto del formato de esas reuniones, fue no utilizar PowerPoint: leyendo sobre las prácticas de las principales compañías tecnológicas del planeta, aprendí que en Amazon no utilizan el dichoso producto de presentaciones de Microsoft, así que empecé a escribir todo en Word (el procesador de textos de la misma empresa de software): la idea era escribir de forma natural los diferentes temas, utilizarlo como guión y, sobre todo, utilizar el propio documento como las notas de la reunión, para que, si tienes problemas idiomáticos, si no me entiendes bien o, simplemente, no estabas ese día y quieres saber de qué se habló, que tengas ese documento como testamento de lo que se contó.

Hace unos meses, mi vena divertida volvió a funcionar, así que decidí hacer algo divertido: el documento, que tiene un montón de secciones, con recursos de todo tipo, es bastante largo y, generalmente, sólo vemos las primeras páginas, donde detallamos los temas de los que queremos hablar.

Todo lo demás, ya te digo, son páginas donde elaboro otros temas que no suelen cambiar: están ahí para que tengas siempre un lugar donde se te explican con todo tipo de detalles.

En total, el documento tiene unas 30 páginas pero, como te decía antes, generalmente la parte que cambia cada dos semanas son las primeras 10 o 15.

Así que, como uno tiene curiosidad científica, decidí hacer un experimento: en la última página, empecé a escribir una especie de blog (la cabra tira al monte), una “cara B” de lo que no se habla oficialmente, contando un poco como van las cosas, pero a un nivel mucho más íntimo.

En la primera iteración, puse una palabra clave y una instrucción: ¨Si estás leyendo esto, mándame un correo electrónico con la palabra “Skunkworks” en el asunto.

Dí además una instrucción: “Has encontrado esto: no se lo digas a nadie... El hecho de lo estés leyendo dice mucho sobre ti y, por tanto, porque haces el esfuerzo, si no se lo dices a nadie, te contaré cosas que sólo unos pocos sabemos”.

Lo dejé ahí, pensando que nadie respondería (“Nadie se lee todo el documento”, pensé)...

Y me equivoqué: el lunes por la mañana, un par de correos electrónicos llegaron con la palabrita de marras (una palabra que tiene una significación enorme en el mundo de la informática y que, si quieres más información, te ruego que la busques), momento en el que descubrí que hay gente que, religiosamente, imprime todo el documento y se lo lee religiosamente el primer día de la semana después de la reunión (que se celebra cada dos viernes).

Ahí es donde la sonrisa apareció: acaba de encontrar a un par de cómplices para lo que estaba preparando y, desde entonces, cada dos semanas, una sección no documentada en el índice del documento, en las últimas dos páginas, aparece un pequeño diario donde escribo qué está sucediendo en el departamento, los problemas en los que estamos trabajando y de los que generalmente no se habla.

Transparencia dentro del silencio...

En la última edición (la reunión se celebró el viernes pasado), después de mandar el correo con el sumario y demás (ahora también grabamos las reuniones con vídeo: de pronto, soy medio-youtuber), recibí un mensaje de alguien que, hasta ahora, nunca había dicho nada...

“Me encanta la última sección del documento”, me confesó.

Sólo supe responder con simple "😉".

Quizás, todo esto no te diga nada: a mí me dice que, a veces, cuando uno tiene dudas sobre lo que hace, por qué lo hace o para quién, un pequeño juego te renueva la sonrisa, hace que lo que simplemente es trabajo deje de serlo y, de paso, creas un pequeño secreto con un grupo de personas que lo comparten contigo.

Así que, como a ellos, te pido que no se lo cuentes nadie: ahora tu también conoces mi secreto, porque el hecho de que hayas llegado hasta aquí dice mucho sobre ti y, porque ya has hecho el esfuerzo, quédate por aquí, para que te siga contando aquello que pocas personas saben.

Y aquí es donde yo te pregunto: “¿Has hecho algo así alguna vez en tu trabajo, o en tu vida personal?”

Te contaré una maravillosa: una persona próxima a mí, en Ámsterdam, hace unos años, haciendo limpieza en la casa, encontró tabletas de chocolate Valor (una marca de chocolate español) escondidas por los rincones más profundos de las secciones superiores de los armarios en su apartamento.

Sorprendida, esta persona llamó a su madre, la cual confesó que, “por si acaso algún día iba de visita, tenía estas tabletas preparadas para hacer churros con chocolate y, para evitar que se las comiera, las había escondido así”.

Si eso no es un huevo de Pascua en el mundo real como dios manda, yo no sé lo que es.

Seguiremos informando.


Paquito

Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

Twitter: @paquito4ever

Comentarios

  1. Lo mejor, las tabletas de chocolate Valor. Para darte envidia, hace menos de media hora nos hemos zampado un chocolate con churros de una de las churrerías fetiche de A Coruña, trayéndolo a casa. Como ves, yo también leo hasta el final.

    Un abrazo enorme, Paquito.

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    Respuestas
    1. Hola Alfonso:

      Gracias por la visita y el comentario: todo un placer, como siempre.

      Lo de las tabletas de chocolate Valor escondidas en armarios de un apartamento holandés es de madre española, sin duda :-))

      Y sí, me das una envidia que no veas, sobre todo ahora, que estoy perdiendo peso.

      Efectivamente, lo has leído todo, pero tu tienes línea directa (ya eres parte de nuestro Skunkworks blogueril :-)).

      Un abrazo y, de nuevo, gracias por la visita y el comentario.

      Paquito.

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  2. Hace años trabajé en un departamento de una comunidad autónoma que era una reconversión, vía estatuto de autonomía, de un antiguo organismo oficial.
    Cada vez que llegaba un director y tenía que dar un discurso incluíamos unos párrafos del documento de constitución del antiguo organismo. "En esta españolísima CC.AA. con la gracia del Caudillo ..." Alguno se lo leía, preguntaba y nos mandaba suprimirlo, otros no se lo leyeron y casi se atragantan cuando delante del público llegaban a esa parte.
    No es exactamente un Huevo de Pascua pero la historia me ha hecho recordarlo.

    Hala, mucho ánimo y no dejes de escribir.

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    Respuestas
    1. Hola Julián:

      Gracias por la visita y el comentario: todo un placer.

      Sí: para mí cuenta (por la parte del ingenio y de verificar si, efectivamente, el tipo de turno se leía o no los documentos).

      De esto último, he escuchado cosas en la alta administración del Estado (gente que mete “moscas” en algunos textos, para verificar si los subordinados, o quienes sean los destinatarios, se lo leen o no).

      Me encanta saber cosas como éstas: hacen que no todo sea lin3al en la vida.

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