Cuando los partidos políticos juegan sucio con tus datos

Buenas:

Una de las cosas que admiro de según que lugares, a pesar de todos los terribles defectos que estamos viendo en nuestros sistemas, es la capacidad para, de vez en cuando, ver un poquito qué se cuece detrás de la cortina que los propios sistemas ponen para ocultar lo que se traen entre manos.

Leyendo sobre temas de privacidad de datos y demás, descubro una interesante entidad en el Reino Unido, la "Information Commissioner's office of the UK" (conocida coloquialmente como ICO), que ha publicado recientemente un informe sobre protección de datos de los partidos políticos en su territorio.

Si tienes interés, el informe te lo puedes descargar aquí:

https://ico.org.uk/action-weve-taken/audits-and-overview-reports/uk-political-parties/

¿De qué va la cosa?

La ICO es una entidad independiente del gobierno que asesora al parlamento británico sobre todo tipo de temas: en particular, en este caso, han estudiado qué hacen los partidos políticos con la información de votantes que poseen, que compran o que enriquecen con según qué fuentes de información.

Es decir: te explican cómo están las cosas desde que, en 2018, empezaron a sonar las alarmas sobre el uso de datos y la inversión en publicidad digital de las campañas electorales, por aquello de que, no sé si lo sabes, la cosa no acabó bien, sobre todo cuando les dio por mirar qué había pasado en un asuntillo que tuvieron abierto.

Total: el informe explica que quedan cosas por hacer pero, lo jugoso no es eso...

Lo que importa es lo que esas entidades con los datos.

Un poquito de contexto

En el Reino Unido, los partidos políticos tienen acceso a las siguientes fuentes de información de votantes:

  1. El censo electoral completo (obvio), que son los datos de todas las personas que pueden votar en el país.
  2. El censo de votantes, que son los datos de las personas que han ejercido el voto en las últimas elecciones.
  3. Datos obtenidos directamente a través de encuestas o en repositorios públicos donde los votantes hayan ofrecido sus datos y su intención de voto.
  4. Otros datos de acceso público, como el censo de población o cualquier información compilada por organismos del estado y de libre acceso por cualquier entidad.

Hasta aquí, la cosa no pinta mal (es lógico, claro).

Pero lo bueno viene ahora

A partir de la información de arriba, los partidos políticos compran herramientas o servicios que les permiten “enriquecer” los registros de votantes, lo cual, una vez más, no tiene por qué ser malo, sino que, hasta cierto punto, es lógico.

Por ejemplo, el partido laborista compró una serie de datos que les permitía segmentar el censo de votantes según estudios que segmentaban a la población por código postal (en el Reino Unido, como en Holanda, el código postal te lleva casi al nivel de calle, frente al modelo de código postal de otros países, como España, Francia o Alemania, donde un código postal generalmente engloba a toda una ciudad o, en el caso de ciudades grandes, a barriadas o distritos enteros).

El partido conservador, en cambio, hizo algo un poquito más siniestro (en mi opinión): compró una serie de datos y procesos onomásticos para derivar, a partir de tu nombre, tu origen, tu raza o etnia y tu religión.

Esto último, ya sabemos cómo acaba (en Alemania y en Holanda tienen un poquito de experiencia sobre los riesgos que conlleva tener ese tipo de información): estoy seguro de que el partido conservador inglés encontró una buena razón para hacer ese tipo de enriquecimiento de datos, pero, más allá de la capacidad para hacerlo, me pregunto qué es lo que estaban pensando y cómo, a partir de lo que pudieran inferir de mi origen, mi raza o mi religión, me contarían para votarles, en comparación a lo que le contarían a otra persona que tuviera un origen distinto al mío.

Segmentación a tope

El rollo va de eso: dividir a la población en grupos claramente identificables a los que ofrecer un mensaje común y específico.

En mi caso, imaginemos que viviera en el Reino Unido, veríamos las siguientes cosas:

El partido laborista estudiaría mi dirección y, a partir de ella, intentaría inferir mi estatus económico, así como el de mis vecinos, para establecer un mensaje específico para los habitantes de la zona donde vivo.

Estudiarían nuestros problemas, basándose en información pública (precio medio de la vivienda en los últimos años, índice de criminalidad, desempleo...) y, cuando todo ello llevara a una serie de conclusiones, lo siguiente es buscar la fórmula para que el mensaje, adaptado a mi posición física en un lugar muy concreto de su país, responda a lo que ellos creen que me preocupa o me interesa.

El partido conservador, en cambio, partiría de un lugar diferente: a partir de mi nombre, inferirían que, o soy español, o soy de Latinoamérica, es decir, probablemente inmigrante o de origen inmigrante... A partir de ahí, intentarían inferir mi raza y mi credo religioso, sacando una serie de conclusiones que les lleva, de igual forma que a los laboristas, a otra serie de posiciones para construir un mensaje para mí.

Soy, o bien inmigrante, o de origen inmigrante, probablemente latino y probablemente católico: hay toda una serie de teclas que me puedes tocar con esa información, mucho más íntimas que lo que una dirección postal te puede ofrecer.

Para que nos entendamos: una cosa es ir al médico y que el doctor te vea mala cara, y otra es que te ausculte y te tome la tensión (en ambos casos puede inferir cosas, pero uno de los métodos le puede ofrecer un poquito más de información que el otro).

En ambos casos, siguiendo la analogía del doctor, todavía le podría faltar información, pero hay veces que, cuando uno entra estornudando en la consulta, más o menos uno se puede hacer a la idea de qué es lo que tienes.

En cambio, cuando uno tiene una tos seca, es mucho más complicado de inferir qué puedes tener realmente.

Toda esa información es después utilizada en (ya sabes lo que viene) redes sociales para que ese mensaje, que han decidido que corresponde a tu perfil, te llegue.

En 2014, sólo un 1,4% de la inversión en publicidad política, en el Reino Unido, se destinó a la parte digital: en 2017, llegó al 47% (y ya sabes qué pasó en esa época: el famoso escándalo de Cambridge Analytica y la historia de cómo los conservadores consiguieron que la población votara a favor del Brexit).

Porque eso es lo que me preocupa

Entender qué se está haciendo y cómo se está haciendo: no puedes evitar que ciertas prácticas, perfectamente legales, pero cuestionables, se lleven a cabo (lo del partido conservador es un día de Picnic en comparación con lo que cualquier otra empresa puede conseguir de ti en el mercado de enriquecimiento de datos).

Lo único que puedes hacer es limitar tu exposición a ese tipo de cosas: por así decirlo, una vez que sabes que cierto alimento te produce gases o dolor de estómago, empiezas a tomarlo menos o paras de consumirlo.

Entiendo que soy un pesado...

Sí, lo soy: soy un “don erre que erre”, me repito más que el ajo, pero hasta que no tomemos consciencia de a qué nos estamos enfrentando, no seremos capaces de, o bien encontrar una solución o de, por lo menos, no caer en la trampa de lo que la nano-segmentación en la información, publicidad y propaganda, nos está provocando.

Que sí, que cuanto más saben de nosotros, más mierda nos pueden vender, pero que, honestamente, o limitamos esto o ya sabemos cómo acaba.

Porque, no por nada, pero si te lees el informe, te das cuenta del enorme impacto que el Reglamento de Protección General de Datos (la famosa GDPR) ha tenido en la elaboración del mismo (es mencionado una y otra vez para establecer pautas de buena conducta y mecanismos para que los electores puedan acceder, modificar o cancelar los datos que las entidades políticas británicas poseen sobre los ciudadanos).

La GDPR en el país del Brexit, utilizada por una institución pública e independiente del gobierno para explicar qué se está haciendo bien (gracias a la misma) y qué es lo que queda por hacer para que el buen uso y gobernanza alrededor de esos datos se lleve a cabo.

Algo bueno tendrá, ¿No crees? :-))

Seguiremos informando...


Paquito

Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

Twitter: @paquito4ever

Comentarios

  1. Buenos días.
    Gracias a Paquito he caído en la cuenta ¿Porqué me piden el código postal algunos comercios al ir a pagar con tarjeta de crédito?
    Pues parece un indicio de que hay empresas interesadas en vender parte de mis datos. Del mismo modo que se pueden vender datos de mi movilidad o datos de mis compras de parafarmacia.
    La cuestión que planteo es: Si yo fuera un Agente de Poder y quisiera Seccionar (Verbo inteligentemente usado por Paquito) ¿Qué registros utilizaría de la masa, aparentemente informe, de hechos, aficiones, edades, tendencias, compras, nivel adquisitivo, frecuencia de viajes, aspectos bancarios, etc. etc.?
    ¿Qué hacen otros con mis datos?¿Qué hago yo con los datos de otros?
    Ambas preguntas están desequilibradas, no son simétricas de ninguna manera. La primera es para un agente de poder. La segunda sólo es para un particular, un ciudadano. Que apenas sabe qué uso se va a dar al conjunto de datos de muchos otros. Ese uso apenas puede restringirse.
    De inmediato surgen otras cuestiones; así, la de la Responsabilidad: ¿Puede darse tal asimetría en la Responsabilidad? O la de la Propiedad de los datos: ¿De quién son los datos?
    Preguntad a una empresa por sus pagos a Hacienda como ella os pregunta por vuestro distrito postal, preguntad por el nombre de los integrantes de su consejo de administración.
    ¿Qué hacen las empresas con nuestros datos? Si valen tan poco ¿cómo es que se venden y compran por cifras importantes?
    La anécdota del dueño de Facebook ante un jurado negándose a dar datos de su vida privada es significativa.
    Creo que con estos indicadores basta. Los escalofríos para quien piense un poco llegan luego.
    ¿Un poco más de té?
    Un abrazo para todos.

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    Respuestas
    1. Hola Pedro:

      Gracias como siempre por la visita y el comentario: todo un verdadero placer :-)

      Dato curioso: el motivo de los comercios, con el código postal, es conocer su penetración en una zona (¿Cuál es su radio de influencia sobre un territorio?).

      En las grandes superficies, generalmente a las afueras de grandes ciudades, esa información es valiosa (les enseña el presente y les muestra, quizás, donde deberían localizarse en el futuro, por presencia o, mejor, por omisión: si ya vas a ese sitio, a lo mejor otra gente no va porque les pilla muy lejos o porque hay otras alternativas más cercanas).

      Lo de la venta de los datos sí mosquea, sobre todo en las empresas de enriquecimiento (que compran y acumulan datos de diferentes fuentes para construir un perfil sobre ti que, ni siquiera tu mismo, sabrías que tienes).

      Facebook para mí es un ejemplo de la falacia de “tus datos son tuyos”... Puedes exportar de su aplicación lo que tu u otros han subido de ti, pero ellos jamás te mostrarán lo que ellos saben por otras fuentes).

      Y esa parte es la que a mí me interesa: más allá de lo que yo haya subido, lo jugoso es saber qué diablos saben de mí (y esto es una pregunta que nuestros legisladores, desafortunadamente, no han hecho).

      La prueba de la que hablabas, con respecto a la asimetría entre empresas y consumidores, es cuando llamas a un teléfono de atención al cliente (que alguien haga la prueba): antes de empezar a hablar contigo, te avisan de que “por motivos de calidad, la llamada podrá ser grabada”, lo cual, de por sí, no está mal...

      Ahora, haz la prueba: cuando alguien por fin descuelgue y te empiece a hablar, infórmale tu de que la llamada, “por motivos de calidad, podrá ser grabada” y ya verás como, en algunos casos, te dicen que no pueden continuar (es decir: ellos te pueden grabar a ti, pero si tu les vas a grabar a ellos, entonces parece que hay un problema).

      El creador de Facebook es el primero que tiene su cuenta blindada y que, aunque públicamente declarara que “la privacidad ha muerto” (este señor será o es muy inteligente, sin duda, pero eso no le quita un grado de psicopatía importante), lo primero que hizo, en la zona donde vive, fue comprar las casas alrededor de las suyas, por aquello de “tener privacidad para el y su familia”.

      Traducción: para los mindunguis como nosotros, nada, para los señores que nos pastorean, en cambio, pobrecitos, sí, que si no se estresan.

      Algo además no va bien cuando todas estas empresas tienen un grado de intrusión en nuestras vidas que ni la STASI hubiera soñado (la STASI, la misma que guardaba prendas de personas interrogadas en tarros para conservar su olor, así, si algún día los buscaban, los perros sabrían cómo huelen para encontrarles).

      Repito: dejar de usar Facebook y otras milongas, usar DuckDuckGo en lugar de Google y leerse los términos de servicio de las aplicaciones que usamos.

      Un abrazo y, de nuevo: mil gracias por pasarte por aquí.

      El té “luego ya si eso” :-))

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