Usando Linux durante un tiempecito

Buenas:

Una de las cosas que, como buen geek que se precie, me gusta hacer, es trastear con los diferentes cacharros que tengo en casa, por aquello de tener un espíritu inquieto y darle un poco de salida, en estos tiempos tan raros que gastamos.

La movida es que, hace unos años, decidí "donar" mi MacBook y, en el cambio, compré un portátil (alias "la bestia") que, aunque en principio es un maquinón (ya tiene casi 4 años y sigue estando, en prestaciones, por encima de muchas cosas que te podrías comprar hoy en día), lo cierto es que no me acaba de llamar mucho.

El problema es Windows en casa

Para el trabajo, tengo un ordenador portátil que también es la caña (aunque "la bestia" se lo pasa por la piedra dos veces, a pesar de ser una máquina más antigua, repito) que utiliza Windows 10.

Para el trabajo, de lejos, un ordenador con Windows es la elección correcta: para los usuarios más normales, un ordenador que pueda correr Windows y, sobre todo, grandes archivos en la suite ofimática por excelencia, Microsoft Office, simplemente no hay color.

En mi caso, entre las cosas que hago, los volúmenes de información que manejo y el software que necesito para hacerlo, mi portátil profesional es perfecto: es ligero, muy potente y me permite desarrollar mi trabajo de la mejor manera posible.

Pero eso es el trabajo: en casa, las cosas son diferentes...

La diferencia

La diferencia para mí tiene varios componentes, algunos físicos, algunos conceptuales y otros de propósito.

Mi ordenador personal de casa es un maquinón de 15 pulgadas con pantalla táctil 4K, 32 gigas de RAM (una verdadera burrada) y 512 gigas de disco duro en una memoria NVMe (lo top de lo top) al que le acompañan 2 tarjetas gráficas y otros cachivaches.

El primer problema es el tamaño: es demasiado grande y relativamente pesado (dos kilos y pico)...

Para andar por casa, para hacer cosas que no tienen nada que ver con el trabajo, lo que busco es algo pequeño, ligero y cómodo (las 13 pulgadas de tamaño en este escenario son, para mí, gloria bendita).

El iPad a veces hace ese juego, pero el iPad es para consumir contenido y, aunque tengo un teclado bluetooth con el que puedo teclear cosas, el formato (donde la pantalla está separada del teclado) no lo facilita.

Para que nos entendamos: para escribir "como dios manda" en casi cualquier lugar, un portátil de toda la vida es insuperable, sobre todo si no es demasiado pequeño (13 pulgadas es EL tamaño, repito) y no muy pesado (los portátiles modernos de la gama ultra-ligera ya se mueven en el kilo y medio o menos).

El segundo problema es el software: mientras que para el trabajo, en mi caso, Windows es perfecto, en casa no lo es.

Es decir: que para hacer hojas de cálculo, preparar presentaciones, utilizar software específico para tal o cual cosa y responder a correos electrónicos, un ordenador con Windows es (una vez más, en mi opinión) perfecto, pero para mi uso casero, en cambio, es diferente.

En casa, haces otras cosas: consumes contenido, respondes a correos personales, miras fotos, escuchas música, miras vídeos de YouTube o, en mi caso, trasteas con cosas (como hacer pequeños programitas para cosas o, simplemente, toquetear e investigar cómo funciona algo).

Una de las cosas que echo de menos del MacBook es que, debajo de los colorcitos, la maravillosa usabilidad y todo lo demás, hay un BSD Unix por debajo esperando a que abras la consola de comandos (no la PlayStation, ojo) para toquetear e instalar cosas súper chulas.

Y a mí me encanta trastear y hacer cosas chulas.

El tema es que, a día de hoy, las cosas más chulas se crean en ordenadores con BSD Unix o Linux por debajo y, aunque Windows está introduciendo un montón de funcionalidades, en un entorno con diferentes usuarios con diferentes funciones dentro de la misma máquina no lo lleva bien.

En mi ordenador personal tengo un usuario, que es el administrador y tengo dos usuarios cliente: uno que es donde, básicamente, escribo cosas y el otro, que dedico a temas de desarrollo.

Nota: es conveniente hacerlo así, por motivos de seguridad (así te aseguras de que, si algo intenta instalarte algo al visitar una página web o lo que sea, no puede hacerlo directamente: te pedirá la contraseña del administrador, momento en el que lo puedes parar)

Y es un carajal (algo que, se supone, debería ser relativamente sencillo).

Otra cosa que me repatea es que, a pesar de tener "una bestia" en casa, el sistema es inestable y la calidad de construcción es mejorable.

La primera en la frente fue hace un par de años cuando, un día, noté que el TrackPad ya no se podía presionar.

Lo bueno del cacharro es que lo puedes abrir y toquetear todo (eso se agradece y los señores de Apple podían tomar nota), así que, al hacerlo, me encontré con la batería inflada.

Después de intentar comprar una nueva sin éxito al fabricante, acabé comprándola a través de Amazon y, el cambio, honestamente, fue muy facilito (y la batería cara, todo hay que decirlo).

Unos meses más tarde, el fabricante (sobre el cual me había registrado) me informa de que ha habido un requerimiento hacia todos los clientes porque las baterías se inflaban y que me enviaban una nueva sin coste...

Si sólo me hubiera esperado unos meses...

Aunque claro, con la batería inflada, si me espero más revienta y ahí sí que la liamos pero bien).

Otro problema fue la tarjeta de red: siendo un bicharraco como pocos, resulta que la tarjeta de red que usa es una mierda, lo cual notaba porque siempre estaba teniendo problemas para conectarme a Internet.

Un par de vídeos en YouTube y una compra a una tienda de informática online más tarde, acababa cambiándosela, volviendo a disfrutar de conectividad inalámbrica casi perfecta (un detalle incomprensible en un ordenador personal que, en su día, iba más allá de la alta gama).

Si todo eso no es suficiente, todavía quedaba lo mejor: de vez en cuando, el cacharro me pega pantallazos azules...

Y eso es raro: mi ordenador del trabajo jamás me ha dado un problema similar y, lo que es peor, el ordenador de casa, en las veces que sucedió, no estaba haciendo nada del otro mundo (una vez estaba viendo un video en YouTube y, sin venir a cuento, "catacroc": pantallazo azul y un código de barras para que lo escanee y que sepa qué había pasado.

Total: que llevo un tiempo mosqueado y, desde hace unas semanas, en mis ratos libres, me lo paso viendo tutoriales en YouTube sobre cómo instalar Linux en mi cacharrito y dejar el Windows también instalado.

Porque esa es otra: lo único que me ata a Windows ahora mismo es el iTunes, por la música que tengo ahí: si no fuera por eso, anoche (que fue cuando di el salto), habría fumigado el disco duro y habría dejado el sistema operativo desde el que te escribo como única opción).

Diferencias entre Windows, macOS Ubuntu Linux para gente que pasa de estas cosas

La mejor analogía que tengo es comparar esos tres sistemas operativos con la comida (se nota que estoy a régimen: de eso hablaré otro día).

Microsoft Windows es como la hamburguesa de una franquicia de comida rápida: te alimenta lo necesario, aunque no de forma muy saludable, no es muy allá, es conveniente y barata, pero no es buena del todo.

El tipo del burguer te da la comida y básicamente le da igual lo que hagas con ella, pero no le gusta que la gente cocine, porque entonces no vende hamburguesas...

macOS es como un restaurante de alta cocina: todo está bien cuidado, con mucho mimo, el camarero te trae un exquisito y precioso plato a la mesa, al que le harías mil fotos y el camarero te explica cómo te lo tienes que comer, en qué orden tienes que comer qué cosas y de qué forma, porque si no la cosa pierde la magia y no te has gastado 200 Euros en una cena para que no te acabe gustando.

El camarero, además, se mosquea si juegas con la comida o quieres comértelo como te dé la gana.

Los de la franquicia de hamburguesas envidian al del restaurante de alta cocina y, de hecho, le copian cosas, pero no las hace muy allá (porque, en el fondo, no sabe cómo hacerlo y no puede vender hamburguesas a 200 Euros)... 

Los clientes de la hamburguesería miran con desprecio a los señores que van al restaurante de alta cocina, porque ellos se ponen ciegos de comida por una fracción del dinero pero, en el fondo, les encantaría comer en ese restaurante que tanto critican: la mayoría de ellos nunca ha estado en el restaurante y oyen cosas de cómo es por dentro y como es la comida...

Alguno ahorra dinero, un día se aventura y, después de la experiencia en el restaurante de lujo, dicen que no vuelven a la hamburguesería en su vida.

Los clientes del restaurante de alta cocina miran con desprecio a los clientes de la hamburguesería: "eso no es comida y además mira que mala pinta tiene todo", se les oye decir, mientras en el fondo, piensan que el del restaurante de pitiminí lleva una temporadita un poco subidito por la fama y, lo que es peor, se están empezando a mosquear porque los tipos que llevan el restaurante de alta cocina llevan una temporada subiendo los precios sin que la calidad aumente con ellos (o, incluso, a veces, la calidad parece haber bajado un poquito).

Linux es como la cocina casera: tienes una receta, compras los ingredientes, te lo haces a tu gusto y, si la receta no te acaba de dar el punto que a ti te gusta, la puedes cambiar. Es más barato, pero requiere que te lo hagas tu y, si no tienes mucho conocimiento, puedes pasar el trámite, pero te puede quedar un guiso un poco soso o incomible, dependiendo del esmero que le quieras poner.

Aquí no hay camarero que te amenaza si toqueteas algo que se supone que no debes hacer, o un tipo en un burguer al que le importa poco lo que hagas con la hamburguesa y con las patatas, sino un montón de gente que comparte recetas y trucos que te explican que si troceas las verduras de tal o tal forma, o si le añades tal o cual especia, el guiso toma sabores o texturas diferentes.

Los del burguer querrían hacer lo mismo que los que cocinan en casa, pero o no saben cocinar, no tienen tiempo o no se lo quieren dedicar. "Total, la comida es comida y el tiempo es dinero, así que pasando".

Los de la alta cocina consideran que lo de cocinar está bien, y les encantaría pagar a alguien para que lo hiciera por ellos, pero tampoco quieren o saben hacerlo por ellos mismos...

Los que cocinan sus platos son muy suyos: creen que compartir recetas y cocinarte todo debería ser la forma de hacer las cosas y no conciben que la gente coma hamburguesas o pague burradas en un restaurante por algo que ellos, dedicándole horas y probando mil recetas, hacen por menos dinero.

Entre ellos, hay verdaderos genios de la cocina, que se gastan tanto o más dinero en utensilios de cocina como el restaurante de lujo, aunque también hay gente que, con hacerse unos macarrones con Ketchup, le valen.

Entre ellos, por tanto, también hay clases: el cocinillas aspirante a Ferrán Adriá desprecia a todo el mundo, el menos cocinillas en el fondo le gustan las hamburguesas un montón pero cree que le merece la pena intentar hacérselas en casa, mientras un montón de ellos dicen que, si tienes los ingredientes correctos y practicas lo suficiente, puedes hacer platos de alta cocina, pero que una hamburguesa, si se hace bien, también puede ser un alimento fantástico.

Todas las opciones son válidas, todas las opciones tienen sus pros y sus contras...

Y a mí, últimamente, el cuerpo me pide comida casera...

¿Y tu? ¿Eres más de hamburguesa, de alta cocina o te gusta cocinar en el mundo tecnológico? 


Paquito

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Twitter: @paquito4ever

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