Vendeburras digitales

Buenas:

Últimamente, con temas de trabajo y demás, apenas tengo tiempo para pensar o, simplemente, sentarme un ratito y escribir (ni te cuento lo de leer blogs amigos que, en el lector RSS, esperan impacientes a que haga clic sobre ellos).

El título de este post me viene al pelo para, por lo menos, ponerme a darle a la tecla durante un ratito: debería escribir sobre lo que me está pasando en los últimos meses, pero usemos esta excusa para, por lo menos, ir desoxidando el motor cerebral.

¿De qué va esto hoy?

Todo empieza hace unas semanas cuando la señora Paquito me pide comprarle "un teléfono seguro", porque su teléfono actual ya no se actualiza y, me lo cuenta de pasada, me informa que, desde hace un tiempo, no puede hacer compras a través del mismo.

Esta anécdota me lleva a una serie de conclusiones y acciones: desde comprar un "teléfono seguro" (hay sólo dos plataformas móviles actualmente y una de ellas es más segura que la otra) hasta, ya que nos ponemos, revisar una serie de políticas de seguridad casera para hacer que nuestra vida digital sea, por lo menos, un poquito más anónima.

En los siguientes días, empiezo una serie de acciones que tienen por objeto asegurar en lo posible esos pasos: una de las acciones que impongo es, por ejemplo, que los navegadores que utilizo, cada vez que los cierro, eliminan todos los archivos temporales, cookies y demás (sólo deja las contraseñas de las páginas que necesito: el resto se borra completamente).

En los siguientes días, de igual forma, voy atacando los diferentes dispositivos que tengo (en especial, el iPhone y el iPad, donde les meto un barrido curioso en todas las opciones de privacidad que soy capaz de encontrar en el menú de configuración).

Una vez que termino con eso, ya sólo me quedan unos cuantos pasos que, la verdad, se me van posponiendo y que, realmente, son los más importantes (pero ahí tengo que ir más despacio y documentarlo todo de la mejor manera).

Uno de los efectos curiosos al hacer estas cosas es que un montón de aplicaciones, que precisamente se nutren de la información contextual del usuario (tu historial de visitas, tu localización, su capacidad para triangular, a través de diferentes métodos, lo que haces en diferentes aplicaciones) de pronto no saben exactamente qué hacer conmigo, enseñándome, en los primeros dos días, anuncios tan absurdos o tan raros (ejemplo: un anuncio para encontrar esposa en un país del Este) que, no sólo no me enfadan, sino que me hace pensar qué diablos están haciendo los diferentes vecinos de mi zona.

Todo eso cambia, ya digo, a los pocos días: en particular, el efecto más curioso sucede en la aplicación de YouTube, con los anuncios que te ponen al principio o durante el vídeo que estés viendo, donde una serie de personajes empiezan a hacer presencia en los mismos, y que son el objeto de este post.

Vendeburras digitales

Los llamo "vendeburras" porque en España es una expresión que utilizamos para gente que te intenta convencer de cosas que, en el fondo, sabes que, si no son ciertas, tienen por lo menos un enorme grado de incertidumbre en su grado de veracidad.

El sufijo "digitales" se escribe solo: es el mismo cuento de la lechera que hemos escuchado durante décadas pero que, hoy en día, gracias a Internet, permiten cambiarle las formas a lo que, una vez más, sigue siendo el mismo fondo.

El fondo

De apariencia completamente normal, sonriendo constantemente, preguntándote si crees que tienes el tiempo y el dinero suficiente para vivir una vida plena, te intentan convencer de cómo ellos, al igual que tu, antes tenían vidas donde tenían que trabajar para ganar dinero sin poder disfrutarlo y que, gracias a "un revolucionario método", ahora tu puedes hacer lo mismo.

Curioso el empleo del nuevo vector: "el tiempo"... De toda la vida, el personal ha querido siempre ganar dinero pero, que es lo que tienen las sociedades ricas, cuando eso ya no es suficiente, entra el rollo de que si ves a alguien de tu entorno con los recursos suficientes para darse la gran vida, en el fondo existe un resentimiento, no ya porque tengan los recursos financieros para hacerlo (quizás también tu puedas), sino porque parecen disponer de un tiempo que tu no tienes.

Y esa es la clave: "Puedes tener una vida de puta madre trabajando lo justo y, si te lo montas muy bien, todavía no vuelves a trabajar en tu vida, momento en el que te puedes dedicar el resto de tu existencia a dar envidia a tus amigos publicando fotos en Instagram desde la soleada playa de tu elección."

Lo más curioso

Lo interesante para mí no es que esto exista (esto no es nuevo) sino el volumen que, en mi opinión, la cosa está alcanzando gracias a las redes sociales.

En las últimas dos semanas me han aparecido 4 (cuatro) anuncios de personas diferentes, varias veces al día, con la misma cantinela.

De toda la vida, periodicamente, aparecía de vez en cuando un tipo o una empresa que te contaba esta milonga ("Trabaja desde casa a tu ritmo y haz hasta x mil Euros al mes sin esfuerzo"): lo que me ha sorprendido esta vez es la cantidad y variedad que he visto en el último mes, cosa peculiar teniendo en cuenta lo que hay.

Mi teoría es que, con el tema de la pandemia, hay un montón de gente que, si no han perdido su trabajo, probablemente (esto me lo conozco también demasiado bien) estén trabajando muchas más horas en condiciones relativamente más difíciles de las que estaban acostumbrados (el que aquí escribe cumplirá dentro de unos días un añito trabajando desde casa: de esto también podríamos hablar otro día).

La ironía del algoritmo

Esta mañana, ironías del destino, mientras estaba cocinando y miraba unos vídeos de YouTube a la vez, al ir a ver qué me sugería la página principal, aparecieron precisamente dos vídeos de dos personas que hablan de estos vendeburras (en mi caso, los vendeburras que me aparecen son holandeses, pero estos dos vídeos hablaban de la versión española de estos tipos y tipas, porque, al menos en Holanda, estos caraduras cumplen la paridad)...

El grado de sofisticación es curioso: páginas digitales que te instan a inscribirte gratuitamente en algo y donde, curiosamente, siempre hay un seminario "a punto de empezar" (el tipo del vídeo, muy inteligente, decide esperar y, precisamente, al pasarse la hora donde el seminario se suponía que iba a empezar, la página le dice que hay otro seminario 10 minutos más tarde, momento en el que, obviamente, decide esperar otros 10 minutos y, para sorpresa de nadie, la página le vuelve a indicar que hay otro seminario y así constantemente...

El plan sin fisuras

El caso es que, más o menos, el modus operandi es siempre el mismo: hay alguien que te dice que vive de puta madre y que poco menos que tu vida es un mojón, momento en el que, si decides hacerle caso, lo puedes cambiar para, finalmente, vivir la vida que mereces o, como en otros casos, aprender algo que, se supone, nadie más es capaz de explicar mejor o que te puede dar un empleo seguro.

Y ahí es donde llega el palo

Porque todos esos seminarios gratuitos, toda esa parafernalia bien disfrazada de "fíjate si soy majo o maja, que te voy a explicar cómo vivir de puta madre" de pronto se convierte en un argumentario de ventas para que esa información tenga un precio (generalmente elevadísimo) al que, por ser tu, porque tienes pinta de ser alguien inteligente, te lo van a dejar al 50% de descuento (seguirá siendo una pasta, seguro, pero un 50% de descuento para acceder al conocimiento que te va a ofrecer una vida de asueto y envidia para todos tus amigos con tus fotos de Instagram es un precio razonable a pagar).

La desesperación

Es curioso como todo este tipo de pamplinas son perfectamente legales: algunos de estos vendeburras tienen incluso prestigio social (hay uno en España, en particular, muy conocido por sus días como broker de bolsa: un tipo que además va de aventurero, todo tatuado, y que es un lumbrera tal que sus últimas dos empresas, o bien perdieron dinero, o bien cerraron).

Aquí es donde me toca en hueso: conozco a gente que, en su desesperación por, no ya vivir a cuerpo de rey, sino por tener un empleo o una fuente de ingresos para poner seguir viviendo una vida digna, decide "invertir" el poco dinero que les quede o, peor, pedir prestado a familiares y amigos, para ver si esto que le cuentan le puede servir o no.

La moraleja

Primero fueron las estafas piramidales y después fueron las inversiones riesgosas donde, se suponía, no había tales riesgos.

El siguiente nivel es gente que se aprovecha de tu desesperación para contarte milongas que parten todas de la misma premisa: "Esto que te voy a contar es el secreto más grande jamás revelado y, si no te funciona, es porque no has hecho lo suficiente, momento en el que es tu culpa".

La parte más cruel es esa: te van a contar una milonga que, además, tiene un doble filo: esencialmente, puede que le llegues a sacar algún partido a la información que te ofrezcan pero, si no se cumple lo que se supone que te han prometido, el reverso de la espada va de forma implacable contra ti (que es la parte más cruel de este tipo de historias: culpabilizar de un error a alguien que, para empezar, ya ha cometido el error de creerse este tipo de historias).

Probablemente ni tu ni yo piquemos en el anzuelo, pero es curioso ver como, de vez en cuando, como en la moda, de pronto ciertas cosas vuelven, con diferentes colores, pero con los mismos patrones.

Y todo esto gracias a que, recientemente, YouTube ha empezado a saber menos de mi y utiliza información más genérica sobre mi persona (es decir: los que publican los anuncios están tirando a bulto y, probablemente, en ese bulto cae lo que mi nuevo perfil les indica).

Entre vendeburras digitales y empresas que te buscan mujer en países de Europa del Este, me lo estoy pasando teta.

Y a ti: ¿Qué anuncios absurdos te aparecen en tus páginas o aplicaciones favoritas?



Paquito

Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

Twitter: @paquito4ever

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