Ayuda psicológica y conflicto de intereses

Buenas:

Como habrás observado, desde que empezó la pandemia, un montón de gente hemos estado encerrados, en mayor o menor medida, en nuestras casas, trabajando y pasando casi todo el tiempo metidos en alguna habitación, delante de un ordenador, haciendo lo que hacíamos antes en una oficina, pero desde el "confort" que ofrece tu hogar.

Ese "confort", que a algunos nos costó más o menos adaptarnos (llevo haciendo teletrabajo desde hace más de veinte años, pero nunca lo hice a tiempo completo), poco a poco se convirtió en nuestra rutina y, en algunos momentos, incluso fue motivo para mejorar nuestra salud y calidad de vida.

La cuestión es que, a partir de Febrero de este año, las cosas se empezaron a torcer para mí: entre la situación y un incremento salvaje de trabajo y de historias que no vienen al caso, el estrés se disparó y ahí es cuando "la bestia", esa que me obligó hace muchos años a dejar mi antigua vida atrás, se despertó y, con el, una serie de comportamientos sobre los que uno debería saber qué hacer, pero que, de pronto, le sobrepasaba.

Descender una vez más al infierno

Hace muchos años, dieciocho para ser exacto, algo se empezó a romper dentro de mí... Lo conté en su día y siempre dije que, a pesar de ser algo horrible, en el fondo, ha sido lo mejor que me ha podido pasar, porque descubrí, gracias a la ayuda profesional, una serie de cosas que, aunque estaban ahí, nunca fui capaz de manejar correctamente.

Eso cambió y, a lo largo de los años, han habido momentos puntuales donde esa "bestia" ha querido emerger y donde, gracias a lo aprendido, he sabido conducir de una forma constructiva y controlada.

Hasta este año donde, dadas las circunstancias, esto me empezó a sobrepasar...

Y lo que es peor: "la bestia" se había transformado en un monstruo mucho más peligroso que aquel que una vez pude vencer: en aquel entonces, la víctima de sus acciones fui yo pero, esta vez, las víctimas eran las personas de mi entorno.

Por así decirlo: aunque ya no sufría tanto, empecé a proyectar todo eso sobre los demás...

Y por ahí no paso: ahí es donde decidí pedir ayuda profesional porque, mientras que uno puede lidiar con sus propios demonios, lo que no estoy dispuesto a hacer es que otros se coman lo que a mí me está pasando.

Así por tanto, después de la cita con el médico de cabecera, una cita un par de semanas más tarde con una persona se cerró para, precisamente, empezar a tratar lo que estaba pasando.

La primera cita

Era joven y muy agradable: su grado de empatía era sin duda superior a la media de personas con las que he tenido el placer de tratar por estos lares, lo cual fue una muy buena señal.

En nuestra discusión inicial, habiendo vivido esta historia antes, voy directamente a la raíz del problema y lo expongo todo de forma organizada y razonada (aspecto que esa persona destacó positivamente).

Para mi grata sorpresa, obtengo las respuestas adecuadas para lo que estoy exponiendo: me parece que esto puede ser el inicio de algo que me hará mucho bien y estaré en las manos correctas.

En esa discusión, la persona me ofrece, si así lo deseo, una página web donde, se supone, puedes acceder a recursos y ayuda online para personas como yo.

- No puede hacer ningún mal - digo con absoluto convencimiento - Todo lo que pueda ayudar es bienvenido.

Y así es como esa primera cita se cierra: ese simple momento mejora las cosas sobremanera, porque soy capaz de hablar con alguien que entiende lo que está pasando y, más importante, me ha dado las respuestas adecuadas para lo que estoy exponiendo (esto lo aprendí de mi anterior experiencia en este país con una situación similar, donde la cosa rozó la broma macabra y conmigo cabreado como una mona).

Unas horas más tarde, ya en casa, recibo un link a dicha página web (que requiere invitación para poder acceder)... Después de registrarme, la página me pregunta si esta persona puede acceder a mi información para evaluarla y, como tiene sentido, digo que sí...

La página me da el nombre completo...

Y ahí es donde ese don que tengo para, entre otras cosas, encontrar amores de juventud perdidos en San Petersburgo, o a personas que, con una descripción absurda, me permiten acceder a su lugar exacto en minutos y llamar al lugar donde está para que me pasen con ella, decido ponerme manos a la obra para saber quién es exactamente esta persona.

Lo primero que descubro es algo curioso: en su currículum profesional, tiene una posición vigente (no antigua) de ventas en una empresa...

Este dato me hace sospechar y ahí es donde entro en "modo carnivore": decido investigar esta empresa de arriba a abajo, para saber a qué se dedican y demás...

No veo nada raro, más allá de ser una empresa que ofrece servicios y soluciones para tratamientos psicológicos...

Pero aquí es donde se me enciende la bombillita...

Un rápido "whois" en la terminal del Mac con el dominio de la página web me da todos los datos que necesito: el nombre de la empresa es completamente diferente, pero consigo conectar las direcciones de ambas empresas en un mismo lugar.

Investigando la composición de la misma, descubro que, aunque son dos empresas completamente diferentes, ambas están conectadas (esta empresa pertenece a la otra donde esta persona ejerce un puesto de ventas)...

Y aquí es donde, por una parte, me llevo una decepción tremenda y, a su vez, me pillo un cabreo que, sin llegar a nivel épico, me duele...

Porque, en ningún momento, esa persona, al ofrecerme esa página, hizo ningún tipo de "disclosure" o aclaración sobre la relación entre la misma y la empresa donde, según parece, ella trabaja.

Como ya estoy puesto, me dedico a investigar la paginita de marras en su configuración técnica: descubro que está muy bien construida e incluso accedo al grupo de desarrolladores que están detallados en la página de la empresa principal, donde, con foto y todo, descubro quienes son.

En ese directorio de empleados, curiosamente, no hay datos de esta persona (lo cual es extraño: no aparece la persona de la limpieza en el mismo de milagro).

Salvo que lo quieras ocultar, pero esto es una conjetura.

En nuestra segunda (y última) cita, empiezo explicando que no me encuentro muy allá y, cuando me pregunta por qué, le explico la situación...

La carita de menú es indescriptible: le explico que no conozco las leyes de este país, pero que esto es un ejemplo de conflicto de intereses de libro, porque al recomendar a un paciente, que obviamente necesita ayuda, un producto o un servicio, si se tiene relación directa o indirecta con el mismo, se debe explicar, para que el paciente decida con toda la información posible, si quiere o no usarlo, teniendo en cuenta que esa recomendación tiene un interés potencial para la persona que te lo ofrece.

La persona dice que en ningún momento ella ofrecería algo así por ese motivo, pero le explico que ese no es el punto: puede que sea verdad o puede que no, pero el hecho en sí no es discutible, de ahí lo del conflicto de intereses...

Se hace el silencio...

En ese silencio, le explico que no sé qué hacer: por una parte, y se lo reconozco, parece ser buena en su trabajo, hecho que le repito varias veces (cuando me pongo en modo analítico parezco el personaje de Rainman) pero, por otra parte, una cosa de estas es para mí algo gravísimo...

Pero no dejo de pensar en que esta persona es buena en su trabajo y, en este aspecto, en este país, en el tema de salud mental, créeme, es como encontrarte un diamante entre una tonelada de mierda fresca.

No lo digo yo: lo hicen todas las personas que he conocido que, en algún momento de su vida, han tenido un problema como el mío por aquí y se han encontrado el percal que describo.

Quedamos en hablar en unas semanas... Ha intentado contactarme un par de veces, pero no me siento con ganas de hablar porque, honestamente, no sé qué hacer.

La decepción personal es algo con lo que suelo tomar direcciones de sentido único (se lo expliqué: "Si no fuera porque eres alguien que parece hacer muy bien su trabajo, te aseguro que esta conversación se acababa aquí y no volveríamos a hablar en la vida").

Ahora me encuentro mejor: a veces en la vida, lo único que necesitamos es hablar con alguien que haya vivido o que sea capaz de entender plenamente lo que a uno le pasa... En el tema mental, desafortunadamente, hablar con los amigos no funciona, porque nadie que no lo haya vivido será capaz de entenderlo.

Y de esto hablo con absoluto y pleno conocimiento: al igual que nadie fue capaz de ayudarme en su día (y lo intentaron, pero simplemente no sabían como hacerlo... Es como si te tienen que hacer una operación de corazón y tus amigos se ofrecen voluntarios: por mucho que quieran ayudar, no sabrán ni por dónde empezar), cuando me ha tocado a mí encontrar a gente en similar situación, he sabido exactamente qué hacer y decir, porque en el proceso de la cura, me aseguré muy mucho de entender perfectamente qué estaba pasando y por qué, utilizando ese conocimiento para mi vida y, en el caso de esas personas, para poderles ayudar cuando se encontraron el muro de la incomprensión pasiva, esa que sucede cuando se te quiere ayudar pero no se sabe cómo.

Hoy tenía ganas de hablarte de esto: hay cosas en la vida que vienen dadas así.

No dudes en buscar ayuda profesional si algún día empiezas a encontrarte mal: piensa que es como un dolor en el estómago y que, al igual que para eso irías a un médico, la ayuda psicológica es cada vez más necesaria, en un mundo donde, en general, nuestro bienestar físico está más o menos asegurada y donde, poco a poco, subimos otro peldaño más en esa famosa pirámide de Maslow cuya cima, al final, se basa en lidiar con problemas de este tipo.

Eso es todo: seguiremos informando.


Paquito

Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

Twitter: @paquito4ever

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