Buscando delfines que hablan

Buenas:

Empezamos fuerte y sin conjeturas.

¡Dentro Flashback!

Cuando tenía 19 años, al final de mi primer año de carrera, durante el verano, empecé a hacer practicas en un par de sitios.

Uno de ellos era un archivo videográfico: en aquel entonces, niños y niñas, no había YouTube, Internet estaba emergiendo y, la forma de que cualquier tipo de actividad audiovisual se pudiera agilizar, a la hora de poner un plano de una cosa concreta en un anuncio, una promoción, una película o una serie, era precisamente a través de este tipo de empresas.

El archivo tenía una cámara ligeramente refrigerada donde se guardaban miles de cintas Betamax que se dejaban, o bien como copia del original del autor, o directamente el original en régimen de exclusividad.

Antes de Netflix y YouTube, la gente grababa y veía vídeos con cosas como esta.

El modelo de negocio del lugar, ya digo, era relativamente sencillo: una agencia de publicidad o una productora de cine o series necesita de pronto un plano de una playa con palmeras, o un plano de una ciudad con gente transitando por la calle y, o bien se lo hacen ellos mismos, lo cual podría resultar caro o bien se lo podía comprar a empresas como éstas, que les ofrecían una copia con una marca de agua (la forma de evitar piratería) y, si al cliente le gustaba, le hacían entonces una copia en Betamax o en el formato que necesitara.

Era un lugar curioso y fue un verano alucinante, lleno de anécdotas pero, en este lugar, sin que ellos lo supieran, varias cosas se fraguaron que nos llevarían hasta aquí.

La primera es que, en mis ratos libres, cuando no había nada que hacer, me ponía a escribir relatos divertidos describiendo a la empresa: textos ficticios donde teorizaba que, en realidad, el lugar era una secta adoradora de Satán, donde todos y cada uno de ellos tenía un rol perfectamente definido en las ceremonias de sacrificio de personas para el gran honor del maligno.

La broma acabaría una tarde, cuando mi directora, una mujer genial, cogió uno de mis textos y, a la salida del trabajo, cuando se iban a un bar de la zona a tomar algo, decidió leérselo a todos, momento en el que empecé a recibir peticiones y demás (en aquel entonces no había Blogs: se perdió una oportunidad alucinante de haber conservado aquellos textos).

La segunda fue que, allí, descubrí Internet: hasta entonces, todo lo que sabía de aquello era gracias a lo había leído en revistas.

En la empresa, para mi absoluto deleite, tenían conexión a Internet a través de algo llamado "Red Digital de Servicios Integrados", en sus siglas, "RDSI", que era una conexión a internet muchísimo mejor que la que, por aquel entonces, un simple mortal podría haber tenido en casa (el famoso módem que hacía los pitiditos al conectarse).


(Sí: para conectarte a Internet tenías que hacer esto y, si tienes una edad, recordarás ese sonido perfectamente).

El tercero es que, los fundadores de la empresa, sin ellos saberlo, anticiparon lo que 20 años más tarde sería la revolución informática más importante desde los inicios de la fundación teórica de las posibilidades de las tecnologías de la información.

En el inicio, todo fue teoría...

Os pasará alguna vez conocer a alguien que, cuando le describes algo, te explica que eso que crees que es revolucionario o nuevo es algo que, en realidad, ya se sabía décadas antes.

Y suelen tener razón: en el mundo de la informática, por ejemplo, las bases teóricas describiendo cosas como el "Aprendizaje de Máquinas" o la Inteligencia Artificial existen desde principios de los años 70 pero, mientras que la teoría está muy bien (es siempre la que lidera la carga) es la aplicación real de la misma la que cuenta (Julio Verne imaginó a gente llegando a la Luna en uno de sus famosos libros, pero de ahí a poner a un tipo en el objeto celeste que ves todas las noches desde tu ventana, ya lo deberías saber, distó bastante).

Al turrón...

Te contaba eso porque, en su día, los fundadores tuvieron una idea genial: sin la tecnología actual, categorizar el contenido de una cinta de video era lento y complicado, así que les ocurrió un proyecto donde un grupo de personas podrían recibir copias de las cintas y, simplemente, mientras la visionaban, describir en papel los tiempos y contenido de lo que sucedía en la misma.

Repito: en aquel entonces, eso que hoy en día se puede hacer en minutos con un ordenador personal de gama media o eso que hace tu propio teléfono automáticamente mientras lo cargas, en aquel entonces era ciencia ficción o tecnología al alcance de, quizás, algún gobierno o alguna mega-empresa con la capacidad financiera suficiente para "juguetear", que no conseguir resultados escalables, se tenía que hacer a mano.

Y era una idea fantástica: su idea era además emplear a personas con discapacidad que, generalmente, tenían problemas para encontrar trabajo... Las personas podrían trabajar desde casa, se les mandarían las cintas y, repito, su trabajo era visionarlas y describir el contenido de las mismas, junto con los tiempos en la misma donde equis cosa sucedía o tal o cual cosa aparecería en el plano y después mandar los resultados, que se introducirían después en una base de datos.

Y mientras aquello se ponía en marcha (no sé en realidad en qué quedó aquello: mi beca terminó antes de saber si el proyecto fue adelante o no), la empresa tenía un pequeño prototipo en un ordenador (un Mac: la primera vez que toqué uno) donde, en forma de base de datos ilustrada, había un programa donde podías poner una palabra y la base de datos te indicaba en qué cinta o cintas podías encontrar contenido relativo a la búsqueda, con el minuto y segundo donde el concepto aparecía.

Aquel prototipo, ya digo, era muy primitivo: apenas unos cuantos vídeos fueron analizados y se metieron en la base de datos que el motor de búsqueda utilizaba, pero daba el pego.

Un buen comercial sabe siempre qué preguntar...

De vez en cuando, teníamos visitas de clientes: tuvimos a todo tipo de gente por el lugar (me encantaría entrar en detalles, pero vino de gente de lugares alucinantes con historias dignas de varias series en Netflix) a los que se les contaba la historia de la empresa, sus servicios y, dentro de la visita guiada, uno de los comerciales más geniales que he tenido el placer de conocer (te conté aquí la historia en la que, un día, por fin, me gané su respeto), aterrizaba en la mesa donde, a veces, un servidor, estaba sentado haciendo cosas (entre otras, escribiendo relatos divertidos de la gente con la que trabajaba: tenía un público al que satisfacer :-)).

La milonga se la tenía aprendida, después de haberla repetido decenas de veces, pero siempre la variaba ligeramente, introduciendo ciertos conceptos o, simplemente, dejando caer ese "por cierto: os queremos enseñar algo interesante en lo que estamos trabajando", momento en el que ese ordenador Mac tomaba el foco de atención de los visitantes.

Su forma de describir la historia era fantástica: una revolución en la búsqueda de información visual para poder ofrecer a potenciales clientes un fondo de datos sobre todo el catálogo, al alcance de los dedos de la persona que, buscando tal o cual cosa, podía ser encontrado en décimas de segundo...

- A ver "Chinche" - solía decir para referirse a mí - ¿Qué te apetecería ver hoy?

La lección estaba aprendida: teníamos una búsqueda maravillosa que daba unas imágenes espectaculares...

- El cuerpo me pide hoy delfines - Le respondía yo...
- Pues venga: busca "delfines" en el sistema...

Y ahí es donde el que ahora escribe esto escribía la palabrita, encontrando resultados de tal o cual cinta, donde en tal o cual minuto y segundo aparecían imágenes de delfines.

En ese momento, yo me levantaba, iba a la cámara, encontraba la cinta, volvía, la metía en el lector, la rebobinaba hasta el minuto y segundo preciso "et voilà", allí aparecían unos delfines jugueteando en un acuario, justo delante de la cámara que les grabó...

Con aquello, una de las cosas que aprendí es que, en una presentación con demostración, uno tiene que ir siempre preparado y procurar no improvisar... A veces teníamos visitas que nos pedían cosas y, si había suerte, el catálogo las tenía y las encontrábamos, pero si la persona pedía algo que no estaba en el prototipo, la magia se perdía, explicando que era un prototipo y que, obviamente, no tenía todo el contenido indexado de nuestro fondo de imágenes.

¡Fin del flashback!

¿Por qué te cuento esto?

Hace unos días, buceando por la red, descubro una fascinante historia alrededor del objeto de aquellas "búsquedas improvisadas" que yo hacía en esa empresa...

En los años 60, en plena guerra fría, con los americanos y rusos en medio de la carrera espacial, entre otras cosas, a alguien le dio por pensar qué pasaría si mañana nos encontráramos con alienígenas y, en particular, cómo haríamos para comunicarnos con ellos...

El tipo que lideró la idea propuso un concepto genial: la forma de prepararse sería intentar conseguir, en primer lugar, comunicarse con una especie animal de La Tierra, de tal forma que, si al menos conseguíamos eso, los resultados podrían ser usados como base para posibles encuentros con seres inteligentes de otras galaxias.

La idea fue aceptada y NASA, decidió poner una ingente cantidad de dinero en el proyecto: el tipo decidió poner un laboratorio en una isla del Caribe y empezó a trabajar con delfines, aunque el objeto inicial, llegar a entender a los mismos, fue poco a poco degenerando en lo contrario, esto es, llegar a hacer que un delfin fuera capaz de entender el inglés e incluso, ser capaz de reproducir los sonidos del mismo.

En medio de aquello, además, apareció una chiquilla que, sin ningún tipo de preparación científica, pululando por la isla, acaba metida en el proyecto, momento donde, en su haber, los avances empiezan a ser significativos, rehaciendo el laboratorio para, básicamente, tener una casa semi-inundada donde los delfines podían ir a su antojo...

Peter...

Tenían tres delfines, dos hembras y un macho, llamado "Peter"... Cuando empezaron a trabajar con ellos, la chica que se unió al proyecto notó que el macho era mucho más receptivo a aprender lo que fuera que la humana quisiera que el, de ahí que, pronto, se separó a las hembras del mismo.

Y al principio, Peter estaba tranquilo, "prestaba atención" e incluso mostraba progreso...

Pero Peter, como delfín y, por tanto, como mamífero, empezó a hacerse mayor y, cuando uno se empieza a hacer mayor y la pubertad hace su aparición en escena, al igual de los humanos, "son épocas complicadas"...

El delfín, básicamente, empezó a desarrollar deseo sexual y, cuando al delfín le daba "cosquilleo", su grado de atención se iba a hacer puñetas...

La solución inicial era llevar al delfín al tanque donde estaban las hembras y, cuando ya el animal se "desahogaba", volvía a estar receptivo y atento a su cuidadora...

El problema es que, al igual que un adolescente, el pobre animal empezó a tener más y más "deseo", momento en el que la investigación se empezó a parar, porque el ánimal apenas prestaba atención y lo único que quería es estar con las dos hembras para, supongo, hacer sus cosas...

Al ver que la investigación empezó a pararse y que el progreso de nuestro pobre Peter se encallaba, la buena mujer no tuvo mejor idea que, para ahorrar tiempo, empezar a "aliviar" al delfín...

La pobre mujer lo cuenta en un documental que se hizo al respecto: su intención, única y exclusivamente, era dejar de perder tiempo... Al animal le daba "picorcito", ella le "aliviaba" el picorcito manualmente, el animal se calmaba y volvían a las clases de inglés...

¿Problema?

Varios... Para empezar, el animal se empezó a encariñar de su cuidadora... Los delfines son mamíferos con un grado de inteligencia enorme que, además, son animales similares a los humanos en las cuestiones relativos al sexo, esto es, pueden tener deseo o relaciones sexuales por diversión, sin buscar necesariamente la reproducción.

El animal no sólo pasaba enormes cantidades de tiempo con la cuidadora si no que, además, ella se encargaba de aliviar su deseo sexual: de ahí a que el animal empezara a desarrollar sentimientos por ella hay menos de un paso.

Y no sólo eso... El tipo que originalmente definió el proyecto, en medio del mismo, una noche en una fiesta, descubre el ácido lisérgico, también conocido como "LSD", una droga alucinógena que, durante los 60 y 70, fue objeto de investigaciones científicas sobre su potencial uso médico, así como la sustancia que movió la conciencia de una generación que buscaba nuevas fórmulas de evadirse de la realidad.

El tipo, después de la experiencia, no tuvo mejor idea que pensar que, a lo mejor, con LSD, los delfines, al igual que el, podían llegar a otro grado de conciencia, momento en el que no tuvo reparo en inyectarles la sustancia a los delfines del laboratorio.

Y como ya la cosa no podía ir a peor, sucedió que estas historias se publicaron en un artículo de la revista erótica "Hustler", donde se contó la anécdota de la cuidadora aliviando al animal, las inyecciones de LSD a los delfines... Y ahí es donde el imaginario colectivo de los lectores de dicha revista hicieron el resto.

La cosa acaba cuando Carl Sagan llega por allí, empieza a hacer preguntas, descubre que el experimento no era lo que se había prometido (entender el idioma de los delfines), sino que se estaba haciendo lo contrario (enseñar a un delfín a intentar hablar inglés a través de sus sonidos naturales o a través de su "espiráculo", el famoso orificio respiratorio que tienen en su cabeza) y que, para echarle más sal a la herida, al parecer se dedicaban a masturbar al delfín o a inyectarle LSD...

El laboratorio fue clausurado y demolido, la investigación terminó con un enorme escándalo de por medio, los delfines fueron trasladados a otro lugar y la cuidadora volvió a su vida normal...

Y todo parece que acabaría ahí y todo volvería a la normalidad, pero desafortunadamente, no fue así...

Te dije antes que los delfines son mamíferos y que tienen una inteligencia alucinante, además de la cualidad de poseer la noción de sexo recreativo sin fines puramente dirigidos a la reproducción...

Peter, el famoso delfín macho, se enamoró de su cuidadora y, al ser separados, al poco tiempo, el animal se deprimió y se suicidó (los delfines tienen la capacidad de dejar de respirar, cosa que los humanos no podemos hacer)...

El animal un día se fue al fondo del tanque donde estaba, cerró su "espiráculo" y murió de pena...

¿Y por qué te cuento todo esto?

Porque es curioso como aquellas búsquedas que yo hacía, en aquel programita, de pronto, una tarde, me llevó a investigar cosas sobre los delfines, encontrando esta historia que, aunque al principio pensé que sería algún tipo de broma, resultó ser verídica.

Te dejo aquí un artículo del periódico inglés "The Guardian", donde te lo cuentan todo... Si buscas en YouTube, encontrarás vídeos de la cuidadora, Margaret, hablando de aquello, junto con grabaciones del delfín intentando imitar los sonidos humanos...

Espero que esta historia te haya sorprendido tanto como me sorprendió a mí...

Seguiremos informando.



Paquito

Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

Twitter: @paquito4ever

Comentarios

  1. Hola Paquito:
    Había escuchado la historia hace unos diez años en unos podcasts que me descargué. Cuando lo escuché por primera vez pensé que mi nivel de Inglés no era suficiente y no me estaba enterando. Cuando comprobé que estaba entendiendo bien fui a ver de dónde los había descargado y eran de un programa de ciencia de la BBC. Comprobado el origen fiable no me quedó más que mi perplejidad. Pero veo que no soy el único.

    Como siempre, da gusto leerte.

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