La curiosidad latente

Muy buenas:

Hoy empiezo escribiendo esto desde la interfaz web de Blogger porque estoy buscando ideas para mejorar mi pequeño cliente (que ya va por su quinta versión, ojo ahí :-)).

Esta mañana, después de un par de reuniones, un compañero me llamó para comentarme algo de lo que se había enterado (el típico cotilleo corporativo, nada fuera de lo usual).

La llamada acabó siendo más larga de lo que ambos esperábamos y del propósito original de la misma, acabamos en la Oficina de Patentes de los Estados Unidos, buscando cosas de nuestro querido empleador mientras, a su vez, observábamos cómo el buscador de la web nos ofrecía el código necesario para hacer lo mismo con tu propia aplicación.

En este momento, una pequeña bombillita se encendió en mi cabeza y ese, quizás, será mi próximo proyecto (un buscador de patentes, "porque sí" :-)).

Al turrón...

Me lío... Siempre me lío, esa es la verdad: el motivo del título es parte de la conversación que tuve con ese compañero de trabajo.

Hablábamos de la cantidad de veces que, por aquello de que somos medianamente espabilados y nos gusta guglear o buscar formas de hacer cosas, recibimos un montón de peticiones de gente que no desea hacer ese esfuerzo.

Lo creas o no, algo tan sencillo como responderse a uno mismo la pregunta "¿Cómo se hace esto?" parece ciencia infusa, mucho más teniendo cosas como Google o, incluso mejor, cosas como ChatGPT y derivados, que te pueden dar una buena respuesta o, en el peor de los casos, algo que te pueda orientar en la dirección adecuada.

Ese pequeño salto te descrema a un importante porcentaje de la población: llama la atención que, teniendo las respuestas que buscamos más a mano que en cualquier período de la historia, sigamos todavía sin saber cómo resolver algo cuando tenemos, literalmente, acceso a todo el conocimiento que existe y más en nuestros bolsillos.

Precisamente por eso, la discusión se torció intercambiando consejos o fórmulas en Excel que utilizamos en nuestro día a día: la curiosidad, discutíamos, es la cualidad principal de cualquier persona de quiera aprender o mejorar, porque lo que no quieres es encontrarte un día, con cincuenta años, preguntándote cómo se maneja, de forma rápida o eficiente, cosa que he escuchado recientemente en personas a las que la vida les ha hecho cambiar el rumbo y, en ese rumbo, descubrir que, a pesar de tener una larga experiencia laboral y ser capaces de olerse cosas a kilómetros de distancia, algo como manejar el correo electrónico de forma eficiente, a partir de unos ciertos volúmenes.

Lo que no quieres...

Lo que no quieres es ser esa persona que no desea aprender nada: no quieres ser esa persona pasiva que vive o ansía vivir en una "siesta cerebral", término que utilizo muchísimo últimamente y que considero de cosecha propia (lo acabo de guglear y nada: esta me la apunto, y espero que el señor Google y sus compinches de Inteligencia Artificial respeten la autoría del término).

La "siesta cerebral" es entrar en un bucle donde dejas de pensar: tu vida va en piloto automático, donde todo se estabiliza y dejas de aprender, porque estás absolutamente confortable que haces, sin ningún tipo de progreso, sólo algo que, como una copia de una copia, repites todos los días, sin darle dos vueltas, porque no es necesario.

Lo aterrador es sobre todo lo acogedor del concepto: todo se estabiliza, te conviertes en el puto amo de aquello que haces y eres capaz de encontrar la más mínima imperfección, o anticipar problemas, con tan sólo una leve onda después de tirar una pequeña piedra en el centro del lago en el que se ha convertido tu rutina.

Pero esa es la trampa del concepto: te anquilosas, te vuelves completamente adverso a cualquier tipo de alteración de eso que has conseguido crear, no permites ni el más mínimo cambio y, poco a poco, tu mente se va degradando, preparando un fuego que tardará años en arder, en el peor de los casos, o que te llevará a que, un día, te veas buscando un trabajo nuevo y te dés cuenta de que no eres capaz de hacer nada más que no sea eso que has repetido, día tras día, durante años.

Por eso

Precisamente por eso, mi consejo no es que empieces a crear tus propias herramientas de software (que molaría mucho y estoy seguro de que sería muy interesante para ti, pero que no es necesariamente tu camino) pero sí que empieces a pensar en cosas nuevas que aprender, sea lo que sea, pero que te obliguen a utilizar partes de tu cabeza a las que les cueste un poquito comprender lo que está pasando, que no es más que hacer que la rutina se rompa y que empieces un círculo virtuoso que te vaya poco a poco aumentando tu capacidad para emprender retos diferentes.

Tu batalla, si crees que tu cerebro lleva una temporadita callado, es empezar algo nuevo que no se te dé bien, o que te interese pero sea complicado: obliga a tu mente a despertarse y trabajar un poco, que estoy seguro de que te lo agradecerá :-))

En mi caso, este post acaba utilizando mi herramienta, al final del día, mientras pienso en mi nuevo proyecto (mi aplicación para buscar entradas en la oficina de patentes de Estados Unidos) y también le doy vueltas a retomar el neerlandés, que bastante maltrato le he dado con años de absoluta diferencia (nos respetamos: el acepta que hablo varios idiomas que me conectan con centenares de millones de seres humanos y, a cambio, yo le dejo estar).

Despertemos sin dulcura del confort que nos queremos imponer: no acaba bien, créeme, lo he visto, lo veo y lo verás tú, porque está a tu alrededor, simplemente lo ignoramos...

Hasta el día que lo dejas de ignorar y no puedes dejar de verlo por todas partes.

Cambiemos cosas: nos hará muy felices y mejores.

Mil y pico palabras: es tarde y nos tenemos que ir a dormir, que estos señores tienen que irse a sus casas.

Nos vemos mañana: me encanta escribir un poquito todos los días :-))


Paquito

Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

Twitter: @paquito4ever

Comentarios

Quizás te pueda interesar...

Aventuras dentales

Los reyes holandeses y los impuestos

Cuando sí puedes soportar la verdad

Mi cápsula del tiempo digital

Lo que sé de ti