Por fin es viernes

Buenas:

Volvemos a la pantalla negra con letras en verde, donde escribir parece más placentero de lo normal (es lo que tiene no tener distracciones): ya lo iba echando de menos, la verdad.

¿De qué va el turrón hoy¨

Me gusta que nos dejemos de zarandajas y que empecemos rápido y bien, que ya va siendo hora de darle a la blanda y contar cosas.

Ayer por la tarde, en un momento de lucidez insólito, decidí empezar a tomarme la tarde de los viernes libre.

¿?

Correcto: esa es la actitud de una persona de bien que, como buen ciudadano, se hace preguntas (o debería hacérselas) y que, en este caso, se cuestiona la lucidez del que aquí escribe, que es lo lógico, teniendo en cuenta que la consideración de claridad mental se reduce a tomarse la tarde del viernes para asuntos propios.
Obviamente, esto tiene un coste, en este caso, 4 horas de vacaciones que se deducen de mi cómputo total, pero como tengo la de Cristo acumuladas, poquito a poquito "tacita a tacita", que le enseñó un buen amigo mío a un alemán de por aquí que era conservador en el gasto y miembro de la cofradía del puño cerrado (un fuera de serie el amigo) así que mejor gastarlas y, los viernes por la tarde, tenerlos para zanganear un poco, que es realmente lo que una persona claramente en los cabales debería hacer en su vida.

Y tengo pruebas, así que me explico.

Ojo que se va a explicar

Desde el principio de los tiempos, la nobleza y las clases altas se han caracterizado por, a partir de un cierto nivel de riqueza, dedicarse con ahínco al asueto, que era realmente la fórmula de demostrar que uno se había pasado el juego y que, a partir de ahí, la competición era cómo demostrar que podías vivir mejor que nadie haciendo el mínimo esfuerzo posible.

Eso es lo que hizo desde siempre la gente de bien, hasta el punto en el que el cristianismo, cuando se expande por el Imperio Romano, decide que no y, a pesar de permitir comer cerdo y hacer cosas que los cristianos originarios (una secta del judaísmo, recordemos esto), trae a colación el tema de los pecados, muy en particular los capitales, que venían a recoger, curiosamente, todos los comportamientos negativos de la sociedad, conectados con el mal carácter comer, con el fornicar, con las cosas de los dineros y con el vivir demasiado bien.

Hay un tema con el asunto de la riqueza y el asueto que llevan mal los que entonces dicen que ellos representan a la voz de un dios en La Tierra: curiosamente ellos son los primeros que, retirados del mundanal ruido, no tenían problema con ejercer todos esos pecados, sobre todo con los relacionados con el dinero y el poder.

Y ahí, un buen día, un sacerdote de Alta Sajonia, un poquito harto del cachondeo y negocio que se habían montado, decidió protestar y, con ello, traer nuevos valores a esa creencia anquilosada en el tiempo y, sobre todo, en el poder.

Porque, recordemos, eso de que el pueblo le confiese al cura sus pecados le da un poder infinito a uno para que se haga lo que el diga.

El señor de la Alta Sajonia abrió el cajón indebido

Mira que hubo cosas que hizo muy bien el señor (entre otras, eliminar la confesión) y cosas que no hizo bien en absoluto (un antisemita de tres pares de narices) pero una de las cosas donde la cosa se le fue de madre fue que la laboriosidad sería recompensada por el ser supremo, una vez que la riqueza no era pecado, sino el fruto de tus buenas acciones o de tu esfuerzo.

Y ahí, amiguitos, es donde empieza el problema, porque a partir de ese momento, la laboriosidad se consideró virtud y el asueto se consideró holgazanería.

PERO

Con el tiempo, los laboriosos protestantes le han empezado a pillar el gusto a es o de tocarse el bolo pero la reputación ya está hecha: los señores son muy trabajadores y los provenientes de según qué latitudes somos observados con un cierto punto de sospecha, lo cual es maravilloso, sobre todo cuando eres tú el que los pone de "zánganos" para arriba (expresión maravillosa donde las haya).

y por eso, precisamente por eso, porque han tardado centenares de años en entrar en razón (la cabezonería protestante centroeuropea es harto legendaria: cuando se ponen cermeños, no hay voluntad que les saque de romper el muro a cabezazos) es ahora cuando uno puede disfrutar con tranquilidad de la llegada del sentido común

Sí: permitirse un cierto grado de holgazanería no es sólo malo, sino que es necesario, para poder permitir a tu cuerpo y a tu mente el reposarse y, en la medida de lo posible, utilizar esos momentos para reflexionar (los modernos lo llaman "meditar", que aquí no suena a que estás mirando a las musarañas).

Y precisamente por eso, porque reivindico trabajar como un cabrón para luego poder zanganear todo lo que puedas, soy partidario de tomarse, en la medida en la que no afecte a aquello que te da de comer, un ratito de descanso, de cuando en cuando, que no se note mucho, pero que te permita reposar un poquito la cabeza.

¿Quién sabe? A lo mejor, en esos momentos de relax te da por ampliar tu creatividad, o retomar un buen hábito, como la lectura, o peor: la escritura.

Uno nunca sabe por dónde salta la cosa, pero la cuestión es que todo vuelve, com o dice alguna filosofía oriental (estoy seguro: el mundo es circular en sus tradiciones y creencias) y precisamente porque aquello que nos contaron de que éramos mejores trabajando como burros para la grandeza de otros, en realidad es una burda mentira.

Haz lo que tengas que hacer: haz aquello que te haga feliz, haz aquello que te paga las facturas, pero intenta, de cuando en cuando, escaparte, como cuando tienes un precioso día en Ámsterdam y dudas si debes volver al trabajo o no.

Si la duda te invade, entonces estás en el lado correcto de la historia, tranquilo.

Es viernes por la tarde, hace un día maravilloso hoy: vamos a darnos un garbeo.

Abrazos.

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