Un Jueves Santo completamente anodino

Buenas:

Hoy sí que sí, volvemos a la pantalla negra con caracteres verdes, así que pongámonos cómodos, "crujamos" las falanges de nuestros dedos y empecemos a aporrear el teclado como si nos fuera la vida en ello y, como en la película del chico interesante y la chica guapa, si bajamos de las cincuenta palabras por minuto, el autobús explotará (si tienes una edad y un cierto grado de culturilla cinematográfica, sabes perfectamente de qué película estoy hablando y, si no, pues me parece que la IA te explicará con todo lujo de detalles de qué diablos estoy hablando)

Al turrón...

Toda la razón del mundo, perdón, perdón, perdón: es que me lío y me encanta irme por las ramas, lo cual es un signo evidente de que me hago mayor y pierdo el hilo.

Es Jueves Santo y, en algunos lugares de la cristiandad donde hay sentido común, hoy es festivo.

Digo "donde hay sentido común" es algo por lo que estoy dispuesto a luchar: que haya lugares que presuman de la tradición judeocristiana y que al mismo tiempo decidan que ni el Jueves, ni el Viernes Santo, sean festivos, es propio de gente que perdió el norte hace mucho tiempo, porque esto de la laboriosidad protestante es una filfa y, encima, somos los más tontos del lugar, con el número de festivos más bajos de nuestro entorno.

La culpa de todo la tiene Juan Calvino

Correcto: es la hora de empezar a señalar los culpables de que, el que está hablando, como un animal, tenga que trabajar en días destinados al asueto, que los festivos incentivan el cariño, el descanso, la meditación y el buen disfrute de la vida.

Todo esto, todo todito todo, es lo que el señorito, francés que acabó en Suiza (lo que mal empieza, mal acaba) y que, como no tenía mejor cosa que hacer, decidió que, ya que íbamos a protestar la cristiandad (que yo soy muy partidario, ojo: Martín Lutero entendió claramente la jugada) íbamos a convertirnos en una banda de siesos sin sangre.

Es decir: pretendió que el mundo fuera Suiza y sí, Suiza es un país cojonudo, que lo es, pero cuando uno piensa en la palabra "Felicidad", por lo que sea, no es el país que primero se te viene a la cabeza.

Calvino además, como no tenía sentido del humor, fue a dar también en su momento con un jovencito español, Miguel Servet, que era muy listo y, sobre todo, como buen español, un cachondo mental y un tocapelotas como pocos (aragonés: muy, muy, muy, muy grande :-)).

Servet se choteaba del buen Calvino: se escribía cartas con él y le encantaba anotarlas con jocosos chascarrillos sobre el buen pastor cuyo mensaje era "Estáis todos jodidos y condenados: vuestra vida es una mierda y sólo el Creador, si un día se acuesta sin cenar fuerte, puede que se levante al siguiente y perdone vuestra existencia pecadora..."

Hombre... No lo diría así... ¿No?

Responderé aquí a la italiana que "se non è vero, è ben trovato".

Entonces... ¿Qué pasó a continuación?

Y claro, como la premisa de una comedia episódica de televisión generalista americana de los noventa: ¿Qué sucede cuando juntas a un señor mayor que niega la salvación del alma a los mortales con un español que se chotea de sus polleces?

La respuesta fue que el amigo Calvino denunció lo que el otro le contaba en sus cartas (historias alrededor de la sagrada Trinidad y otras historias de corte religioso) ante las autoridades francesas, lo cual le costaría el exilio y, cuando llegó a Ginebra lo delató, de ahí que acabó apresado, mientras el otro hizo lo imposible porque pagara bien claro haberse choteado del señorito, haciendo que al final lo quemaran en la hoguera: los honorables suizos, que estaban condenados al fuego eterno hicieran lo que hicieran, según el mismo Calvino, convinieron que mejor hacerlo, que a saber qué otras imbecilidades pariría aquel señor con tan poco sentido del humor y así fue como sucedió.

Para vergüenza de la ciudad de Ginebra, cuyos teólogos, a día de hoy, intentan todavía justificar la salvajada mientras te ponen caritas de "Sí: se le fue un poco la mano", como si no hubieran sido las autoridades de la ciudad, y el regocijo de sus ciudadanos (pobre gente: el señor no les dejaba ser felices) viendo la barbacoa de ser humano.

Y esto lo sé porque me hice un curso sobre Calvino y la Reforma en, precisamente, la Universidad de Ginebra, así que es lo que hay.

¿Y esto que tiene que ver con Holanda?

El calvinismo acabaría recalando aquí, en el norte de los Países Bajos, en la provincia de "Holanda del Norte"... En el sur quedarían los católicos, "Holanda del Sur", "Las provincias leales" y dicha diferencia se percibiría hasta el día de hoy, donde uno conduce unos 70 kilómetros y descubre una parte del país donde la vida es ligeramente diferente, más amable, más pausada...

Y con más fiestas, porque en el sur se celebra Carnaval, por ejemplo.

Y aquí, en el norte, padecemos las enseñanzas de un señor amargado, un abogado fracasado que, no contento con la iglesia de Roma (cosa que uno entiende sin cuestionar un sólo ápice), decide alzar la voz, crearse enemigos, escapar de la muerte por herejía y, como uno que yo me sé, acabar en Ginebra, pensando que estaría "una noche" y acabar su vida allí reformando a la iglesia del lugar, párrafo a párrafo, escrito a escrito...

ESO, es lo que llegó aquí... ESO, y ESOS, que fueron ridiculizados por Voltaire, que era un campeón, un tipo listo, quizás demasiado (algún día hablaremos sobre él) y del que me estoy leyendo ahora cosas suyas, porque algo maravilloso de la escritura es que, mientras la ejerces, puedes a su vez parar y ponerte a mirar otras cosas, como por ejemplo la descripción del amigo Voltaire sobre todo aquel tiempo.

Y todo esto porque no tienen Jueves ni Viernes Santo, ¿No?

Efectivamente.

Pero... Tú podrías tomarte vacaciones, ¿No? Seguro que un montón de compañeros tuyos lo han hecho, fijo

Te iba a contestar, y lo iba a hacer con una respuesta de nivel legendario: se habrían escrito poemas y compuesto canciones con lo que te iba a decir, pero ya he escrito las famosas "mil y pico palabras" y tampoco me voy a poner a hacer ni alardes ni excesos, que si no a uno lo acusarán de presuntuoso y por ahí sí que no paso.

A ver si al final el tal Calvino iba a tener razón...

Mañana más, pero en Viernes Santo tampoco esperes milagros (eso es más para el domingo de Resurrección :-))

Un saludo.

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