Las penurias de una tarde nublada

Muy buenas:

Nada en este mundo como ser cómplice de una de las maldiciones más deliciosas que conozco y que resumen a grandes rasgos lo que ha sido el día de hoy, con sus interludios, sus habituales momentos de genuina diversión, perplejidad o, en un momento determinado, extrañeza ante lo que uno cree que algo es y que, de pronto, se tuerce.

"Ten cuidado con lo que deseas" es una de esas fantásticas formas de darle un toque curioso a alguien, en particular con aquello que alguien puede querer y que, indirectamente, deseas que así suceda para darle algo al proponente que, de alguna forma, sabes que no irá bien.

Turrón deseado

Empecemos por el deseo, si no te parece mal (aunque bueno, soy yo el que escribe esto, así que tampoco tienes mucha opción, también es cierto): desde hace unos días hace un calor tremendo y uno, que lejos de los clichés, detesta el calor como pocas cosas, a pesar de su moreno de oficinista, lleva batallando contra los elementos de la climatología, deseaba con ardor el anuncio de la aplicación del tiempo en el teléfono que decía que, hoy, por fin, íbamos a tener lluvia, nubarrones y hasta alerta de viento, ojito ahí...

Y con esas empezó el día: abriendo un poquito las ventanas, sintiendo todavía el calor de los últimos días, hasta que el amanecer no llegó porque, si vives por aquí, sabes lo que es un día nublado, donde hay luz, pero no hay radiación solar real (literalmente no puedes apuntar al cielo y decir "ahí está el sol").

Las desilusiones de las pequeñas esperanzas son las peores

Sobre las diez de la mañana, trabajando en mi despacho en casa, empiezo a notar que la habitación está calentita, así que abro la puerta y pruebo a ver si soy capaz de crear una corriente de aire en la casa, que mirando al cielo y viendo los nubarrones, me restriego las manos con la alegría que espero que la bajada de temperatura haga su magia y que, por fin, el muñeco de nieve de Frozen retoce con felicidad ante lo que yo esperaba que sería una maravillosa bocanada de aire fresco...

Y ahí, niños y niñas, es donde radica el problema, porque lo peor que puedes hacer es ilusionarte sin tener todos los elementos de juicio bien contrastados y verificados, un "fact check" a lo Ana Pastor que se cague la perra y que te deje las orejas temblando.

Porque, al abrir las ventanas de ambos lados de la casa, en ese momento descubro la verdad.

¿Cuál es la verdad?

La verdad es que no hay viento... Empezamos mal: no hay corriente, no sucede nada... Decido salir al jardín para ver cómo está el día y ahí el bofetón de humedad me recibe con honores de visita de Estado que podría tener cualquier presidente de una república seria: me ha faltado la banda militar y el desfile, porque de pronto siento el bochorno.

Y es, otra vez más, la tercera o cuarta que he sentido eso aquí, donde los cielos están cubiertos e incluso notas que está a punto de llover por las gotitas de lluvia que caen, pero hace calor, lo cual para mí es un contrasentido, pero no lo es en según qué latitudes del mundo, signo inequívoco de que, efectivamente, el planeta está cambiando y la climatología así nos lo indica.

Ahora mismo, mientras te hablo, miro por mi ventana al cielo... El día está acabando (son las diez y media) y la sensación es de cielo oscuro, no ya por la hora, sino porque, efectivamente, está nublado, pero nada cambia la sensación térmica.

Estás en un pequeño estudio con un ordenador y un monitor: entre los tres, estamos produciendo calor y, aunque en invierno, eventualmente me monto aquí un entorno de trabajo muy agradable, en verano es para sudar la gota gorda.

Y lo peor de todo

Si sólo fuera eso, pues todavía, pero eventualmente arranca a llover y ahí es donde te entra el dilema del momento, que es el siguiente:

¿Dejas las ventanas abiertas, con el correspondiente riesgo de manchar las paredes y demás, o las cierras y sigues macerando tu opulenta humanidad?

Decides que la temperatura toma precedente y dejas las cosas abiertas: ya habrá tiempo para evaluar daños, si los hubiera, pero al menos intenta buscar algo de frescor, porque tu cerebro, entre la humedad y que estamos en cada por encima de los veintisiete grados, está haciendo de las suyas.

En un momento determinado, las llamadas en la aplicación de videoconferencia del ordenata dejan de funcionar: tienes que continuar esa parte de tu trabajo desde el iPad y, como ya vas viendo que esto te puede, entre dos llamadas donde tengo unos treinta minutos, decido darme un duchazo antes de darme por vencido, porque esto se vence, como al cansancio con café, por una cuestión de testarudez, de que no va a poder contigo y que, sí o sí, llegarás al final del día habiendo cumplido tus objetivos, incluyendo tus queridas "mil y pico palabras", que créeme que hoy están costando dios y ayuda :-))

Mientras escribo todo esto, sigo mirando de reojo por allí y por allá si hay cosas de la actualidad que me podrían inspirar y, de pronto, encuentro un notición que, eso sí, vamos a dejar para mañana, así lo podemos disfrutar juntos, que tampoco hay que malgastar la munición cuando la escasez de la misma nos ronda.

"Contar las balas", práctica del ejército inglés que se hacía para saber cuántas te podían quedar en caso de problemas, versus "el gatillo fácil" que sus primos los estadounidenses practicaron siempre (eficiencia versus eficacia: el eterno debate llevado a un caso práctico de posibles consecuencias letales).

Y todo ello, ojo, mientras pienso en salir pitando y darme un duchazo más, que será el tercero del día, dejando así el pabellón de la higiene personal en todo lo alto, cosa en la que, si no recuerdo mal, los brasileños son campeones mundiales, con el mayor número de duchas al día de media en el mundo.

El duchazo: un lujo de reyes cuya cotidianeidad no deberíamos tomar por supuesta.

Dicho lo cual: hemos llegado al fin de este episodio de puro milagro: cuando el calor aprieta, no soy persona y se podrá notar en la escritura cuando te leas "esto".

Mañana hay un tema más interesante, te lo aseguro: no sé cómo voy a entrarle, pero te aseguro que merecerá la pena.

Gracias por haber llegado hasta aquí.

Un saludo.


Paquito

Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

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