El peculiar sonido de las teclas

Buenas:

No te lo puedo describir pero, esta noche ("noche", en términos europeos, es algo que está por encima de las siete de la tarde y, ahora mismo, para mi bendición, todavía el círculo dorado da señales de vida) mientras escribo estas letras, el Mac emite a través de sus pequeños altavoces un sonido que escucharías si, en lugar de usar el propio teclado del portátil, usara uno de esos teclados mecánicos que, de cuando en cuando, al dejar que mi tecno-lujuria se dispare, visito en páginas webs especializadas y que, por increíble que parezca, sus precios te pueden dejar la misma cara que pondrías intentando dividir doce mil quinientos treinta y siete entre trece coma cuarenta y tres.

Turrón con cara de división

El punto es que, de cuando en cuando, me da por comprar software cuyo único propósito es humanizar el uso que hago de la tecnología y hoy llegó el momento del que, en estos momentos, crea la banda sonora del post de esta noche (no tenemos a Miles Davis hoy, tranquilos :-)) y que es una utilidad llamada "Klack" y que, por unos seis Euros, me arranca una sonrisa que no puedo escribir, llevándome a mi niñez, en uno de esos Flashbacks que se tienen cuando se va teniendo una edad, así que agárrate, porque nos vamos de parranda mental.

Los coqueteos tecnológicos del niño Paquito

En un post escrito en Agosto de 2008, conté la génesis de lo que me lleva a día de hoy a cosas como tener tres ordenadores o adquirir una aplicación para replicar el sonido de un teclado mecánico al pulsar las teclas de mi portátil.

Cada uno de nosotros tiene "algo", y ese "algo" es una cierta inclinación hacia algún área que afecta a nuestra existencia de forma que, en nuestra relación con el elemento, conseguimos paz, felicidad, familiaridad o, simplemente, armonía.

Desde siempre, además de la tecnología, escribir lo he asociado a momentos donde la creatividad y la inspiración no es que vinieran, sino que vivían en mi cabeza, casi de forma permanente, así que sólo tenía que ponerme delante de mi máquina de escribir portátil (sí, niños y niñas: tuve eso) y, como aquel que dice, las páginas se escribían solas

En aquellos tiempos, porque siempre hay una primera vez, eventualmente hay un salto al mundo digital y ahí es donde, casi desde el principio, piensas en recrear algo que sea como la escena de la serie del niño-doctor que terminaba cada episodio escribiendo su diario en su ordenador personal (y aquí es donde no me ves, pero me pongo a buscar una de esas escenas de la serie)



Y luego dirán que uno no se trabaja los posts y que todo es anarquía y cachondeo: un incomprendido es lo que soy :-))

¿Cuál es el punto?

El punto es que cosas como mantener un blog en 2026, o ponerle sonidos a un ordenador porque te recuerdan a los teclados (IBM Model M) en los que empezaste a darle a los bichitos y donde, eventualmente, verías que tu vida se conduciría hasta donde estás hoy, en algún lugar del mundo, haciendo cosas que uno es apenas capaz de explicar, aunque lo intentas porque, como ya te he dicho muchas veces, la modernidad trae complejidades que te llevan a, como antes, poner cara de estar dividiendo números enormes de cabeza mientras ves pasar al tren en un día de lluvia sin paraguas y con frío, todo ello, te hace feliz y te evoca una nostalgia.

 En el fondo, y quizás suene pretencioso o inconsciente, pero me chupa un pie, es luchar por mantener a ese chico vivo: el señor mayor que escribe estas palabras es la evolución natural de aquel chaval que escribía relatos de su vida en una máquina de escribir, al que le encantaba leer y refugiarse en su propio mundo, obsesionado por cosas como la tecnología japonesa como el famoso "shinkansen" (el "tren bala", la primera vez de alta velocidad del mundo), o cómo ya a finales de los ochenta, los japoneses trabajaban en automatización que, en el resto del mundo, nos parecía ciencia ficción porque, Japón, literalmente, vivía en el futuro.

La creatividad y la frescura para parir conceptos sobre los que escribir, según pasa el tiempo, se desvanece de forma casi irremediable: en mi caso, y el blog así lo atestigua, el blog se abandona durante un año y medio, por aquello de no saber muy bien qué contar, cómo contarlo o, simplemente cuando, por más que pienses y hayas descubierto recientemente que, todo, al final, era cuestión de ponerse y obligarse a escribir lo que fuera, que el hábito se construye y te obliga a ponerte a darle vueltas a la cabeza, a ver qué puedes contar o cómo, porque el cuando, ahora sí, es "todos los días por la tarde-noche".

Cosa horrible, por cierto, eso del cuando: en estos meses me ha tocado tener que digerir que "esto", que tampoco es que sea el Quijote, sólo parece ser posible en el final del día y que, por muchas ganas que tenga que escribir más temprano, pues no hay forma.

Me sucedió recientemente: viendo una serie de Netflix, la señora Paquito y yo planeábamos hacernos una maratón de episodios de una serie al final del día y, por ello, me propuse, con toda la ilusión, escribir el post diario y, así tener todo el tiempo del mundo para acometer la misión, con tan mala suerte que, cuando me senté delante del ordenata, se me quedó cara de niño de tercero de EGB intentando comprender la inmensidad del universo y, por más que intenté explorar vías para así arrancar el motor de la escritura, todos mis intentos fueron abortados.

Al final, y esto es escatológico, así que es lo que hay, resulta que el escribir es como cualquier otra actividad fisiológica de tu cuerpo y, si a mí una cosa me funciona por las mañanas después de un buen café con leche, la bitácora digital es asunto del atardecer o del anochecer, dependiendo del mes del año en el que estemos.

Y eso lo llevo bastante mal, porque la acción está tomando el control, y en el fondo, es perder una guerra contra ti mismo, cosa absurda, por cuanto, aunque a veces parezca que no, en general me llevo muy bien con mi propia persona (soy un tipazo, aunque a veces puedo ser un poco intenso).

En fin: yo creo que ya hemos llegado al objetivo diario y, de paso, hemos probado las diferentes versiones de los sonidos de la aplicación: algunas son realmente ruidosas, otras son un poquito más calmadas y otras son realmente cómicas, así que tendré que encontrar el sonido que más se ajuste a mi personalidad.

"Mil y pico palabras", ese fue nuestro acuerdo, así que creo que he cumplido de sobra.

Mañana más, quizás mejor: de momento, eso sí, mil gracias por haber llegado hasta aquí.

Un saludo,


Paquito

Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

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