El día de la Keynote de Apple

Buenas:

Como uno es como es, todos los años, en estas fechas, en California, se celebra la conferencia de desarrolladores de la compañía de hardware y software Apple Inc. y, como consecuencia, hoy, a las siete de la tarde, debería de haber estado enchufado a la pantalla viendo qué tiene la compañía de Cupertino preparado para, en unos meses, tener todas sus plataformas de software preparadas para el resto del año.

Turra tecnológica

Sí, hijo sí: esto es la enfermedad, "la secta", en la que uno entra, coqueteando con pequeños dispositivos y , cuando se quiere dar cuenta, tiene todos y cada uno de los cacharritos que fabrican, donde las cosas "simplemente funcionan" y donde uno, que dentro de la enfermedad, tampoco es tonto, ve como, con los años, el precio de las cosas sigue subiendo, y subiendo, y subiendo...

Los cacharritos, eso hay que reconocerlo, son fantásticos: cada persona encuentra en los mismos su justificación de valor, aunque en realidad es mucho más conveniencia de que, como ya digo, te vayas poco a poco sumergiendo en un mundo de cosas que se conectan y se complementan entre sí.

Y, en mi caso, es una historia peculiar porque, aquí donde me ves, yo vengo del otro lado del mundo, donde las cosas eran diferentes.

Un pequeño viaje en el tiempo

En el año 2006, en Alemania, un sábado, yendo al Saturn en el centro de Darmstadt, de pronto me dio por comprarme un iPod Nano azul.

Bueno, más de "darme" en realidad fue una decisión meditada: quería saber de qué iba era fascinación por los reproductores de música de Apple, a pesar de tener uno, de cuya marca no puedo acordarme, que era muy pequeñito y muy versátil.

Recuerdo comprarlo, llevármelo a casa, descargar iTunes y empezar a cargarle música... También recuerdo que, en mi locura por la organización, me puse a cargarle portadas en los discos donde iTunes no se la podía encontrar, pulir los metadatos de las canciones a mano (mil y pico canciones, ojito) y todo ello durante el fin de semana hasta que por fin, el domingo por la tarde, le puse mis auriculares (los blancos eran muy cuquis, pero eran una eme) y me fui a la calle, jugueteando con la ruletita táctil con la que te movías por los menús y con el botón en el centro, donde hacías efectivas las opciones que hubieras seleccionado.

Y ahí se quedó la broma, durante unos años...

El veneno se extiende

El veneno se empieza a extender y, en Febrero de 2009, finalmente, cae el primer MacBook, que estaría conmigo y con mi familia hasta hace un año, cuando el pobre ya no dio para más.

Esa es realmente la entrada, por la puerta grande, al mundo de Apple: a partir de ahí es cuando la cosa empieza a irse de madre y, desde ese momento, empiezan a caer los iPhones (comprado en Madrid en una tienda que, a su vez, los importaba de Italia, que era el único país que, por ley, los tenía que vender desbloqueados), el iPad en Mayo de 2011 y a partir de ahí, poco a poco, reemplazos de los productos y añadidos como los AirPods Pro (que son, de lejos, los mejores auriculares de botón e inalámbricos que he tenido) o el Apple Watch (al que le reconozco ser un producto fantástico, pero con una batería muy deficiente: ahí los amigos de Google Fitbit los mean en la boca).

"El veneno", como verás, es una enfermedad que se extiende porque, conmigo, arrastro al resto de mi familia (mis señores padres tienen todo de Apple o les niego soporte informático).

Toda enfermedad tiene su cura

Durante unos años, la enfermedad remite y vuelvo al mundo PC (el iPhone seguiría conmigo, pero el Macbook se vuelve a España, reemplazado por "la bestia", un cacharrito brutal que aún a día de hoy sigue dando guerra) pero, en 2020, en medio de la pandemia, "la secta" saca la primera generación de procesadores ARM y ahí es donde todo se va al carajo, porque es precisamente lo que llevo esperando, desde hace un tiempo, para entrar por la puerta grande en el manicomio de los usuarios de unos productos cuyo valor se ajusta al de su precio.

Esto último, por cierto (la diferencia entre "valor" y "precio") es algo que, durante muchos años, me costó largas y coloridas discusiones, lo cual, cuando se es más joven y apasionado por temas que, en el fondo, ni te van ni te vienen, porque para eso está la edad, para liarse la manta a la cabeza por asuntos que, unos años más tarde, los mires y te hagan cuestionarte el estado mental de la criatura que, por aquella época, se podía poner en modo "erupción volcánica".

Hoy en día

Actualmente, soy un usuario de Apple más, como cientos de millones: todos los días utilizo su tecnología para las cosas más cotidianas, como conducir, usando CarPlay, o en el trabajo, mandando emails, mirando la agenda para ver mis reuniones, o el reloj, que me dice que mueva un poco el culo, o el iPad que es, de lejos, mi dispositivo favorito, porque es donde consumo casi todo lo que es digital (sentarme delante de una televisión me cuesta horrores, pero con mi iPad, tumbado en el mismo sillón enfrente de esa misma televisión, me puedo tirar horas).

Las cosas que no me gustan

Las cosas que en los últimos años no me gustan son ciertas políticas de la empresa de Cupertino.

La primera es la integración de sus servicios de pago: está muy bien que tengas opciones del proveedor de servicios para hacer cosas como copias de seguridad, por supuesto.

Lo que no está bien es que estés constantemente intentando recordarlo cuando no lo quieres usar, ni que permitas otras opciones, ni que intente que todo lo que puedas meter en el cacharro tenga que ser, porque los señores consideran que es más conveniente.

Mi último teléfono, comprado hace unos meses, tardó cerca de media hora en, simplemente, hacer las configuraciones básicas, antes de empezar la migración de la copia de seguridad.

Seguía preguntando y pidiendo cosas, una y otra vez...

Otra cosa también son las prácticas comerciales donde intentan que, sí o sí, tengas que pasar por sus pasarelas y, por tanto, tener que pagarles (el desarrollador, en este caso) una comisión por vender un servicio de una aplicación en su teléfono.

Varias sentencias judiciales por el mundo van confirmando que eso no está bien, pero hay un problema: la compañía es de un tamaño tan gigantesco que eso de dejar de ganar dinero que casi casi "cae del cielo" (el famoso 30% de lo que las aplicaciones cobran para sus cosas) como que les viene mal.

Y al igual que uno puede disfrutar de los productos o servicios de una organización y admirar lo bien hechos que están, también puede criticar algunas de sus cosas, porque nada es perfecto, sobre todo cuando hay dinero de por medio.

Mucho, mucho, mucho dinero.

Y entonces... ¿Qué han anunciado hoy?

Pues lo que se esperaba, supongo, que es una "no respuesta" fantástica... Sus plataformas de software, que después de la última versión quedaron muy dañadas por decisiones de diseño muy cuestionables, van a ser refinadas, que es algo que les vendrá muy bien (en particular, optimización de recursos: Apple es la única compañía que habrá estado dando soporte a teléfonos lanzados hace seis años con la última versión de software, ojito).

Por encima de eso, algunas funcionalidades de control parental mejoradas y, sobre todo, Inteligencia Artificial, que ya estaba tardando en aparecer (mucha contextualización de información personal para, cuando estés haciendo algo, tu dispositivo pueda realmente buscar o encontrar la información por la que le preguntes).

De esto último, por supuesto, han estado hablando un buen rato... Veremos a ver, cuando lo saquen, como funciona (ya lo intentaron una vez y no fue bien, aunque esta vez han pedido ayuda a Google).

Y con esto, y un bizcocho, son las diez de la noche y me estoy muriendo del sueño.

Mil y pico palabras, ese fue nuestro pacto.

Gracias por tu atención y un saludo.


Paquito

Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

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