Encontrarte y entenderte

Buenas:

No sé si lo he contado aquí alguna vez, pero me gusta traerlo de vez en cuando a colación...

Fue hace unos años, viviendo ya en Holanda... Un buen amigo me manda un mensaje y me dice:

"Hoy he aterrizado entre dos belugas: averigua donde estoy"...

Sonreí... Las ventanas de la oficina mostraban el plomizo cielo que, con los años, se convierte en rutina aquí en los Países Bajos... Me levanté y me fui a la máquina del café: me serví la correspondiente bebida calentita, volví a mi sitio y seguí sonriendo...

30 minutos más tarde, en un centro empresarial situado en un país europeo, una muy agradable y simpática recepcionista recibía una llamada de una persona, con un acento peculiar, preguntándole si, por favor, le podía pasar con un visitante español que había llegado a esa oficina esa misma mañana...

Ante la sorpresa de la misma, la buena mujer concedió el requerimiento y, unos 30 segundos más tarde, mi buen amigo recibía mi respuesta:

"Te pillé".

Desde pequeño, encontrar a personas me ha resultado uno de esos pequeños placeres que le producen a la persona que, en la medida en la que un puzzle tiene una dimensión diferente, acentúan su capacidad para la concentración y la deducción.

Así por tanto, el abajo firmante, que nunca fue gran amante de las matemáticas, descubrió un día que, si a los numeritos de marras, se les ponía delante el símbolo de una moneda (sea el del dólar, el yen, la libra o el euro), de pronto los números empezaban a hablarle con la misma claridad con la que me podrías escuchar si estuvieras delante de mí.

Esto, que a priori no es difícil, en el mundo actual es la mar de sencillo: uno de mis retos fue, precisamente, hace unos años, editando un artículo en la Wikipedia que me resultó curioso que no existiera en castellano, alguien me retó a que sería capaz de encontrar, exactamente, qué es lo que había estado haciendo en la enciclopedia de Internet...

No lo consiguió, pero por los pelos (quizás porque, de forma involuntaria, puse una serie de mecanismos que ocultaron exactamente qué es lo que había hecho).

Pero no sólo se queda ahí (buscar agujas en un pajar es complicado, pero es mucho más divertido jugar a Sherlock Holmes, indagando y siguiendo diferentes pistas hasta obtener un resultado): con los años, aprendes a leer el comportamiento de las personas, deduciendo así lo que, sin ser evidente, demuestra estar conectado de alguna forma.

Alguien menciona un lugar y, a partir de ahí, deduces relaciones personales de todo tipo: alguien saca un bolígrafo con tal o cual logo y sabes dónde ha podido estar haciendo el qué, un cambio de vestimenta, un cambio radical de corte o color de pelo...

Todo son pistas: silenciosas pistas que esperan ser encontradas.

Un email escrito de tal o cual forma te puede decir mil cosas que no tienen nada que ver con el contenido del mismo: la expresión escrita, sobre todo cuando alguien utiliza un segundo o un tercer idioma, enseña un montón de cosas (desde la estructura mental para construir conceptos hasta la habilidad lingüística para desarrollar los mismos).

Recientemente, alguien vino a mi mesa para enseñarme una presentación... Apenas un par de minutos más tarde, ante mi atónita expresión de incredulidad, lo dejé caer:

- Sólo por curiosidad... Eres ingeniero, ¿Verdad?
- Bueno, fui desarrollador de software durante muchos años.
- Sí, eso es evidente... Java, ¿Verdad?
- ¿Por qué?
- Porque esto está hecho para personas que comprenden conceptos de una forma que no responde al paradigma de aprendizaje de población normal.

Hace muchos años, cuando vivía en Madrid, rodeado con gente de mil y un lugares, empecé a adoptar modismos y expresiones de diferentes lugares de España... "Mi niña", "Estás malín", "¿Y cómo?", "Cacharrico"...

Solía decir, adoptando el tono, que no el acento, del lugar al que la expresión pertenecía, lo cual me llevaba a situaciones divertidas, sobre todo en lugares públicos, donde alguien, de pronto, al escuchar decirte tal o cual cosa, preguntaba si eras del lugar correspondiente.

- Anda... ¿Eres de xxx?
- No... Pero... ¿A qué mosquea?

Ya conté la anécdota de San Petersburgo, cuando aquel ruso me contó la historia de aquella chica que conoció y que era de Barcelona... Después de la comida, media hora más tarde, con apenas un nombre y una ciudad, encontré a aquella mujer y le di todos los detalles de su vida, mientras mis compañeros rusos y el propio interesado no daban crédito a lo que acababa de suceder.

Mi amor por Sherlock Holmes es famoso... No sólo por el personaje en sí, sino por sus circunstancias (desde su creador hasta por qué Holmes era y actuaba de la forma que lo hacía)... Desde pequeño, me ha gustado jugar a los detectives, entender las causas de un suceso, encontrar lo oculto, descubrir algo que nadie haya sido capaz de encontrar...

Así, por tanto, las historias de los descubrimientos de sarcófagos del antiguo Egipto me fascinaban, como cualquier historia o leyenda, como la de "El Dorado", sobre la que ya hablamos aquí en su día (más en concreto sobre uno de sus protagonistas, cuyo nombre siempre me llamó la atención).

House M.D. era un show sobre un médico cascarrabias que fue directamente inspirado en Sherlock Holmes... Gracias a el aprendí algunos rudimentos en terminología médica, así como anécdotas de síntomas que, siendo visibles, a priori alguien no puede leer...

Gracias, precisamente, a una anécdota que viví en mis años mozos, diagnostiqué un problema médico grave a una compañera de trabajo que, si no hubiera sido por el comentario que le hice, nunca se habría pasado por el médico.

Prestar atención a los detalles te lleva a una discusión hace poco, donde conseguí crear un pequeño algoritmo que, basándome en los zapatos de una mujer, puedo saber temporada del año, tiempo del día, criterio de vestimenta y actividad a realizar.

Una de mis compañeras le contó la historia a su novio y, después de validar con ella, el tipo, según la susodicha, me dedicó la siguiente lindeza:

"Tío: eres un puto genio" (del inglés: "Dude: you are a fucking genius").

Escuchar la cadencia del sonido de las pulsaciones de las teclas en el teclado del ordenador te dice si la persona está escribiendo un mail, un documento o si está enviando mensajes a través de la aplicación de mensajería instantánea de turno, al igual que, al observar a una persona mirando a la pantalla, puedes saber por la expresión de sus ojos si lo que está haciendo tiene que ver con el trabajo o no.

Y así, con unas cosas y otras, llegas a veces a conclusiones acertadísimas o a errores garrafales (hay gente más fácil de leer que otras)... Y cuando uno comete un error de juicio garrafal, pues se pone a evaluar qué es lo que ha fallado y por qué, por aquello de aprender...

Pero cuando ves esa miraba furtiva, cuando ves que una persona se despide de un grupo y que otra lo hace 15 minutos más tarde, tomando caminos diferentes, nada como preguntar al día siguiente a uno de ellos que qué tal anoche con la otra persona para, con una sonrisa, declarar caso cerrado.

Esto último sucedió hace ya 17 años, en una preciosa ciudad del centro de Francia... Todavía es recordado por la persona.

Por eso, cuando el otro día aquella chica empezó a dudar sobre por qué se estaba comprando una casa nueva, cuando sus ojos se cerraron me dieron a entender que mi compañero, sin saberlo, acababa de tocar un tema interesante...

Y uno, jamás, debe tocar un tema interesante cuando alguien delante de mí intenta ocultar algo :-))

Recuerda: presta atención... Está delante de ti, esperando ser descubierto, sea lo que sea.

Seguiremos informando.


Paquito
Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es
Twitter: @paquito4ever

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