Una semana de mi vida

Lunes

Empiezo el día temprano, no sé muy bien cómo, porque últimamente me levanto tarde, pero decido empezar la rutina y, cuando me quiero dar cuenta, ya estoy duchado, vestido y delante del ordenador del trabajo leyendo correos electrónicos.

Entre correo electrónico por aquí, reunión por allá, charlas en el software de mensajería instantánea entre tal y cual colega, pasa el tiempo y es la hora de la comida: en las reuniones virtuales básicamente he estado escuchando, he hablado en unas cuantas y he liderado un par.

Bajo rápido a la cocina, pongo el Tupper en el microondas y me pongo a escuchar las noticias (ya queda menos para que el nuevo presidente de Estados Unidos jure su cargo).

La tarde es también una locura y otra vez, sin apenas percatarme, ya ha llegado la hora a la que, se supone, mi trabajo termina pero, esta vez, desde hace muchísimos años, decido hacer caso al reloj y cerrar el ordenata.

Como algo rápido para cenar y me pongo a ver un episodio de "The Queen's Gambit" en Neflix: la señora Paquito, que tiene más conocimiento que yo, dice que no nos hagamos maratones y que veamos un episodio por día.

Sé jugar al ajedrez, tengo una infancia muy triste, una vida un poco disoluta, soy guapa, pelirroja y pongo caritas de "femme fatale" todo el rato... ¡Lo voy a petar en Internet!

Martes

Me vuelvo a levantar temprano y, con eso de que cerré el ordenador a la hora que debo el día anterior, tengo un montón de trabajo acumulado.

Decido meter las cosas en cintura pero pronto empiezan las interminables horas de llamadas telefónicas que, desde el confinamiento, ocupan la agenda de mi día a día, desde las 9 de la mañana, hasta las 5 de la tarde, incluyendo horas de comida.

El sonido de mis subidas y bajadas de escaleras, mientras asisto a dichas llamadas desde mi iPad, ya es conocido, como también conocido es el sonido del microondas mientras caliento mi comida.

Mucha tecnología en internet y mucha leche, pero los microondas y las cafeteras se han convertido en la banda sonora de las conversaciones profesionales en el 2020 y principio del 2021.

La cantidad de trabajo se acumula, pero quiero ver hasta donde llega la cosa... Lo bueno de un atasco en el correo electrónico y las tareas que todo trabajo conlleva es que, eventualmente, fuerzas una priorización de las cosas, así que ahora quiero ver qué es lo que cae primero, porque llegará pronto, pero no sé exactamente el qué.

La tarde termina con una llamada donde, en apenas 15 segundos, zanjo una discusión de 45 minutos... Hay cosas que, sin saberlas bien, sólo requieren sentido común y de la curiosidad para averiguar qué puede estar fallando en una cosa...

Esto, al parecer, es como explicarle a un chimpancé qué es la teoría de cuerdas o la energía oscura...

La noche acaba con otro episodio de la ya nombrada serie en Netflix (se está poniendo interesante, así que vemos dos episodios del tirón).

Miércoles

más llamadas, más locuras y un problemón del 59 al que tengo que ponerle buena cara: curiosamente, ni me afecta, así que sólo explico lo que hay y pido paciencia al personal.

Comida virtual con el jefe al mediodía: desde mi iPad, mi jefe ve a un señor zampándose un Tupperware de puré de verduras mientras le cuenta las cosas que hace y las cosas que no, cosa que le agradezco (le gustan los rodeos, porque no le gusta la confrontación, pero es muy claro en todo lo que me dice y, además, es capaz de argumentar aquello que el cree que es de una forma o de otra).

Por tercer día consecutivo, termino de trabajar estrictamente a las cinco de la tarde... El trabajo se sigue acumulando, pero ahora la curiosidad me empieza a vencer, así que dejo crecer la pila, mientras sigo pasando el tiempo en interminables llamadas telefónicas donde, a veces, hablan de temas que me interesan o sobre los que tengo algo que decir.

Para el resto, simplemente, hago acto de presencia y me dedico a leer mail o a responder a otras cosas.

La noche acaba con otros dos episodios de la serie de la jugadora de ajedrez que tiene una curiosa vida personal y unos hábitos de vida poco recomendables.

Jueves

Me levanto tarde y entro como tal a una reunión dando los buenos días, porque me encanta hacer amigos (mi record personal es aparecer en la oficina un viernes a las siete de la tarde diciendo un artificialmente alargado "¡Buenaaaaaaaaaas!" mientras las pocas personas que quedan, todas de origen extranjero, detalle importante, me miraban sin dar crédito).

Una de las cosas de las que todavía disfruto es el poder permitirme según qué lujos (y uno de los lujos que disfruto es que, según qué cosas, no permito que se me apliquen, a cambio de otras, claro está, porque nada se da por nada).

Después de la entrada triunfal, empiezo el Kung-fu verbal: es una reunión con gente importante, así que pronto tomo la iniciativa para una serie cosas.

Truco: si conoces tu trabajo y los elementos que lo componen de forma adecuada, con la debida autoridad no sólo nadie te discute, sino que además cuestionan sus propios planteamientos.

Nota: no es particularmente beneficioso para tu carrera profesional, pero cuando llegas a un punto en el que eso de la carrera profesional te chupa un pie, es un carísimo capricho que, si lo deseas, te puedes permitir.

El resto del día, para variar, metido en teleconferencias donde, esta vez, decido simplemente ponerlas de fondo mientras sigo trabajando en otras cosas.

Desafortunadamente, se empiezan a aprender el truco y, pronto, para pillarme, dejan caer mi nombre cada equis minutos preguntando mi opinión...

Eso me obliga a escuchar cosas que, honestamente, creo que no me requieren, pero en fin... Ahora, cada vez que dicen: "¿Y tu qué piensas Paquito?" respondo rápido y todo el mundo es feliz.

Echo de menos estar en una oficina, donde el 50% de las cosas que ahora requieren reuniones antes se resolvían conmigo yendo a la mesa de tal o cual persona y hacer un par de preguntas, o simplemente yendo a tomar un café con dos o tres personas y resolver algo en cinco minutos.

La tarde acaba una vez más a las cinco mientras veo que hay gente que intenta contactarme a través de los diferentes servicios de mensajería instántanea que la organización pone a nuestra disposición y que, convenientemente, ignoro cuando cierro la pantalla del ordenador.

Los dos últimos capítulos de la serie de moda en Netflix se devoran esa noche: la señora Paquito y yo coincidimos en que queremos una segunda temporada.

Viernes

Después de un inicio prometedor como pocos (una conferencia telefónica a la que asisto desde el altavoz bluetooth de la ducha), empiezo el día con un par de reuniones y un cara a cara virtual con una compañera asiática que trabaja en Londres, con la que tengo que organizar un par de cosas.

La buena mujer es mayor, tiene un inglés bastante decente (algo poco común, en mi experiencia profesional, entre sus compatriotas de su misma quinta) y posee un sentido del humor bárbaro.

Consigo darle una serie de nociones para una cosa que quiere hacer conmigo y me escapo raudo para una comida, también virtual, que organizo con amigas (sólo hay mujeres en la de hoy), donde hablamos "de todo y de todos".

El resto de la tarde lo dedico a ir apagando pequeños fuegos y termino la semana laboral con la sensación de que, si esto es lo que una persona normal hace, la única palabra que viene a mi cabeza es "vaguería".

Como estoy sensiblero, decido meterme a vena una canción de Robe Iniesta en bucle: se llama "Si te vas..." y los dos primeros minutos me ponen blandito como un steak tartare:


He trabajo 40 horas y, honestamente, me sabe a poco (sobre todo, porque es evidente que, durante los dos últimos años, he sacado el trabajo de varias personas por mi mismo y que, si cierro el grifo, las cosas se empezarán a resentir tarde o temprano).

Y ése, es mi plan este año: supongo que estoy cansado de trabajar tanto, no por el esfuerzo en sí, sino porque cuanto más trabajas, menos se valora la contribución de tu esfuerzo.

La noche del viernes termina viendo la película "The White Tiger" que te recomiendo encarecidamente que veas, donde el protagonista explica, de forma despiada, como funciona el mundo, desde la óptica de La India, pero perfectamente aplicable a las relaciones de poder y de jerarquía que suceden en todos los ámbitos que puedas imaginar en el resto del planeta.



Durante el fin de semana, leo un poco, por fin consigo ponerme un ratito con el ordenata personal ("el cacharrito") y encuentro un artículo que escribí el día del asalto al capitolio estadounidense por parte de los locos pro-Trump que no llegué a publicar.

Así que, ya que estamos, y porque me apetece escribir de todo y de nada, decido contar cómo ha sido mi semana, sin mayor interés y sin muchos detalles, que tampoco vienen al caso.

Programo la publicación del artículo para el martes (porque prefiero publicar cada tres días, así la cosa queda relativamente bien espaciada en la línea temporal del blog), pulso "Publicar", cierro el ordenador y me voy a dormir, que bien lo necesito.

Otro día te contaré qué estoy leyendo, que también me apetece.


Paquito

Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

Twitter: @paquito4ever

Comentarios

  1. Buenas tardes Paquito:

    Hoy es 2 de febrero, un buen día para comentar.
    Me ha encantado lo de "cuanto más trabajas, menos se valora la contribución de tu esfuerzo". Enorme verdad, sin ser tan estricto como tú con el horario, ¿se te habrá pegado algo de los bárbaros del norte?, es algo que he intentado pero por ahora no he conseguido. Espero que progreses más que yo.
    A cuidarse y que no nos maltrate mucho este 2021.

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    1. Curioso: no sé si te lo creerás, pero estaba esperando tu comentario (el día de la marmota = Julián comenta :-)).

      Gracias por mantener la tradición anual (un lujazo, créeme).

      Lo de los horarios no es exactamente así (lo intento y a veces lo consigo, pero curiosamente me siento mal al respecto: es como si fuera en contra de mi personalidad).

      Sigamos aguantando unos cuantos meses más (se está haciendo largo este confinamiento: 11 meses llevo ya metido en casa y, como la batería del coche, me estoy empezando a quedar corto).

      Un abrazo y gracias una vez más por la visita y el comentario :-)

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  2. "cuanto más trabajas, menos se valora la contribución de tu esfuerzo" -> tengo la enorme suerte de que en mi trabajo saben que trabajo como una bestia, y lo aprecian. También saben que no debería pero no se hace nada por cambiarlo. PERO ya están viéndole las orejas al lobo, porque desde hace unas semanas, por recomendación médica, no sólo no estoy trabajando 10-12 horas diarias sino que no trabajo ni 8 , estoy de jornada reducida (6 horas al día) . Y ahora que se está organizando mi reemplazo durante mi baja, están viendo al lobo entero. No me he ido aún y ya me han dicho que me van a echar de menos (porque las dos personas que me reemplazan ya han hecho lista de todo lo que NO piensan hacer de mi lista de tareas.

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    1. Buenas:

      Gracias por pasarte por aquí: algo que he aprendido, sobre todo en estas situaciones, es que las cosas sólo se valoran cuando se dejan de hacer.

      En tu situación, como estás viendo, ya están tomando nota.

      En mi caso, reconocido por mi jefe, "ni aunque pusieramos a dos holandeses, seríamos capaces de abarcar lo que haces tu solo".

      No sólo eso: es lo que realmente nos importa nuestro trabajo (no es simplemente hacer algo y a correr: es que se haga bien, que no quede duda de la calidad de nuestro trabajo).

      ESA es la parte interesante del asunto: pueden poner a más personas y hacer lo mismo, pero los resultados serán diferentes.

      Ese "algo" es lo que nos hace diferentes y nuestro trabajo (estudiaste Marketing) consiste en crear una marca que, con simplemente pronunciar nuestro nombre, sea motivo suficiente para entender si algo está todo lo bien que puede estar o no.

      Ese ha sido mi logro en los países y empresas en las que he estado: que cuando algo mío se discutiera, la expresión "Paquito ha estado trabajando en ello y dice que..." sea suficiente para que la discusión acabe.

      Mientras tanto, otros se dedican al cafetito, al jiji y al jajá: llegarán lejos, pero a mí me queda el orgullo de que, en mi trabajo, no me tose ni el tate.

      Un abrazote, cuídate y avisa cuando "Van der Pelocha" llegue al mundo (tremendo el mezclote: lo vamos a flipar :-))/

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