Los últimos meses

Buenas:

Ha habido un parón de varios meses, pero hay una explicación lógica para todo (o eso me repito al menos varias veces a la semana, cuando pienso que podría estar escribiendo o, simplemente, haciendo otras cosas productivas con mi tiempo).

La realidad es más complicada que todo eso: en los últimos 30 meses de mi vida, he estado embarcado en un proyecto profesional que, hace un par de fines de semana, acaba con el abajo firmante y sus camaradas trabajando cerca de 48 horas seguidas, sin dormir, en un ejercicio tecnológico que, quizás algunos de los lectores, sabrán entender.

El caso es que todo esto empieza, como digo, hace dos años y medio, cuando un críptico correo electrónico nos anuncia una serie de cambios en una de las cosas en las que trabajo y que continúa con una serie de reuniones que nos llevan a un curioso documento, de unas 900 páginas que, en apenas unos días, tenemos que revisar para entender lo que viene.

"Pero a ti te gustan los puzzles"

Sí: los puzzles me encantan, así como los problemas complejos, pero cuando ese documento lleva a mis manos, una de las primeras cosas que vienen a mi cabeza es que la documentación es todo un arte y que hacer comprensibles las cosas muy complejas está sólo al alcance de unos pocos.

Y con esas, poco a poco, empezamos: de momento, la documentación es "preliminar" y, entre esas 900 páginas, encontramos cosas curiosas, por una parte, o cosas que faltan, así que, una por una, las vamos anotando y discutiendo en reuniones que, todas las semanas, se suceden para saber si lo que se nos ha mandado está bien y puede ser puesto en marcha.

Notarás que hablo en primera persona del plural: al principio de esta historia, más allá de las típicas personas que representan a "las altas esferas", los que de verdad hacemos el trabajo somos dos personas, una mujer, holandesa, que tiene la cualidad de ser una de las personas más inteligentes que he conocido en mi vida y yo, que no soy tan inteligente como ella, pero que, como le he repetido a la gente de mi equipo durante todo este tiempo, si algo bueno tengo, es que soy capaz de encontrar patrones no aparentes en las cosas que veo.

Y con esa combinación, poco a poco, vamos construyendo un relato que, un tiempo más tarde, nos lleva a una situación donde tenemos que empezar a poner en marcha lo que esas 900 páginas nos dicen que podemos hacer y cómo hacerlo.

Y justo en ese momento, cuando el engranaje empieza a moverse, una preciosa y tranquila mañana de Marzo de 2020, me encuentro una oficina vacía y un mensaje en mi correo electrónico que me dice que, con motivo de la pandemia, se informa a los empleados de que se queden en casa y teletrabajen...

Empieza el Kung-fu

Desde Marzo de 2020 hasta Marzo de 2021, no sin mucho esfuerzo, imaginación, muchísimo trabajo y el temperamento de un español que cuando ve que el personal te la intenta colar hace temblar los muros de su casa, las cosas avanzan a muy buen ritmo...

Todo va bien, salvo una cosa: mi salud mental... En Marzo de 2021, mi cabeza me empieza a jugar malas pasadas, sobre todo por una rutina de vida que requiere vivir, básicamente, enclaustrado en casa, trabajando de sol a sol, batallando contra los elementos y con un equipo multidisplinar repartido por, casi literalmente, por medio planeta.

Y todo esto desde la soledad de una pequeña habitación en una casa, con un monitor externo, un portátil, unos auriculares con micrófono para tener reuniones virtuales y, ya digo, con jornadas maratonianas, yendo y viniendo a través de las cosas que vamos haciendo, probando una y otra vez si lo que hacemos funciona bien pero, sobre todo, que uno es perro viejo y retorcido, intentando hacer que falle, creando escenarios donde, cuando la cosa funciona haciendo los pasos "como se supone que se debería hacer", me desvío para hacer las cosas de forma diferente, sea por procedimiento, sea por el orden de esos pasos, para ver si sigue funcionando o no.

Todos los jueves, el equipo de trabajo se reúne para, precisamente, demostrar como las cosas que vamos creando funcionan y, en esas sesiones, mi grado de retorcimiento y estrés hacen que aquello se convierta en una carnicería, donde todo empieza siempre con los pasos más sencillos y lógicos para conseguir algo y que, inmediatamente, se transforma en un "espera: ahora quiero que esto se haga así".

Al principio, algunos se asustan: esas reuniones de control se convierten en un ejercicio de pensamiento lateral que, se suponía, no deberían abarcar eso, pero para mí, es la forma de marcar el paso y la dinámica de trabajo.

"Gente... No quiero que se haga lo que se pida hacer: quiero que penséis lo que se pide y que lo cuestionéis para así avanzar más rápido e intentar abarcar el máximo número de escenarios negativos".

Aquí es donde la cosa enseña quién es quién: algunos se amilanan y otros sacan lo mejor que tienen dentro de sí... Pronto, efectivamente, sé quién entrega qué cosas, sé quién va a sobrevivir a una de estas sesiones y quién, para bien o para mal, hace lo justo para pasar el primer trámite, entrando en la discusión de eso que sé que puede estar ahí y lo que no.

En esas sesiones, también, descubro la calidad humana: gente que una frase te dice que algo no es posible y que en la frase siguiente te dice que sí... Acostumbrados quizás a otra forma de funcionar, pronto se encuentran con "el muro", esto es, alguien que les está escuchando y que tarda cero coma en destacar eso y que, por tanto, algo no puede ser que sí y que no al mismo tiempo, o por lo menos no de forma dicotómica (a veces hay gris: otras, en cambio, es simplemente una cuestión de intentar salir al paso).

El tiempo pasa y por fin, en Junio, me ponen mi primera vacuna... En Julio, la segunda y, de paso, empiezo a tener problemas dentales (me tienen que empastar una muela y hacerme tres endodoncias en otra, mientras otra muela del juicio asoma al fondo de mi boca).

En todo ese tiempo, mientras tanto, hemos estado trabajando en nuestras bases de datos para depurar cosas... Durante dos años, mis usuarios, distribuidos también por medio mundo, han estado trabajando en ello, pero la velocidad de ejecución no es suficiente.

En Agosto, decido tomar las riendas: voy a bucear en la base de datos y voy a poner todo lo que pueda en orden... Se me conceden "permisos elevados" dentro del sistema (no se me puede dar permisos de administrador, pero tengo los permisos suficientes para hacer una serie de cosas que aceleran lo que un usuario normal del sistema podría hacer).

En dos meses, yo solito, con muchísimo ingenio, cuidado extremo y una obsesión por chequear todo cuatro veces, me lleva a hacer el trabajo de años en días...

Y aquí es donde llega el fin de semana pasado, donde todo lo que hemos estado haciendo llega al punto en el que, por fin, veremos si realmente funciona o no...

48 horas de trabajo continuado con momentos curiosos, como la sensación de frío que tuve después de 24 horas trabajando sin dormir (un frío infernal, conmigo poniéndome varias piezas de ropa encima que, afortunadamente, fui precavido, decidí llevarme a la oficina)...

Un momento de crisis en la última hora antes del salto final que se solventa cuando conseguimos cuantificar exactamente lo que es y dónde está (una minucia) y que, finalmente, acaba conmigo diciendo "Let´s go!" (¡Vamos!) para dar el salto al nuevo mundo...

Y lo dimos...

Y todo funcionó... Todo funcionó bien... Demasiado bien...

Y eso me pone nervioso...

La dimensión de lo que estamos hablando es enorme: todo parece funcionar perfectamente, por lo menos en lo fundamental... En los siguientes días, voy encontrando cosillas, pero es cosmético, cosas que, cuando las diseñamos, no pensamos en cómo se podrían visualizar, pero el sistema funciona a la perfección...

Los correos electrónicos de los altos ejecutivos empiezan a llegar: "Sólo alguien como tú podría haber hecho algo así" me dicen, mientras mi sentido de la paranoia responde que necesito más días para ver si algo importante, que quizás no estemos viendo, a lo mejor nos lleva a la conclusión errónea.

Han pasado un par de semanas y todo parece ir de coña: si finalmente resulta que todos tienen razón y que todo ha salido casi a la perfección, podré presumir de una machada de proporciones bíblicas, un homenaje a una forma de entender el trabajo, donde la excelencia no es un objetivo, sino una filosofía y donde, cuando se decide seguir ese principio, se obtienen resultados increíbles.

Si no es así, entonces tendremos que corregirlo lo más rápido posible: hemos conseguido hacer todo en tiempo, forma y por debajo del presupuesto que se nos dio, así que todavía tenemos margen "por si acaso" algo no ha salido como esperábamos (ya digo: de momento, cositas cosméticas que me gustaría corregir, por aquello de poner mantenerlo de forma más sencilla y reducir la fricción de uso para usuarios que, con toda su mejor intención, quizás no sigan las instrucciones de uso).

De lo más orgulloso que estoy es el descubrimiento de un gran profesional, un chico indio que ha estado trabajando conmigo desde hace 3 años y que, en este tiempo, me ha enseñado lo duro que alguien puede trabajar, mientras yo le he enseñado lo que supone "pensar que no todo el mundo es tan inteligente como el" para forzarle a pensar en esos escenarios negativos de los que te hablaba al principio.

Un par de semanas más y creo que ya me sentiré lo suficientemente seguro como para declarar victoria: dos años y medio de locura que han acabado conmigo, el martes pasado, declarando que, por primera vez en muchísimo tiempo, mi jornada laboral se había acabado a las cinco y media de la tarde...

- Disfrútalo: si alguien se ha ganado el poder descansar, ese eres tu... Si no quieres venir en unos días, siéntete libre de hacerlo.
- Todavía no... Un par de semanas más... Sólo un par de semanas más.

Dicen que la felicidad es un breve momento donde todas las preocupaciones de la vida desaparecen: yo estoy a punto de disfrutar ese momento, pero recuerda que soy un paranoico, así que seguiré alerta.

"Sólo el paranoico sobrevive" - Andrew Grove (fundador de Intel)

Seguiremos informando.


Paquito

Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

Twitter: @paquito4ever

Comentarios

  1. Hola, soy Alfonso desde Galicia. De nuevo un placer leerte. Fíjate que hace un par de días pensé "no llega nada de Paquito" y abro hoy el correo, con esa hora de retraso por el cambio de hora, y ahí estaba el e-mail de la lista de correo.

    Leyéndote, hubo momentos en que me inmiscuía en "El juego del calamar" (Squid game), que también te daría para un buen post. Pero desde luego lo que me queda claro es que cuando te conocí allá en Tulipandia estaba delante de una persona única y con una mente privilegiada. No sé que proyecto os habéis inventado y creado, pero parece como que vais a mandar una sonda tripulada a Venus o a Júpiter. Estoy expectante por saber qué es. De todas formas, piensa en tu salud, sobre todo en el aspecto mental. Con esto de la pandemia los psicólogos van a hacer su agosto en los próximos años y serán necesarias muchas técnicas para superar este parón que nos han enviado desde China (o no) en enero de 2020.

    Cuídate, y aquí en Galicia ya sabes que se come MUUUUUY bien y tenemos unos lugares para desconectar únicos en el mundo.

    Un abrazo

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    Respuestas
    1. Hola Alfonso:

      Gracias por tu visita y por tu comentario: todo un placer como siempre el leerte.

      Ha sido una temporadita "curiosa" y, desafortunadamente, no puedo dar detalles específicos de toda la operación, pero te puedo decir que ha sido una de las experiencias más intensas que recuerdo.

      Lo de "mente privilegiada" es un halago exagerado: sólo soy alguien con una cierta edad y con muchas preguntas en su cabeza (no tiene mucho misterio :-)).

      No hemos mandado a nadie a Jupiter, pero te aseguro que han habido momentos donde a la cosa sólo le faltaron los marcianos (tremendo).

      El aspecto mental ya está mucho mejor: es un tiempo extraño y, entre unas cosas y otras, al final todo se junta en un cóctel molotov de tremendos resultados.

      A ver si algún día puedo escaparme a tu tierra: ojalá :-))

      Un abrazo y, de nuevo, mil gracias por la visita y el comentario.

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