Cuatro estaciones en un día

Buenas:

El post de hoy refleja, en mi opinión, una acertada visión de lo que es un día cualquiera en los Países Bajos, con respecto a las inclemencias meteorológicas que se viven por aquí y que, quizás, si algún día vienes a visitarlo, te puedes llegar a encontrar.

Turrón con chubasquero

Vamos a darle al asunto un ratito, así puedes entender un poco la dimensión de "la catástrofe", que es como uno se refiere a esto que nosotros llamamos "día a día" y que en cualquier lugar de bien sería un absoluto sinsentido.

La mañana, sobre las ocho, empezó tranquila: día ligeramente nublado, fresco, un poquito frío pero no mucho, algunos destellos del astro Sol "aquí y allá", en uno de esos amaneceres que, en cualquier otro lugar del mundo, anuncian una jornada perfecta para salir de casa y tener toda la energía del mundo.

Inocente criatura: pareces nuevo

Efectivamente: noventa minutos más tarde, mientras hablo con alguien de Bélgica, me comenta el maravilloso día que está disfrutando por allí, a lo que, justo en ese momento, la ventana de mi despacho en casa empieza a repicar con el sonido de una persistente y fuerte lluvia acompañada por rachas de viento.

En un momento de locura y, gracias al señor Microsoft, que hace que todo el puñetero día haya tenido problemas técnicos, engancho el iPad y hago un IRL con la persona al otro lado de la videoconferencia, enseñándole la que está cayendo por estos lares.

  • Definitivamente está lloviendo a cántaros - me dice.
  • ¡Qué va! ¡Esto aquí es un día de verano! ¡Ya lo sabes! - le respondo.
Dos estaciones en una mañana

Unos minutos más tarde, empiezo otra videoconferencia con una persona en Francia... Lo bueno de mi trabajo es que puedo practicar idiomas, así que, dándole a la blanda, comentamos el día y, para mi sorpresa, mientras hablo con esa persona, el Sol empieza a hacer su aparición, a lo que, como todo ser humano que vive en esta latitud, se acompaña con una sonrisa.

  • ¡El Sol está saliendo! - Le cuento a la chica parisina.
  • Nosotros tenemos hoy día nubloso y con ventolera - Le dice bien celosa.
Justo después de esa llamada y, sin que sirva de precedente, me pongo mi hoodie de serie de hacker informático con severos problemas de sociabilización, mi abrigo, mi mochila para hacer la compra y, efectivamente, un fresco pero soleado día me espera al otro lado de la puerta de la casa.

Y después de comprar unas semillas para el desayuno (nota al margen: los precios de las semillas se están yendo de madre y, a este paso, voy a exigir que poco menos las planten y recolecten descendientes de la dinastía Romanov, si queda alguno, que seguro que sí.

No se vayan todavía: ¡Aún hay más!

Un par de horas más tarde, en una llamada con Italia, escucho como la lluvia repica en la ventana otra vez pero, a diferencia de la mañana, el sonido es más fuerte, no estoy seguro de si está granizando o no, pero el choque del agua en las ventanas es mucho más intenso.

Mirando por la ventana, veo también que las plantas y los árboles de los jardines aledaños se mecen con el viento, una vez más, con mayor intensidad que la mañana...

Es el tipo de cosa a lo que uno está acostumbrado y que, cuando lo describe, el personal cree que se exagera, pero aquí es así: eso del "el lunes llueve" o "el martes estará soleado" se convierte en "el lunes, de ocho a diez, llueve, de diez a once hay viento, de once a dos estará soleado con un poco de viento...".

Es una absoluta locura pero, y esto hay que dárselo a los servicios de predicción del tiempo en este país, los modelos que utilizan son súper eficaces y somos capaces de predecir y saber, en todo momento, lo que va a pasar en las próximas horas, con precisión de minutos de duración entre sucesos, lo cual me sorprende, dada la tremenda variabilidad que sufrimos.

Pero el caso es que la lluvia vuelve a arreciar al rato y, más o menos entre las cinco y las seis y media, volvemos a tener una tarde luminosa y radiante que, otra vez, te invita a salir a la calle y no volver a casa hasta que no dés más, como cuando éramos niños en verano y sólo parábamos por casa para comer y cenar.

Curiosamente, porque no aprendo la lección, hubo un momento donde pensé en repetir la hazaña mañanera y, otra vez más, seguir el instinto que busca vitamina D gratuita vía chute de radiación solar pero, y aquí es como Ícaro, que se quemó las alas por pensar como yo, el destino me reserva un giro dramático en los acontecimientos y, ¡Cómo no! El tiempo vuelve a cambiar y vuelve a caer la mundial, lo cual anuncia, con nubarrones muy oscuros, el final del día.

Y aquí, cuando llega el día, esto es como Transilvania, donde todo el mundo se mete en casa, no vaya a ser que nos pille Drácula por la calle y nos chupe la sangre.

Epílogo del día

Mientras escucho un par de Podcasts que tenía pendientes, preparo un poco de cena y me pregunto si algún día seré capaz de entender cómo diablos se determinan los días feriados de Semana Santa, sobre lo que no tengo ni idea porque, en todos los lugares donde he vivido, jamás me llegué a aprender los días feriados pero, en particular, lo de Semana Santa, con eso de que cada año la cosa cambia en función de no sé qué factor, estoy más perdido que un burro en un garaje.

Hoy ha sido "otro de esos días" donde uno echa de menos algo tan tonto como la predictabilidad del clima: no me importa si llueve durante tres semanas seguidas si, efectivamente, es consistente, como también echo de menos lo de "esta semana hará buen tiempo" y la cosa será estable.

El cambio climático nos está concediendo, eso sí, veranos más largos y calurosos... Cuando llegué, allá en 2007, los veranos duraban unos quince días (y no exagero un ápice): hoy en día ya llegan al mes y pico, algo que, para alguien a quien siempre le gustó trabajar durante esa época del año, es algo que destaco.

Cuatro estaciones en un día: no es el nombre de una pizza, es el clima holandés en su máxima expresión.

Mil y pico palabras: mañana más y quizás mejor.

O no: "la vida es como el tiempo holandés: uno nunca sabe".

Saludos.

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