Incertidumbres existenciales

Buenas:

Creo que el título del post de hoy puede resumir, en gran parte, una de las fases principales de la vida de cualquier persona, llegados a una cierta edad donde, poco a poco, empezamos a cuestionar el propósito o la duración de nuestras vidas.

Un turrón fuertecito el de hoy

Efectivamente: no sé exactamente lo que esperabas, pero sí, hoy viene cargadito el asunto, así que, si te apetece, te invito a que me acompañes en un viaje a mi mente, en un momento concreto, sin propósito alguno, sólo porque, para variar, al sentarme delante del ordenata, no sé muy bien hacia dónde voy a ir con esto, pero hay mil palabras que escribir y me tengo que poner al asunto.

Existencia

Estoy seguro de que el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española tiene una definición certeza y fantástica de la palabrita.

Es más, según estoy escribiendo esto, he decidido echarle un vistazo a ver qué dice, porque juego con trampa y quiero pretender darle una definición propia sin que parezca que no he copiado en el examen :-))

Bromas aparte, supongo que la forma en la que definiría existencia es "aquello que haces o que hiciste": no es fácil describir "el agua" cuando uno está rodeado de ella, como los pececillos del famoso discurso de David Foster Wallace.

La realidad es que somos consciente de lo que hicimos o de lo que hacemos relativamente tarde en la vida: pocas personas, y generalmente bajo circunstancias anormales, son capaces de adelantar esa autorrealización, el momento en el que uno decide respirar y pensar sobre lo que está haciendo o sobre lo que hice.

Además, porque es lo que tiene ganar autoconsciencia, a veces uno encuentra en ese ejercicio y se da cuenta de que no le gusta lo que ve: muchos de nosotros fuimos unos verdaderos capullos, sin tener que indagar mucho y sin saber nada de ti o de mí.

La probabilidad de que tengas momentos en tu vida que, al recordarlos, sientas un poquito de vergüenza ajena son más que probables: cuando somos jóvenes somos esencialmente una banda de idiotas intentando comprender nuestro lugar en el mundo, intentando solidificar una frágil identidad que, a su vez, al responder a un momento del tiempo y un momento específico en tu desarrollo cognitivo, no deja de ser una mala fotocopia de lo que sea que quieres ser.

Y cuando por fin, un día, miras atrás y lo ves, entonces sonríes, en el mejor de los casos, sientes pena, en el peor pero, sobre todo, lo que se suele sentir es un cierto grado de "Madre mía: ¿En qué estaba pensando yo en ese momento?".

Futuro

Otra palabra fantástica que, curiosamente, como el 95% de los problemas del mundo, se solucionan con el simple paso del tiempo.

Siendo pedante, y eso es uno de esos pecadillos que tengo, como cualquier persona que se precie a mantener una bitácora pública, diría que "el futuro es un presente postergado", que suena muy rimbombante, pero que no dice mucho acerca de qué es realmente.

Las incertidumbres existenciales suelen también ser una reflexión sobre cómo va a ser nuestro futuro, dado nuestro presente y nuestro pasado.

Y esta parte, en mi opinión, es la más interesante, una vez que, como la vida, podemos definir claramente tres tipos de personas, en función de su relación con el tiempo.

Personas orientadas al pasado

Literalmente nostálgicos, gente cuyo ethos podría ser resumido con "Ciertos pasados fueron mejores".

Ansían otra época que, o desconocen, o no recuerdan bien: muchas veces es el resultado de un presente pesado, mientras se echa de menos un pasado libre de cargas y responsabilidades.

Porque la niñez, en el fondo, es eso.

Personas orientadas al presente

No hay pasado, no hay futuro, el hoy es un regalo, por eso se llama "presente": esta reflexión, sacada de la película "Kung-fu Panda" (de la que soy declarado fan :-)) resume también una forma de vida centrada en disfrutar aquello que está inmediatamente al alcance de nuestras manos o nuestros recursos.

La filosofía es "¿Y si mañana no me levanto o se me lleva por delante un autobús?"

El presente está aquí, es tangible, altamente influenciable, es lo más real que existe.

Personas orientadas al futuro

Se supone, o eso nos hicieron creer los hermanos escolapios, que las personas orientadas al futuro son las personas de bien, las que saben postergar el bienestar del tiempo presente y saber esperar a la cosecha que tarde o temprano llegará.

En cierto modo, no falta razón en la lógica, pero vivir pensando en el futuro tiene el inconveniente, a veces, de no disfrutar el presente de forma plena.

El futuro además eventualmente (volvemos a la definición original que te di al inicio del post) se hace presente pero, si no sabes disfrutarlo, pensando que algo mejor espera, te habrás podido pasar gran parte de tu existencia sin entender qué sucedía a tu alrededor, además que, muy probablemente, perderte experiencias o aventuras que no volverán a presentarte ante ti.

¿Quienes somos nosotros?

Una vez introducidas las categorías arbitrarias de un señor en un blog, después de cenar a las seis y media de la tarde (empezamos mal: se empieza cenando a la europea y terminamos comiendo sandwiches o pizzas con tenedor y cuchillo), nos queda preguntarnos sobre quienes somos en función de esos baremos.

Mi respuesta es que, en diferentes momentos de mi vida he sido una de esas personas: he reflexionado sobre mi yo del pasado y lo he extrañado, al igual que he tenido mis momentos donde el futuro era lo único que importaba y, conforme fui creciendo, el presente empezó a tomar, poco a poco, su debido y merecido lugar en mi historia personal.

A veces pienso si uno realmente puede revertir el orden de los factores, o si uno todavía puede sumergirse en la nostalgia del pasado sin ser demasiado cínico o caer en la melancolía.

Lo que sí sé es que el futuro es ahora: más que nunca, en la incertidumbre en el que el planeta se sumerge, es necesario parar un momento y respirar profundamente.

Observa lo que te rodea... Es más: observa quién te rodea y tómate un momento para apreciarlo.

No siempre estará ahí: el presente postergado es terrible a veces.

Y de eso, quizás, hablemos algún día.

Mil y pico palabras: seguimos en racha.

Un saludo.

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