Quedarte dormido pensando en voz alta
Buenas.
Esta noche, mientras más que escribir, dicto estas palabras, pienso en voz alta, a la vez que la ventana me informa de que, poco a poco, el sol se está yendo por el oeste y el anochecer está a punto de empezar.
Todo esto para decirte que estoy reventado, que estoy en la cama y que estoy tan cansado que ni siquiera estoy tecleando esto, sino que lo estoy dictando a través de mi iPad.
Turrón cansino, supongo…
El día empezó más o menos bien: un amanecer maravilloso, un sol radiante y una temperatura agradable después de una noche de lluvias y relámpagos.
En el coche, con mis gafas de sol, como “León el Profesional”, oteo el horizonte a la vez que, poco a poco, me acerco a la oficina. Los viernes son el día en el que el edificio está más tranquilo y me ofrece las mejores condiciones de trabajo del mundo: puedo relajarme, puedo centrarme y puedo hacer mis tareas en casi silencio.
El resto del lugar tiene solo un puñado de empleados haciendo básicamente lo mismo que yo: disfrutamos de la calma, de la falta de ruido y de disponer de un edificio con todo tipo de comodidades para nosotros solitos.
En medio de la mañana, un correo electrónico me informa de que tengo un nuevo desafío: alguien está pidiendo que se haga algo nuevo y pregunta si por favor alguien lo puede evaluar, momento en el cual respondo que sí, que no hay ningún problema, que soy yo “el elegido” y que me pongo de inmediato.
La persona que ha mandado el correo electrónico ha hecho los deberes: no sólo ha sabido expresar muy bien lo que quiere, sino que, en un documento Word, ha escrito todo lo que necesito saber, lo cual es sorprendente, pero a su vez me hace sonreír porque contiene con terminología bastante peculiar, lo que creo que viene de una conversación que tuvimos hace una semanas.
Esto en el fondo tiene lógica: han tomado nota de lo que se habló, han sabido elaborar y explicar muy bien qué es lo que quieren y me han sabido dar todo tipo de detalles que podré utilizar para poder argumentar, cuando llegue el momento, que es lo que necesito, la importancia del instrumento y, sobre todo, cuánto me va a costar.
Así que durante las tres siguientes horas estaré delante del ordenador, elaborando todo tipo de documentos que explican lo que se pide: lo más interesante llegará al final del día cuando, sentándome con una compañera, nos ponemos a meter todo en el sistema de captura del requerimientos y donde, por primera vez, ella me enseña un botoncito en dicho software que evalúa todo lo que he escrito y me ofrece, ¿Como no? corregirlo o clarificar el lenguaje para hacerlo más legible, gracias a la maldita Inteligencia Artificial.
Las manías de señor mayor
En este momento es cuando me paro, miro mi compañera y le digo que no con la cabeza…
“Está bien eso de utilizar la inteligencia artificial”, le empiezo a decir, “pero no me gusta que la inteligencia artificial de pronto cambie todo lo que he escrito y me diga cómo tengo que ponerlo… Esa parte, por lo que sea, no la llevo bien” le insisto.
“Es más (estoy on fire), es algo que deberíamos evitar.” Concluyó.
Mi compañera me mira con curiosidad: “Pero… Esto te va a ayudar a hacer lo mejor”. Mientras evalúo lo que me acaba de decir, pienso en la forma de responderle, de la forma más educada, que al hacer eso lo que hace es preguntarme que si la máquina lo puede hacer mejor que ella, que entonces para que la necesito.
Ella me responde que le ahorrará tiempo y que por tanto lo puede dedicar a hacer otra cosa, pero yo, que soy un señor mayor, perro viejo y que llevo viendo este circo desde hace ya unas tres décadas, lo que le respondo es que en realidad, si la IA me permite hacer algo donde ella ya no tiene que hacer nada, ¿Por qué no podré hacer lo siguiente que ella cree a lo que se podrá dedicar también con IA?
Ella afirma que la IA le ahorrará tiempo para hacer otras cosas y señalando a las diferentes mesas que nos rodean, le insisto “Mañana estarás ahí (señalando a una mesa vacía) la IA se encargará de lo que hagas y entonces te moverás allí (señalo a otra mesa) y la IA se encargará de lo que hagas ahí, y entonces te moverás a esa mesa de allá y la IA se encargará y yo me seguiré preguntando ¿ Para que te necesito entonces?”
El silencio se agrava… Su curiosidad se refleja en sus ojos: está evaluando lo que acabo de decir, quiere responderme, pero le he cerrado todas las puertas. No puede hacerlo y se acaba de dar cuenta del truco: cuando la máquina empieza a pensar por ella, entonces ya no la necesito y en ese momento es cuando el dueño de la máquina es el que hace el negocio a costa de su empleo.
Este tipo de cosas son las interesantes: después de pulsar el botoncito, la IA me crea un texto donde más o menos interpretar lo que yo he escrito con relativo acierto (unas alucinaciones “así de grandes” de un par de puntos fundamentales, lo cual reafirma mi creencia) lo que hago entonces es en lugar de reemplazar el texto que he escrito, lo copio lo pongo en el block de notas de Windows y lo edito desde ahí para rehacerlo...
Dejo las buenas ideas que me ha dado: me gustan las ideas de estructura, pero el texto lo sigo creando yo.
Cuando se lo enseño a mi compañera, sonríe: Acaba de entender la diferencia entre lo que ella proponía y lo que propongo yo.
Ella proponía dejar que la máquina genere un texto, decirle que sí y a correr…
Lo que yo proponía, en cambio, era dejar que la máquina evaluara, pero sacar las buenas ideas de esa evaluación y después rehacerlo una vez más yo mismo, porque el proceso creativo es realmente el que ofrece el valor añadido de nuestra mente y, una vez más, si dejas que la máquina lo haga por ti entonces me pregunto ¿para que te necesito ?
Lo que no estás viendo
Al igual que no permitiría que una IA escribiera los textos que deseo hacer, tanto en mi trabajo como en mi blog, lo más interesante es ver como el dictado de palabras complica sobremanera la creación de un texto.
¿Has escuchado alguna vez la expresión “no se escribe como se habla” o “no se habla como se escribe”?
Bueno, pues literalmente, es lo que está pasando ahora mismo: es terriblemente complejo, escribir hablando si se me permite el contrasentido…
Es complicado tener que elaborar un texto hablando porque en general, el simple hecho de escribir supone una pre computación del discurso, mientras que al hablarle, por ejemplo aún a un ordenador que interpreta mi sonidos en forma de palabras, hace que no haya preproceso y por tanto el pensamiento para poder generar lo que estás leyendo.
Lo creas o no, ahora mismo, el esfuerzo para escribir estas palabras sin equivocarme (no hay instrucción de borrado o corrección de lo que acabas de dictar, que yo sepa) es mucho más intenso de lo que uno podría creer.
Lo que me fascina, eso sí, es que le puedo explicar a la máquina que ponga comas, puntos de interrogación, puntos y aparte, signos de exclamación…
Todo tipo de cosas que mientras voy dictando pienso: ¿Será capaz de entender lo que quiero?
Y la respuesta parece ser que sí, lo cual me rompe los esquemas. Quizás esta es la parte más interesante de la tecnología moderna: ofrecer la capacidad a personas para poder expresar sus pensamientos y codificarlos con cosas como la voz.
Hace muchísimos años la compañía IBM desarrolló un software de dictado en su día. Yo lo llegué a probar pero abandoné muy rápido porque por una parte tomaba tiempo pillarle el punto y segundo, porque el software de detección de palabras era relativamente básico.
Hoy en día, el iPad desde donde te hablo captura casi a la perfección todo lo que estoy diciendo, lo cual repito, es una marchada tecnológica que tomamos como normal pero que para mí no lo es, porque como él, empleado de la fábrica de carne, sé cómo se hace la salchicha.
Pero ha sido un día muy largo y ya el anochecer toma preponderancia sobre la vida en los Países Bajos.
Si has llegado hasta aquí, espero que te haya gustado y si no es así, te pido 1000 disculpas: estoy experimentando con la tecnología y a veces, como podrás ver, parece que funciona mejor o peor, dependiendo del gusto de cada cual.
1000 y pico palabras, ese fue el compromiso.
Mañana más y mejor.
Un abrazo
Paquito
Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es
Comentarios
Publicar un comentario
Todo comentario, siempre y cuando sea educado, es bienvenido.