Desde el tercer ordenador

Buenas:

Esta noche nos conectamos desde "el tercer ordenador", que es un bichito que, muchos años más tarde de su adquisición, sigue siendo una bestia parda como pocas y que, como uno tiene que darle cariño y amor, pues lo saca de su mochila (salvo el Mac, que tiene su funda cuqui, los cacharritos duermen en mochilas con sus correspondientes accesorios), lo enchufa a la dock-in station, que con un simple clave conecta micrófono, cámara, monitor y carga de batería y, lo primero de todo, me pongo a descargar actualizaciones, que los dispositivos informáticos siempre deben de estar actualizados y que es una práctica que, por lo que sea, el personal no se toma en serio, hasta que pasa lo que pasa y luego lloramos.

Turrón con copia de seguridad

Si has leído este blog antes, quizás ya sabrás el grado de enfermedad mental que gasto con la tecnología pero, si eres nuevo, si por lo que sea algún algoritmo te ha traído hasta aquí, debes saber que ésta es la bitácora de un tipo que, desde que tiene uso de razón, ha estado enamorado con la tecnología y que, conforme pasaron los años en su vida, su relación con los cachivaches, con sus altibajos, son relativamente más altos que la media de la población, lo cual, y esto es señal de que poco a poco voy entrando en razón, voy pensando que, quizás, no es tan bueno como yo querría creer, de lo que me enorgullezco, porque la duda en la edad es sabiduría y, si nos guiamos por ese criterio, quiero creer que soy un poquito mejor de lo que quizás fui ayer y, a lo mejor, un poco menos que mañana.

La filosofía barata de auto-ayuda bien, gracias

El punto es que tengo muchos cacharritos y que, de cuando en cuando, los tengo que poner en marcha y, como todos los días debo escribir "mil y pico palabras", pues oye, tengo la excusa perfecta para hacer uso de los mismos, probar que siguen funcionando como deben, que no tenemos ningún desastre en ciernes y mirar un poco los diferentes perfiles que tengo en cada uno porque, por si no lo sabes, en cada uno de ellos hay una historia diferente, un perfil distinto, cuentas de correo con contraseñas diferentes que responden a un propósito concreto, una fracción de mi pequeña vida digital, que cuido con mimo y atención, con un poco de paranoia, cierto, pero vivimos en tiempos extraños donde, para que te hagas una idea, todas las direcciones IP que existen son chequeadas por miles de agentes automatizados cada veinte o treinta minutos, buscando vulnerabilidades de seguridad o fórmulas de joderle la vida a la empresa o al pobre incauto que no se tome la seguridad informática en serio.

Mantenimiento de cacharritos: la base

Para mantener a los cacharritos, hay dos partes (tres en realidad, pero nos vamos a enfocar en las dos que son más fáciles) que uno debe hacer:
  1. Mantenimiento del software: bajar actualizaciones, pasar antivirus o el software que tengas que te defienda de las amenazas del ciberespacio.
  2. Mantenimiento básico del hardware: limpieza física del cacharrito.
El segundo es algo que el personal suele ignorar: algo como utilizar sprays de aire comprimido para limpiar el teclado o las zonas donde se suele acumular polvo y cosas del estilo, además de toallitas y todo tipo de inventos para eliminar la suciedad en el chasis, el teclado y la pantalla, de tal modo que, en mi escenario ideal, si mañana alguien me pidiera el ordenata para revisar su correo electrónico o buscar algo en Internet, estará limpito y no dará asco, cosa que, después de más de veinte años trabajando con gente de medio planeta, es algo que te sorprendería saber cómo brilla por su ausencia.

Esto último repito, no es ninguna exageración: he visto ordenadores que, si los sumergieras en agua hirviendo, estoy seguro de que el color del agua saldría marrón.

En breve, además, desmontaré el cacharrito desde el que te escribo para, entre otras cosas, limpiar los ventiladores y la placa de todo tipo de cosas que los ordenadores llevan a acumular en sus entrañas.

La gente que trabaja reparando ordenadores te podría contar historias de terror y de horror sobre lo que se llegan a encontrar cuando alguien les llega con el típico "No funciona, no se enciende" y que, por tanto, requiere mirar las tripas, situación en la que el técnico va a descubrir la dieta y las costumbres del usuario, a través de todo lo que se va a encontrar reposando en el lecho del dispositivo de turno, como una mina de oro que ha estado pacientemente esperando a que alguien llegue para ofrecerle sus más valiosos regalos enterrados en sus entrañas.

En mi caso, y lo llevo con orgullo, los servicios informáticos de las empresas en las que he trabajado siempre han reconocido que el trato y cuidado de mis dispositivos era casi modélico, hasta el punto en el que, en dos organizaciones, la confianza era tal que, directamente, me permitían hacer mi propio mantenimiento y cuidado de mis ordenadores, teléfonos y lo que se terciara, acto de confianza ganado a pulso

Este cacharrito en particular me dio un susto hace unos meses, después de casi un año sin usarlo... Dejó de funcionar, simplemente e incluso fui a una tienda para intentar resucitarlo pero, para mi suerte, el tipo que se suponía que sabría solucionarlo no estaba ese día y, al volver a casa, volver a enchufarlo al cargador y una docena de reinicios, conseguí arreglarlo, machada que todavía no me creo y que, por cierto, debemos atribuir a la señora Paquito, que sigue sin entender eso de "No apague el ordenador mientras se actualiza", y que fue el origen de las cinco horas más largas que recuerdo intentando resucitar al paciente que, finalmente, volvió a la vida.

Así que, como hoy ha sido un día de limpieza por la casa, nada como terminarlo echándole un vistazo al pobre ordenador que se ha comido unos años curiosos conmigo: si todo va bien, eventualmente limpiaré todo el software que lleva y lo volveré a llegar a Linux, que el señor Microsoft es demasiado intrusivo con la telemetría y ya hastía un poquito el sentir que todo lo que haces tiene dos ojos digitales observándote, lo cual, ahora que no nos oye nadie, es perverso como pocas cosas.

En fin: no voy a entrar en la discusión sobre la privacidad... Da mucho asquito que hayamos admitido la economía del espionaje a gran escala, pero ese es un melón que no vamos a abrir, una vez más, esta noche.

Dicho lo cual, ya sabes que nuestro particular acuerdo es que yo escriba todos los días "mil y pico palabras" y que, más o menos, lo he ido cumpliendo, para sorpresa de uno mismo en primer lugar.

Mañana más y mejor: como siempre, gracias por haber llegado hasta aquí.

Un saludo.


Paquito

Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

Comentarios

  1. Hola Paquito, sobre que la gente no se preocupa mucho de tener su material aunque solo sea limpio, te puedo contar algo. Yo trabajé hace años en una empresa de mobiliario de oficina. De vez en cuando llegaban sillas para reparar. Lo más habitual es que hubiese fallado alguno de los pistones que regulaba la altura o el movimiento del respaldo. El procedimiento estándar era dar la vuelta a la silla para soltar el pistón y la carcasa del asiento. Así quedaba a la vista lo que normalmente no lo estaba. Aparecían pegados todo tipo de residuos, muchos orgánicos. Nuestros mayores clientes eran las entidades bancarias, incluida una que para abrir una cuenta fijaba un mínimo de 50.000.000 de pesetas (estas cosas de señores mayores, actualizado serían unos 725.000 €), daba igual de dónde viniese la silla, la parte inferior del asiento normalmente estaba como para plantar un huerto.

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    Respuestas
    1. Hola Julián :-))

      Gracias por tu visita y por tu comentario: yo ya te esperaba en Febrero del año que viene, pero ayer Jorge y hoy tú, me habéis alegrado el día.

      Precisamente, desde ayer, hay un cuarto ordenador y, como es un ordenador de segunda mano, lo primero que voy a hacer este fin de semana es desinfectarlo.

      Algo más interesante es el dinero: la gente que trabaja en banca puede hablar, sobre todo hace años, cuando la gente metía y sacaba efectivo con el empleado que hacía de cajero (no automático) y, después de estar todo el día tocando dinero, acababan con las manos negras.

      Interesante escuchar al empleado de banca de turno eso de que tocar el dinero le da asco :-))

      Voy a por otro comentario tuyo.

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