El día del trabajo en Holanda
Buenas:
Algo muy divertido que aprendes cuando empiezas a trabajar con gente de otros lugares es que, tarde o temprano, te familiarizas con los días festivos de tal o cual lugar.
Y precisamente por eso, sobre todo en las ocasiones donde hay festivos compartidos por muchos países, una extraña sensación de paz inunda tu jornada laboral, donde la tranquilidad y el silencio toma el control, oportunidad como ninguna para, finalmente, poder parar un poquito y pensar en cómo hacer tal o cual cosa que tenías entre ceja y ceja desde hace un tiempo.
Turrón cejijunto
Mientras el resto de Europa se va a pegar un fin de semana con puente-viaducto del tamaño del de Millau en Francia, "aquí mis amigos", que ya sabemos que, como buenos calvinistas, eso de disfrutar el asueto o de la vida es poco menos que costumbres sospechosas de gentes que descubrió las propiedades del aceite de oliva hace más de veinte siglos.
Nota: hasta hace más o menos cincuenta años, ojito, esta pobre gente consumía aceite de oliva en gotas que les vendían en farmacias.
Con estos bueyes aramos
Con estas, enfoco el día y, revisando la aplicación de la empresa con el balance de días de vacaciones que tengo, descubro con una maléfica sonrisa que, si me los tomara todos de golpe, tendría que volver a la oficina en Agosto, más o menos, así que, con la resolución de la inconsciencia de una edad mal digerida, en el cuerpo de un señoro con la mente de un adolescente, me reservo la tarde y el lunes para, así unirme a la fiesta europea del día del trabajo y que, en otros lugares, se unirá al 5 de Mayo, que es el día de la liberación en Holanda y que, para que no nos acostumbremos a la buena vida, decidieron hace unos 15 años empezar a celebrarlo sólo una vez cada quinquenio (repito: gente que consumía aceite de oliva en gotas vendidas en farmacias).
Con respecto a las vacaciones, llamo a mi representante de Recursos Humanos, que es un tipazo del sur del país (tipazo, con todas las letras) y, después de enterarme de que volverá a ser papá en breve, le cuento el percal, cosa que también le hace sonreír al descubrir el desaguisado.
- Te podrías tomar una sabática - Me dice.
- Cuando era niño - le empiezo a contar - le pregunté a mi padre si podías trabajar doce años seguidos y después tomarte un año entero de vacaciones.
Total, que me dice que me ponga a gastar días, que los acabaré perdiendo y le cuento que, en todos los lugares donde he estado, en todos, siempre, me sobraron días de vacaciones, porque nunca me los tomaba todos.
¿Qué hace uno en el día del trabajo cuando no se celebra en tu país?
Como decía anteriormente, lo primero que notas es que la cosa baja de intensidad de forma brutal: todo está en silencio salvo en un par de países donde, como la aldea gala de los Cómics de Asterix y Obelix, resisten contra las embestidas de los días festivos.
Ahí es donde uno, que tiene a todos sus compañeros bien adiestrados, le da por hacer una "ronda informativa" y voy llamando a las diferencias ciudades europeas por las que se me desperdigan las huestes.
Mis "víctimas" favoritas, por supuesto, los daneses: en Copenhagen ya saben lo que hay e incluso disfrutan "el algoritmo de mi madre", que es una cosa que llevo poniendo en práctica desde hace muchos años y que funciona de fábula.
- ¿Qué has hecho? - Empiezo así, en quinta, ni "Hola", ni gaitas en vinagre :-)).
- ¿Yo? Nada - Me suelen responder temerosos, porque la cosa puede salir por cualquier sitio en este punto: puede ser un farol o, peor puede que haya descubierto algo que no está bien por su país y les voy a explicar el qué y cómo.
- ¿Estás seguro? - Suelo insistir.
- No - me suelen alegar, cosa que demuestra un grado de inteligencia elevado.
Mis compañeros daneses son muy buenos en una serie de áreas: algo que me encanta de algunos lugares es su absoluta franqueza, cualidad que te aseguro que atesoro, porque facilita muy mucho las diferentes facetas de la vida, sobre todo en el tema de los negocios, donde suelen haber más cosas en medio de según qué discusiones que complican la resolución de problemas, agendas o conflictos.
Sí es sí, no es no
Esto que acabo de escribir es el motivo por el cual decidí irme de mi país: el concepto de confiabilidad de la información.
Es algo que descubrí en Alemania, acostumbrado a mis tiempos en España y Galias, de pronto la realidad se convirtió en algo muy concreto, muy claro, "muy fácil".
Y eso me hizo muy feliz: en un lugar donde las personas sienten la libertad de poder decir, sin tener necesariamente la voluntad de ofender, que algo le gusta o no, o que te diga claramente qué es lo que realmente piensa de algo, es un lujo que me tengo que recordar, todos los días, que no es normal, porque es muy fácil acostumbrarse a eso.
Por eso, cuando tienes un día de estos donde hay tiempo para hacer otras cosas más allá de las normales, nada como hablar con los compis que están desperdigados por otras latitudes para ver en qué andan y, sobre todo, preguntarles por asuntos en los que ellos tienen más conocimiento que yo.
Aquí debo decir que todo ha salido fantásticamente bien y que, para mi sorpresa, mi llamada inicial llevó a otra llamada con otra persona donde el intercambio verbal acaba con un intercambio de correos electrónicos con archivos repletos de información que, quizás, me ayude con lo que estoy trabajando, porque en esas estoy últimamente, rebuscando información, fechas, cantidades (precios no, curiosamente) y con ellas intento determinar algo que no te puedo explicar, pero que es bastante chulo.
Cuando era niño, me fascinaba la robótica
De lo que no te puedo hablar está indirectamente relacionado con el amor que la tecnología me impregnó desde mi niñez: el crear cosas que toma decisiones o que se comportan de forma más o menos de una forma que sea comprensible dentro del paradigma humano.
En eso paso mis días últimamente: jugueteando con cosas de ese palo, trasteando con el sentido de lógica dentro de los cacharritos para ver cómo hacer dichas instrucciones más sencillas que, a su vez, no pierdan ni un ápice de funcionalidad.
Siempre escuché eso del "si haces lo que te gusta, no trabajarás un sólo día en tu vida" y, aunque lo considero una frase de auto-ayuda que, por definición, viene de un paradigma donde uno vive para trabajar, lo cierto es que tiene un punto de verdad porque, cuando me pongo con ese asunto, noto como mi cerebro se pone en over-drive y ahí es donde el código verde la Matrix empieza a caer delante de mis ojos.
Pero...
Aprendiendo de los errores del pasado, en estos días no puedo ir al siguiente nivel, donde uno, como en la película de las hermanas Wachowski, el protagonista es capaz de parar las balas en el aire: hoy en día tengo que prestar mucha atención a que la cosa no se vaya de madre, porque cuando uno trabaja con unos ciertos grados de complejidad, la cantidad de "ramas" dentro del árbol de decisión que vas creando se hace cada vez más grande y más profundo.
Y uno, desafortunadamente, no es Garry Kasparov, "The GOAT", "la cabra", el que personalmente considero como el jugador de ajedrez más carismático de la historia y, en mi opinión, lo más grande que ha parido el ajedrez en el siglo XX (el siglo XXI es de Magnus Carlsen, está claro).
Así que así estamos, llevándolo, que no es poco...
Quedan once minutos para la medianoche y llego justito a tiempo para cumplir mi parte del trato: "mil y pico palabras", fue lo que acordamos.
Mañana más: gracias por pasarte por aquí.
Un saludo.
Paquito
Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es
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