Con la gasolina justa

Buenas:

Otra noche más, a las nueve y treinta y dos, que es cuando empezamos a teclear frenéticamente delante del ordenata, deseando conseguir que lo que sea que quede cuando le dé al botón de "Publicar" sea medianamente coherente y que, por lo menos, no le dé al lector por pensar que al buen redactor no le ha dado un telele o algún tipo de afección que le produzca escribir incoherencias propias de una afasia verbal, porque a estas horas, que en la Europa que nos prometieron en el tratado de Lisboa, ya no se hace ruido y, en días de diario, las personas se están viendo su película o serie en la tele, o plataforma digital de turno, mientras aspiran a quedarse roques y empezar mañana otra vez a las cinco, que esto es algo de hacérselo mirar...

Porque hoy hablaremos de eso, entre otras cosas.

Turrón a la hora del tigre

La tradición china dice que el día se divide en doce horas y que "la hora del tigre" es aquella que transcurre entre las dos y las cuatro de la mañana, aunque hay discrepancias, puesto que hay gente que afirma que, en realidad, es el segmento que transcurre entre las tres y las cinco de mañana, horas absurdas a las que yo me levantaba en tiempos mozos para menesteres que ya no importan, pero que te dicen, por definición, que algo no debía de ir muy allá cuando, en lugar de estar durmiendo, como una persona de bien, yo estaba en danza a, como decía un profesor mío, "esas incedentes horas de la madrugada".

El caso es que hoy nos hemos despertado con un generador de energía diesel puesto por montera enfrente de casa desde casi las siete de la mañana, lo cual me recordó a un episodio similar en mi querida Alemania, donde unos obreros se pusieron a picar la calle, con teutónica precisión, a las siete cero cero de la mañana, con el martillo neumático, en un despertar poético donde uno no sabe si escuchar a Vivaldi, las variaciones Goldberg, a Los Chunguitos o, mejor, ponerse a nombrar a la madre de los espabilados y muy despiertos trabajadores del susodicho país.

Que digo yo que al menos hasta las ocho...

A ver, que tampoco estoy pidiendo que empiecen a trabajar al mediodía, pero cojones, que empezar a las siete de la mañana es un exceso y no es plan: a las ocho también se puede empezar, es tempranito, las personas de bien ya están funcionando y han tenido tiempo de tomarse al menos un café, se han duchado e incluso, si el café ha hecho su misión correctamente, han tenido tiempo de ir al baño a aliviarse.

A las siete de la mañana supone que, por lo menos, llevas despierto hora y media: las cinco y media como poco, lo cual es una derrota absoluta y, por cierto, como garante de esta batalla cultural que es el derecho irrenunciable a zanganear un ratito en la cama ("De la cama hay que levantarse despierto" es una afirmación tan profunda que, la primera vez que la escuché, me dejó sin habla durante un minuto, paladeando el aforismo que me habían soltado a lo tonto), que sepas que yo he puesto mi granito para, en la medida de lo que se pueda, estos pobres ciudadanos de latitudes absurdas entren por el aro y aprendan...

- Pero... Vamos a ver... ¿Por qué te levantas a las cinco de la mañana?
- No sé... Ya me he acostumbrado.
- Pero... Te puedes desacostumbrar, lo sabes, ¿No?
- Y si me despierto más tarde, ¿Entonces qué?
- ¡Entonces nada! ¡Has disfrutado un poquitito más de sueño o, mejor has zanganeado en la cama antes de levantarte!

Esto que acabas de leer es una conversación real: yo lo intenté, conste, que nadie discuta la bondad de mis intenciones, por cuanto mis motivos son puros y buscan el bien común, pero chico: esto del calvinismo me los ha malogrado y, a pesar de que ya van comiendo mejor, de que van usando el aceite de oliva cada vez un poquito más, a la mínima que te descuidas vuelven al bocadillo de queso y al karnemelk y perdemos todo avance conseguido con paciencia y con amor.

Pero... El título era "Con la gasolina justa"... ¿Por qué?

Entre que lo despiertan a uno a golpe de ruido de generador de electricidad diesel de tamaño industrial, que ya son las diez de la noche (llevo ya media horita dándole a la tecla) y que, antes de empezar a escribir esto, le estaba respondiendo comentarios al pobre Jorge, que se pasa por aquí a darme apoyo moral, me doy cuenta de que todo lo que voy escribiendo antes de empezar a hacer esto va a contar luego en el haber de las "mil y pico palabras" y meto quedarme tirado, en medio de algún párrafo, con cara de pocos amigos y mirada aturdida, porque no sé qué más escribir, maldición malísima que temo todas las noches cuando me pongo a desafiar todos y cada uno de los instintos de mi cuerpo que buscan la conservación de la energía y el reposo, en un ejercicio de vanidad sin parangón y queriendo desafiar las más básicas leyes elementales que gobiernan la materia del universo.

Todo es entropía...

Esto lo dice uno en medio de una reunión y alucinan: prueba a soltarlo la próxima vez que se pongan a discutir delante de ti algún problema complejo con muchas partes involucradas.

Pero he aquí la clave para sobrevivir el escrutinio: justo cuando alguien vaya a saltar, añade lo siguiente:

- Afortunadamente, si algo aprendimos del célebre matemático Ian Malcolm en la película "Parque Jurásico", es que la vida se abre camino, así que por más problemas y objeciones hayan, no preocuparse, porque la vida encontrará la forma de que lo que deba suceder suceda.

Y dicho lo cual, sonríes...

Te sorprendería en los lugares y delante de quién he llegado a soltar eso: hay veces que uno tiene esa vena histriónica que le pide tirarse un triple donde quizás no debería, pero funciona.

Porque cuando uno va escaso de gasolina, hay que probar cosas: ¿Qué tenemos que perder? :-))

Estoy cansado: desde las siete en danza, en un lunes, y sin motivo además... ¡Qué desperdicio!.

Mil y pico palabras, ya te lo dije: mañana más, quizás menos cansado.

Un saludo: gracias por llegar hasta aquí.


Paquito

Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

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