El bloqueo - Parte 4

Si quieres leer la tercera parte, haz clic aquí.

Ser popular en tu trabajo puede ser algo bueno o malo, dependiendo de las circunstancias.

En mi trabajo, desde hace mucho tiempo, cuando voy a reuniones, no hace ni falta que me presente (de hecho, jamás digo mis apellidos ni apenas que hago: "Soy Paquito y hago x", y paso el trámite sin mayores explicaciones): eso tiene partes divertidas y beneficiosas, como que, allá por donde voy, el personal me conoce.

Uno de mis problemas es que, a pesar de que todo Cristo sabe quién soy, yo olvido fácilmente el nombre de las personas: en los equipos que me rodean y que trabajan conmigo, cada equis meses, hago una ronda de nombres y, sistemáticamente, hay gente a la que, simplemente, no sé nombrar (lo bueno es que el personal ya lo sabe y, además, tiene claro que no tiene ningún fondo maligno: simplemente tengo una memoria catastrófica para recordar como te dieron a llamar tus progenitores).

Afortunadamente, tengo un truco: soy "el de los motes"... Y eso, por lo menos, me ayuda a salvar los muebles.

En el capítulo anterior comentaba que, las peculiaridades de las condiciones de trabajo que tengo, hasta el momento en el que decido postular al puesto del que he ido hablando, han sido, por así decirlo, "invisibles".

Una de esas condiciones, en este caso, va a destacar sobre las demás: ya no hablo de llegar cuando me da la gana o irme cuando me apetece, o de trabajar desde donde quiero y cuando quiero (cosas que me he ido ganando a lo largo de los años haciendo aquello por lo que me pagan), sino que mi peculiaridad, esta vez, va a ser la localización de mi puesto de trabajo.

Porque, y esto no es negociable, yo no me muevo a otro país, a pesar de que la cadena jerárquica de ese puesto está allí.

Hay una serie de ventajas técnicas en mi petición, pero también hay una serie de factores personales que considero y sopeso: esto, bien explicado, cuando uno hace las cosas bien, puede ser un punto de debate que te rompe la baraja y se acaba el juego o, simplemente, un trámite.

Y en mi caso, es sólo un trámite: soy alguien muy afortunado, sin duda, pero a la fortuna hay que tentarla y, repito, son muchos años demostrando que ya estoy mayorcito para según qué cosas.

Los meses siguen pasando desde aquella llamada: alguna que otra vez se me pone un poco al día de cómo va la cosa y, teniendo en cuenta la que está cayendo, reconozco que el esfuerzo puesto es enorme... "El modo Zen" da sus frutos: no tengo ningún tipo de prisa pero, si necesitan algo, sólo tienen que pedirlo.

En Octubre, finalmente, se mueve ficha: sé que ha costado Dios y ayuda, sé que han hecho lo imposible y que la cosa ha subido muy muy muy alto, no ya por descongelar la posición en medio de la tormenta, sino porque, además, el sujeto de esta historia es alguien que, además, estará basado en otro país.

Finalmente, a mediados de noviembre, firmo el contrato: todo ha salido bien y, acto seguido, se anuncia oficialmente.

Han sido cinco meses de silencio en la radio en mi zona: las reacciones van por barrios (desde un "Enhorabuena", un "Sólo tu podías hacerlo" hasta el silencio que, bien leído, sé lo que esconde).

Y son esos silencios los que se romperán unos días más tarde: como aquí cada cual va a la suya (lo cual es lógico), la pregunta más común es dónde voy a estar basado para, una vez confirmar que sigo por los Países Bajos una temporadita más, utilizar este ejemplo como posibilidad para otros para salvarse de la quema.

De pronto, "La doctrina Paquito" empieza a usarse como ejemplo de lo que otros quieren: no les puedo juzgar, porque cuando juegan con el pan de uno, todo utensilio es un arma, pero esa fama sobrevenida no es, desafortunadamente, leída de forma adecuada, porque aquí, reviniendo sobre los párrafos anteriores, es lo que años y años de trabajo arduo llegan a conseguir, de ahí que, en el fondo, me moleste que otras personas, que "por sus actos los conoceréis", utilicen mi nombre y mi caso para intentar que se haga con ellos lo mismo, siendo circunstancias laborales y profesionales completamente diferentes.

Y a uno le duele que según qué personas de pronto utilicen mi nombre para su propio beneficio.

En estos meses, y eso da título a la serie, empieza el bloqueo mental: mis ciclos de sueño vuelven a cambiar, levantándome a las 3 de la mañana todos los días, lo cual hace que, vaya a la oficina súper temprano, me vuelva a casa temprano también y que, sobre las ocho de la tarde, sea más un zombie que un ser humano.

La vida sedentaria que he llevado durante el año me hace ganar peso, lo cual contribuye también a ese agotamiento físico y mental, pero hay otra historia: no me despierto a las tres de la mañana porque sí, sino que me despierto siempre con el estómago hinchado y con un calor curioso sobre mi cuerpo.

En Octubre, empiezo a ganar un kilo por semana sin motivo aparente: es la hora de hacer una visita al médico.

Y aquí, es donde descubriré a un extraño compañero de viaje que, durante meses, ha estado conviviendo conmigo...

Actualización: Puedes leer la quinta parte haciendo clic aquí.


Paquito
Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es
Twitter: @paquito4ever

Comentarios

  1. Respuestas
    1. Buenas:

      Gracias por pasarte por aquí: todo un honor.

      Espérate un par de días y así vas pillando onda (no hay spoilers :-)).

      Un abrazote y gracias por pasarte por aquí.

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  2. Respuestas
    1. Buenas:

      Gracias por pasarte por aquí: todo un placer.

      Te lo digo lo mismo a Alfonso: espérate un par de días y así vas pillando onda (no hay spoilers :-)).

      Un abrazote y gracias por pasarte por aquí.

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  3. Bueno, hoy Día de la Marmota la previsión ha sido una primavera temprana, lega el buen tiempo
    Espero que para todos.

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    Respuestas
    1. Buenas :-)

      Gracias por la visita y el comentario: como siempre, un placer.

      No hay Día de la Marmota sin ti, eso está claro: a ver si te vemos más a menudo por aquí (que una vez al año se hace corto).

      Gracias de nuevo por pasarte por aquí y un cordial saludo.

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